Entrevista

Miquel Martí: “Barcelona puede ser uno de los grandes centros tecnológicos del mundo”

  • El director general de Barcelona Tech City detalla el crecimiento del ecosistema empresarial y emprendedor de la capital catalana

Miquel Martí, director general de Barcelona Tech City, en Formentera20

Miquel Martí, director general de Barcelona Tech City, en Formentera20 / Formentera20

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Carles Planas Bou
Carles Planas Bou

Periodista

Especialista en Redes, algoritmos y la intersección entre política y tecnología

Escribe desde Barcelona

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Barcelona se ha convertido en los últimos años en un polo de atracción empresarial y tecnológico. Parte de ello se debe a la tarea de Barcelona Tech City, la asociación que busca impulsar el ecosistema local para convertir la capital catalana en uno de los principales hubs del mundo, un centro neurálgico del talento en un sector cada vez más presente.

Para conocer mejor los retos que afronta la ciudad hablamos con Miquel Martí, director general de Barcelona Tech City, que atiende a EL PERIÓDICO en el marco del Formentera20, el evento que reúne cada año a expertos del sector digital para reflexionar sobre ese mundo.

El año pasado Catalunya captó 480 millones en inversión extranjera, un 31% más que el año anterior, y siendo las TIC el principal sector. ¿Ha sido la pandemia una oportunidad para crecer?

La pandemia hizo que hubiera muchas inversiones pero pequeñas y, la mayoría, locales. BTC ha crecido mucho en los últimos años, pero ahora queremos que la aportación de proyectos sea más específica. Tenemos claro en qué dirección debe ir el ecosistema tecnológico y lo impulsaremos desde el sector privado porque hay visión más a largo plazo que con los ciclos políticos.

Barcelona tiene que cambiar de modelo. Ya está entre los 25 principales hubs tecnológicos del mundo pero puede ser mucho mejor porque tiene todas las condiciones: buena ciencia, una gran ciudad, un tamaño adecuado. Hay que poner orden.

Hasta mayo el ecosistema digital captó más de 1.000 millones. ¿Será el 2021 un año de récord?

Sí, sigue habiendo mucho líquido en el mercado y esto es una oportunidad para las compañías. En parte se debe a la madurez del ecosistema, pero también es porque los proyectos tienen cada vez una visión más global. Tenemos Glovo, pero hacen falta muchas más nuevas compañías para sacar provecho de la gran ciencia que tenemos.

¿La urgencia de la pandemia ha permitido dar un empujón a sectores antes más estancados, como la ciencia?

Toda la razón. Hay sectores como el comercio digital que han hecho un crecimiento espectacular por un cambio de hábito, otros como el sanitario que no paran de crecer y que pueden hacer de Barcelona un hub de relevancia. También software, ciberseguridad o Inteligencia Artificial están creciendo. En Barcelona se está apostando por esos sectores.

¿Hay temor entre las microempresas catalanas a ser compradas desde fuera?

El país tiene una oportunidad para transformar las pymes y hacerlas más competitivas a través de la tecnología, y eso comportará fusiones y adquisiciones. No somos un país muy proclive a ello, pero en algún momento será inevitable. Europa solo podrá competir con Estados Unidos y China si es capaz de agregar compañías. Pero eso requiere visión estratégica tanto política como empresarial. Ser más grande te hace ser más competitivo tanto con eficiencia y productividad como con ser atractivos de cara a salidas a bolsa. En Europa hay poca tradición de las empresas a la salida pública a bolsa, pero eso será un cambio de paradigma.

Queréis consolidar Barcelona como referente tecnológico mundial como Londres, Berlín o París. ¿Qué le falta?

Un marco regulatorio más adaptado. El de España no es el más favorable para las start-ups, está entre los peores del continente, así que hay margen de mejora. Ese cambio es importante porque es para acomodar a los emprendedores y a los financieros. Hay que ver los mejores casos de aplicación como el inglés o el francés e intentar adaptarlo aquí.

