Desastre ecológico

Los pastores piden paso en la prevención de incendios

  • Los propietarios asumen el mal estado de conservación pero insisten en que las ayudas para mantener a raya la conservación del ecosistema son raquíticas

Judith Nadal pastura su su rebaño de cabras en Gaüses (Alt Empordà) de camino al establo.

Judith Nadal pastura su su rebaño de cabras en Gaüses (Alt Empordà) de camino al establo. / DAVID APARICO

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Elisenda Colell
Elisenda Colell

Redactora

Especialista en pobreza, migraciones, dependencia, infancia vulnerable, feminismos y LGTBI

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De nada sirve llorar un bosque quemado. Mejor comer quesos que eviten incendios. Esta es la máxima que siguen muchos pastores que quieren aprovechar sus ganados para salvar los bosques abandonados en Catalunya. Algunos lo han logrado con el apoyo de fondos europeos y aportaciones públicas. Y sus casos, desgraciadamente aislados, demuestran que otro bosque es posible. El reto está en extrapolar estas buenas intenciones a toda la superficie forestal. Porque los propietarios asumen que los pocos que mantienen a raya el crecimiento silvestre se están arruinando.

Hace casi diez años que Judit Nadal decidió que quería ser pastora y se compró un ganado con 30 cabras y ovejas autóctonas en Gaüses (Alt Empordà), un municipio dentro de Vilopriu, donde este año se han calcinado 25 hectáreas. Una rápida búsqueda en la hemeroteca demuestra que año sí, año también, los bosques de esta localidad siempre sufren el castigo del fuego. A Nadal le movían las ganas de recuperar una tradición ancestral al borde de la extinción y salvar los bosques de su tierra. "Queríamos poder ofrecer un servicio de limpieza forestal: cada año se queman los bosques que están abandonados y vimos que nosotros podíamos ayudar en nuestra zona", cuenta. "Ellos nos ofrecen alimentación para el ganado, y nosotros ayudamos a que no se acumulen hierbajos en el bajo bosque", explica.

Judith Nadal conduce el rebaño al corral, Gaüses (Alt Empordà) 

/ © David Aparicio

No salen las cuentas

Lo que se encontró, al plantear la propuesta, fue demoledor. "Los ayuntamientos y los propietarios nos dijeron que si queríamos entrar en sus bosques teníamos que pagarles dinero", lamenta. "Vimos que si el ganado solo comía hierbajo nos rendía menos, y las cuentas no nos salían", explica. Por eso abandonó la idea. "Me preocupa porque algunos propietarios solo limpian los bosques si ganan dinero: hacerlo con el ganado es mucho más económico", asume. "Al final cuando hay un incendio lo pagamos entre todos con costes brutales. Tendría que haber una ley que obligase a los propietarios a limpiar sus bosques", critica.

Judith desistió. Y acabó comprando un rebaño de cabras andaluzas lecheras para, al menos, poder hacer quesos, leche, vender carne y subsistir. "Las ayudas que podrían darnos no siempre son en forma de dinero: la Generalitat podría comprar nuestros productos para la comida de los hospitales, de los comedores escolares, las cárceles...", agrega. Su ejemplo es muy gráfico de hasta qué punto los bosques hoy abandonados podrían dejar de estarlo. Bastaría con que hubiera ganas de hacerlo. También lo ilustran varios proyectos piloto que, hace ya varios años, llevan aplicándose en algunas zonas estratégicas de Catalunya. Por ejemplo, en los alrededores del parque natural de Montserrat.

