Ampliación de derechos

Estas son las familias que se beneficiarán de la nueva ley de diversidad

  • El Gobierno prepara una norma que amparará a todos los hogares con hijos y aumentará sus recursos

  • Parejas LGTBI, con hijos discapacitados, con partos múltiples o madres solas gozarán de más protección 

Teresa con su hijo Adrià, de 27 años, que tiene una discapacidad del 79%, en su casa. En la imagen, Teresa ayuda al joven a vestirse porque él solo no puede y necesita ayuda.

Teresa con su hijo Adrià, de 27 años, que tiene una discapacidad del 79%, en su casa. En la imagen, Teresa ayuda al joven a vestirse porque él solo no puede y necesita ayuda. / ELISENDA PONS

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Patricia Martín
Patricia Martín

Periodista

Especialista en sanidad, igualdad, violencia machista, infancia, consumo

Escribe desde Madrid

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El Ministerio de Derechos Sociales prevé aprobar antes de final de año un anteproyecto de ley de diversidad familiar, cuyo objetivo, según explicó recientemente la ministra Ione Belarra, es “saldar una deuda” con las familias porque está demostrado que “tener un hijo aumenta el riesgo de pobreza”. En principio, la nueva norma contemplará una prestación por crianza, de carácter universal; la ampliación a seis meses de los permisos de paternidad y maternidad, así como el reconocimiento de todos los modelos frente a los "discursos de odio" y quienes quieren "imponer un modelo único de familia tradicional".

Estas son algunas de las familias que se verán beneficiadas de esa protección, que narran para EL PERIÓDICO sus necesidades y dificultades en el día a día:

Vivian Muñoz López y su hija Alma, de diez años. 

/ EL PERIÓDICO

Familia monoparental

Vivian Muñoz: “Entre pagar la habitación y la cuidadora, no me sobraba ni un céntimo”

Vivian Muñoz tiene 37 años y una vida muy complicada, debido a que se separó de su pareja cuando su hija, Alma, que ahora tiene 10 años, tenía apenas 12 meses y desde entonces no han vuelto a saber de él y, evidentemente, no recibe de su expareja ni un euro para gastos de manutención ni tiene ayuda en el cuidado de la niña.

“Cuando Alma era pequeña, –relata-, lo pasé fatal, es lo mejor que me ha pasado en la vida, pero salimos adelante a base de pedir favores”. Y es que Vivian tiene un trabajo de 4 horas y media como empleada del hogar por las mañanas y de otras 2,5 horas como trabajadora de la asociación FAMS de familias monomarentales por las tardes. Sus recursos son escasos y además tiene que alargar la jornada hasta las 19:30 horas. Sin la ayuda de la asociación que recoge a Alma del colegio y la cuida hasta esa hora, sería imposible.

Cuando la niña era pequeña, recurrió a una cuidadora, pero entre pagar los 400 euros que la cuesta la habitación del piso compartido en el que ambas viven y costear el recurso necesario para conciliar la vida laboral y familiar no la sobraba “ni un céntimo”. Y no podía dejar de trabajar porque Vivian procede de Paraguay y en aquellos años caducaba su permiso de residencia, no podía prescindir del empleo que ha facilitado que ahora tenga nacionalidad española.

Ahora Vivian y Alma viven algo más holgadas pero aún así no pueden permitirse ir de vacaciones, ni ningún capricho. “La media paga me la guardo para imprevistos o medicinas, no puedo gastar en nada más”, cuenta.

Para ayudar a las familias monoparentales, la nueva ley permitirá que el progenitor disfrute del permiso de maternidad y del de paternidad y reconocerá a estos hogares con dos hijos como familias numerosas. Asimismo, se prevén ayudas para familias vulnerables y con grandes necesidades, como sería la de Vivian, aunque no sean monoparentales.

Teresa con su hijo Adrià, de 27 años, que tiene una discapacidad del 79%. En la imagen, Adrià con su padre, que intenta ponerle unas gotas en los ojos.

/ ELISENDA PONS

Familia con un hijo con discapacidad

Teresa Aguilà: “Gastamos 500 euros al mes en estimular a mi hijo”

Teresa Aguilà y Josep Maria Lluís Roig viven en Barcelona y han adaptado su vida y sus recursos en favor de Adrià, su único hijo, que tiene 27 años y una discapacidad del 79%. Al poco de nacer el pronóstico fue que no andaría, no hablaría y los médicos les recomendaron “que no gastaran dinero en estimularlo porque sería tirarlo”, según rememora Teresa.

Pero ella, docente de profesión, no tiró la toalla y aún hoy Adrià asiste cada tarde a terapias diversas, que lograron que ande y se exprese con palabras sueltas. Si bien, su madurez es la de un niño de 6 años, debido a que sufre un retraso neurológico causado por una mutación genética espontánea, según el diagnóstico que obtuvieron este mismo invierno. De hecho, no saber si su enfermedad era hereditaria y el tiempo, dinero y atención que requería Adrià provocó que la pareja desistiera de tener más hijos, porque las ayudas que ofrece la administración son escasas y algunas casi desaparecen cuando se acaba la etapa de escolarización.

Durante años la pareja sobrellevó el cuidado de Adrià “a base de pagar canguros y permanencias en el colegio”. Pero la situación era tan complicada que Josep Maria optó a una oposición de celador, con 50 años, para poder garantizar tener una plaza nocturna y así tener más horas del día libre. Y Teresa se ha prejubilado, lo que ahora le permite tener ahora más disponibilidad.

