'Revetlla' de Sant Joan

Los 'padres' de la verbena: De los petardos a las bombas

Dos empleadas de Francesc Igual, décadas atrás, introducen la pólvora en los petardos con sus propias manos.

Dos empleadas de Francesc Igual, décadas atrás, introducen la pólvora en los petardos con sus propias manos. / PIROTECNIA IGUAL

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    Carlos Márquez Daniel
    Carlos Márquez Daniel

    Periodista

    Especialista en Movilidad, infraestructuras, política municipal, educación, medio ambiente, área metropolitana

    Escribe desde Barcelona

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    Eran años en los que no tenía demasiado sentido fabricar petardos. Habría resultado extraño lanzar una simpática batería de cohetes durante la Guerra Civil, a no ser que fuera para advertir a las tropas del avance del enemigo. Por eso las empresas Igual Estalella, que ya eran veteranas del ramo, tuvieron que adaptar su cometido habitual. Lo cierto es que tampoco tuvieron elección, pues se presentaron en sus fábricas las milicias republicanas. Con un solo encargo: «A partir de ahora, fabricarán ustedes explosivos». La historia explicada a través de la pólvora. 

    En la tienda de la antigua autovía de Castelldefels recibe Manuel Estalella, tercera generación al frente de esta firma de fuegos artificiales que ahora básicamente se dedica a la importación y la venta. Aunque mantienen una factoría en Rodonyà (Tarragona), donde fabrican material para las colles de diables. En los años 30, la fábrica la tenían en L’Hospitalet de Llobregat. «Se tuvo que construir una profunda cueva para poder ir guardando las bombas», explica Estalella, que emplea a 22 personas todo el año y llega a las 125 en estos días de verbena.  

    Deuda pendiente

    «Nos tocó lo que nos tocó», resume Francisco Igual, en referencia a la entrada de 'los rojos' en la fábrica. De aquella época guarda algunos pagarés de la Generalitat republicana, de cuando el president del Govern era Lluís Companys y en la Conselleria de Defensa mandaba Francesc Isgleas, miembro de la combativa CNT. Jamás los llegaron a cobrar.  La empresa fue fundada en 1880 y a diferencia de Estalella, que inició su andadura en 1916, no se dedican a la venta directa. «Nos centramos en fabricar y exportar a grandes acontecimientos, y seguimos trabajando de un modo bastante artesanal».

    Pagará de 1937 por las bombas fabricadas para la Generalitat republicana.

    Es previsible que se les pregunte por los accidentes. No es tan de esperar su respuesta. Estalella deja helado con su relato. «Mi abuelo y mi tío murieron en una explosión en la fábrica. Se atascó el bombo que crea la pólvora y se produjo una tremenda deflagración. Mi abuelo murió a la media hora. Mi tío aguantó cinco días. También mi madre resultó herida grave en un incendio en una de las tiendas. Fue culpa de unas bengalas que habían fermentado. Se salvó de milagro». Pero eso no es todo. «Cuando terminó la guerra, los nacionales vinieron a ver que teníamos. Quisieron vaciar la fábrica y se produjo una explosión que mató a varias personas». El propietario de la pirotecnia sostiene que la seguridad es ahora absoluta, que los materiales son mucho mejores y que el trabajo ya se ha mecanizado mucho. También el gerente de Igual, que da trabajo a 70 personas y es responsable de espectáculos como los de la Mercè, el Festival de Cannes o los Juegos Olímpicos de Barcelona y Londres, documenta varios  fallecimientos a  bordo, aunque, al parecer, ninguna de su propio linaje. «El que juega con fuego, termina quemándose», reza.   

    Hombres, básicamente 

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    En la enorme tienda de Estalella, en los anchos terrenos sitos a ambos lados de la autovía de Castelldefels, se agolpan clientes (hombres, en un 90%) dispuestos a gastarse un mínimo de 50 euros en fuegos artificiales. La mayoría, cuenta Manuel, informan de su presupuesto y se dejan orientar. Lo más barato, una traca de 20 petarditos por 0,30 euros. Lo más caro, una batería, de nombre Maya, que va de menos a más al prender y que sale por casi 140 euros. Tiene cerca de 400 productos distintos, la inmensa mayoría comprados en la provincia china de Jiangxi, la cual visitan cada año y donde cerca de seis millones de personas trabajan en el sector de la pirotecnia. 

    Sobre los accidentes que se producen cada año, esos niños o adultos que pierden dedos, Manuel lamenta repetidamente «el mal uso que se hace de los petardos». Esos desafíos por ver quién aguanta más con el trueno en la mano, por ejemplo. «Cada producto trae sus instrucciones. Es como el coche, si haces un mal uso, te pones en peligro». Sea por evitar el riesgo, o porque estos son los días más duros del año, la familia Estalella lleva ya años sin tirar petardos. 

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