Recuperar pastos en Montserrat

Merlès Martínez, una joven de Begues (Baix Llobregat) hija de padres oficinistas, es hoy una pastora orgullosa en Vacarisses (Vallès Occidental). "Siempre me gustó el contacto con la naturaleza, el campo y los animales", explica. Estudió ingeniería agrícola y se dio cuenta que quería pastar animales. "Al salir de la escuela de pastores necesitas mucho dinero para poder iniciar un ganado, pero yo tuve mucha suerte", cuenta. Se ofreció en el proyecto Life Montserrat, que apuesta por trabajar los bosques del parque natural con fondos europeos. Los bomberos y varios ingenieros agrícolas de la Generalitat habían detectado zonas estratégicas de mala conservación forestal donde era necesario evitar la propagación del fuego en caso de incendios. Martínez pasta en bosques públicos y tiene acceso a varias ayudas. "Me cedieron los terrenos a 25 años y me subvencionaron el ganado y el establo", explica.

A cambio, se encarga de una finca de 120 hectáreas que, de producirse un incendio, evitaría que el fuego llegara hasta Terrassa y se expandiera por todo el Vallès. "Esta finca estaba totalmente abandonada y los caminos impracticables. Hemos recuperado cinco hectáreas de cultivo para sembrar pasto para los animales, hemos abierto muchos caminos a medida que las cabras van aclarando el bosque y los márgenes", describe. Además se gana la vida vendiendo quesos y carne. "Es importante que la gente sepa que comprando nuestros quesos no solo no encerramos los animales en granjas sino que estamos salvando los bosques", asegura. "El problema es que muchos pastores no pueden ganarse la vida con esto. ¡Competimos contra las grandes macroindustrias a las que nada les importa el medio natural y venden muchísimo más barato!", explica.

Quesos y yogures contra la ceniza

"Lo importante es que los consumidores sepan que hay personas y actividades que previenen incendios, y que les apoyen comprando sus productos", insiste también Jordi Vendrell, presidente de la fundación Pau Costa. Costa fue uno de los bomberos que murió en el incendio de Horta de Sant Joan, y tras su muerte nació esta asociación que trabaja para la prevención de incendios ayudando a los pastores. De ahí nace el proyecto Ramats de Foc, en las comarcas de Girona. "Lo que hay que hacer es volver a trabajar los bosques: con pastos, de cultivo, a cortar árboles para hacer biomasa... Estas actividades mantienen el ecosistema y actúan como cortafuegos para que los bomberos pueden vencer a las llamas", señala Vendrell.

Los bosques: de hucha familiar a quebradero de cabeza

"¡Qué más nos gustaría a nosotros que poder limpiar el bosque!", reflexiona Just Serra, propietario forestal y presidente de la Federación Catalana de Asociaciones de Propietarios Forestales, una de las tres asociaciones de propietarios que hay en Catalunya. "Antes el bosque era como una hucha: cada 20 o 25 años se hacía una limpieza para vender leña y se podía pagar la boda de los hijos", cuenta Serra. "Hoy el bosque es antieconómico: las ayudas son miserables y los que estamos pagando trabajos forestales perdemos dinero", asegura.

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Serra, propietario en la comarca de Osona i el Moianès, calcula que apenas el 5% de los propietarios tienen un plan de limpieza forestal. "Tenemos muchos propietarios absentistas, que heredan el bosque y que no pueden pagar estos planes o que tan siquiera saben lo que hay que hacer, además de que hay gente que nos denuncia cuando hacemos este trabajo porque piensan que cortar árboles es un delito", explica. ¿Y porqué se arruinan? Pues porque la madera que se corta en Catalunya no es rentable. "Es vergonzante que el precio de la madera se haya estancado y que tengamos que exportar arboles de Austria o del norte de Europa para hacer muebles o estructuras de viviendas", relata. Algo que, de paso, impulsa a leñadores y serradores al cierre.

"Nos asociamos para ayudar a los propietarios a que limpien sus bosques", explica. Aunque sabe de entidades que solo financian aquellas limpiezas rentables. Y el 99%, dice, no lo son. "Claro que es necesario reintroducir los pastos, volver a tener ganados en los bosques", cuenta Serra, de familia ganadera. Defiende que sean complementarias a la tala ordenada de árboles y a coste cero. "Probablemente, los pastores jóvenes sean los únicos que nos salven del abandono y hay que aprovecharlo antes de que nos carguemos también este oficio".