Pero como ella misma subraya, su familia “ha tenido unas posibilidades laborales y económicas que quizá no todo el mundo tenga” y que le permiten insistir en la estimulación de Adrià. Cada semana va al psicólogo, a terapia con un logopeda, a clases de psicomotricidad en el agua y otras sesiones que les suponen unos 500 euros al mes. “Pero no todas las familias tienen los mismos recursos”, señala Teresa, quien aplaude que la ley de diversidad familiar vaya a proteger a las familias como la suya pero avisa que si no se acompaña de recursos, puede quedarse “en agua de borrajas”.

Juan Andrés Teno y su familia, conformada por su marido, Tomás, y su hijo, Tristán, de 10 años.

/ EL PERIÓDICO

Familias LGTBI

Juan Andrés Teno: “El sistema escolar estigmatiza a los hijos de familias diversas”

Juan Andrés Teno y su marido Tomás iniciaron los trámites de adopción de Tristán justo tras aprobarse la ley de matrimonio gay. En un principio habían renunciado a tener hijos porque a las parejas de hombres solo se les permitía si adoptaba uno de los dos, pero cuando se abrió la posibilidad, se lanzaron de cabeza, por aquello del “instinto de supervivencia y de continuar a través de otra generación”, reflexiona Juan Andrés.

Si bien, una parte de la sociedad, años después de que se aprobara la ley, aún no asume que parejas del mismo sexo tengan hijos. Algo que Juan Andrés y Tomás lo perciben en su día a día. “Una señora, en un centro de salud, nos llegó a decir que por qué Tristán no nos llamaba 'mamá' a uno de los dos”, explica Juan Andrés, que tiene compañeros de trabajo que, debido a su vida personal, llevan “años sin hablarle” o algunos nunca le preguntan por su hijo.

Además, debido al aumento de los ataques y de la LGTBfobia, en determinados lugares y sobre todo si van acompañados de Tristán, Juan Andrés y Tomás se “retraen” a la hora de expresar su afectividad, dado que el niño “no comprende” que pueda existir ese odio hacia las parejas no heterosexuales.  

No ayuda un sistema escolar que “invisibiliza” a las familias diversas, dado que en los libros de texto sólo aparecen aquellas con un padre y una madre, lo que, a juicio de Juan Andrés, “estigmatiza” al resto. Frente ello, Juan Andrés, que comenzó con una charla en la escuela de Tristán, se ha convertido en un activista especializado en desarrollar acciones formativas de diversidad familiar. Da conferencias en colegios, ha creado recursos educativos y ha contribuido a la formación de 3.500 profesores porque este tipo de enseñanzas no están incluidas en el temario de las oposiciones a docente.

Desde esta experiencia, demanda que la nueva ley de diversidad familiar incluya medidas para que ningún menor pueda ser objeto de discriminación por sus orígenes, así como que las parejas de lesbianas no tengan que casarse para tener hijos y sean incluidas en el sistema sanitario de reproducción asistida.  

Lucila Menéndez y Guillermo, que son padres de dos gemelos de 15 años y un niño de 10 años.

/ EL PERIÓDICO

Familias múltiples.

Lucila Menéndez. “Todas las madres, aunque nos creamos superwoman, necesitamos ayuda”

Lucila Menéndez y Guillermo tienen tres hijos varones y los dos primeros fueron gemelos, lo que supone una gran complicación en el cuidado y duplicar el gasto en accesorios para los bebés. Lucila tuvo suerte y el carro gemelar entraba en su ascensor y en su coche, pero “muchas familias tienen que cambiar de casa o vehículo”, explica.

Las primeras semanas fueron difíciles porque optó por la lactancia mixta en todas las tomas y “era sesión continua, día y noche”. Hasta que recurrió a una subvención pública, consistente en que una persona le daba apoyo dos horas al día, y ahí interiorizó que todas “madres, aunque se crean superwoman, necesitan ayuda”. Y eso que sus hijos nacieron con buen peso, pero el 48% de los gemelos son prematuros y el 94% de los trillizos, lo que, además del tiempo en la incubadora, dispara el riesgo de muerte fetal tardía o de discapacidad. Lógicamente, una gran preocupación y un estrés añadido para todos estos hogares.

Cuando Lucila tuvo que cambiar de piso fue a la hora de optar a un colegio para sus hijos. Vivía en el centro de Madrid, donde existen muchos problemas de plazas, pero no le daban puntos extras por tener gemelos y, ante el temor de tener que matricular a cada uno en un colegio o a que le dieran un centro que no era de su elección, prefirió irse a las afueras y matriculares en un centro nuevo.

Ahora, con 15 años, el siguiente gran reto es pagar la universidad. En su caso, como son tres hermanos, disponen del título de familia numerosa, con lo que pagarán solo una matrícula por los gemelos, pero de nuevo no es la situación de todas las familias.

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Por ello, Lucila reclama que la nueva ley otorgue el título de numerosas a las familias con gemelos y que el permiso de paternidad y maternidad se conceda por cada uno de los hijos, si estos llegan a la vez. Además, la regulación actual ha quitado a estas familias una semana de permiso a cada progenitor, que pide recuperar.