Si somos capaces de sacar una parte de productos y servicios con lo que se está haciendo en investigación científica el salto cualitativo de Barcelona y el estado español puede ser extraordinario. Tenemos los activos y el conocimiento, ahora hace falta concienciación y fomentar la creación de empresas con esa tecnología.

¿Cómo creéis que se debería acomodar a los emprendedores?

Esto es una competición de talento, quien tiene el mejor talento atrae a las mejores empresas y eso crea un circulo virtuoso que te hace ser el mejor hub. Para ello es necesario un marco regulatorio que agilice el dar visados de forma rápida. Para las start-ups atraer talento puede ser doloroso porque el sistema legal español no es tan rápido, y si tardas tanto en esos procesos el talento opta por ir a otro sitio.

¿También ayudas fiscales?

El marco fiscal también es clave. Hay que poner fácil que las empresas de éxito puedan reinvertir. También falta incentivos en la seguridad social; si quieres que pasen cosas no puedes pedir pagar los mismos impuestos a un joven que está empezando que a una empresa consolidada. Y cuando esas pequeñas empresas crezcan que coticen como les toca. Muchas empresas con pérdidas están buscando rondas para poder pagar la seguridad social. Hay que intentar moldear esta fiscalidad para que más empresas salgan adelante.

Esto va de tener mucho talento y muchas empresas. Es una cuestión de estadística. Cuando tienes muchas lo más probable es que un porcentaje decente sean proyectos de éxito. Si facilitas el emprendimiento haces que más gente se ponga a ello. Espero que la ley que prepara el Gobierno vaya en ese sentido. Estamos hablando de un modelo rápido y eficaz.

El problema que tiene España es que recauda mucho menos de lo que debería por culpa de la economía sumergida. En defensa del Estado, esta situación hace que no pueda hacer todas las políticas fiscales que le gustaría.

¿Faltan grandes fondos de capital riesgo en España que inviertan en proyectos de aquí?

Es cierto que faltan fondos en España, pero ir buscar dinero en el mercado global no es algo malo. La parte importante es que los fondos locales se atrevan a invertir en empresas locales. La confianza se necesita cuando hay que invertir en proyectos tecnológicos, que a veces el inversor no entiende del todo. El inversor local debe aprender más sobre el sector tecnológico para verle un potencial. Eso será necesario para que crezca el ecosistema.

Los fondos que invirtieron en un caso de éxito como Privalia, Glovo o Wallapop después lo hicieron con más proyectos locales. Eso genera un efecto llamada importante. Si no hay inversores de aquí que apuestan por los proyectos de aquí no vendrán los de fuera.

También fomentáis la transformación de Barcelona en una ‘smart city’

Sí, usar la tecnología para que la administración pública gestione la ciudad de forma más eficiente. Hay que fomentar una movilidad rápida y sostenible, pero eso requiere mucho esfuerzo más allá de limitar la velocidad de los coches, como tener alternativas viables para reducir el transporte privado.

El uso de datos para la gestión de nuestro entorno genera recelos por sus riesgos de que derive en un control que vulnere la privacidad

Para tomar decisiones se necesitan datos, pero el intercambio tiene que ser justo. Eso, evidentemente, debe regirse por criterios de transparencia y que cederlos sea por voluntad propia. El reto es mantener esa privacidad y propiedad de los datos, desagregarlos para poder permitir una mejor gestión colectiva, no convertirnos en el sistema de evaluación de los ciudadanos que usa China.

Uno de vuestros objetivos es incentivar la igualdad de género en el sector. ¿Qué pasos estáis tomando para compensar la balanza?

Creamos el programa Barcelona Tech for Women y lo estamos integrando en toda nuestra actividad. Aún así, no es fácil que los paneles tengan paridad de género porque en este ecosistema la gran mayoría son hombres. Solo entre un 20% y un 30% son mujeres. Así que el foco debe estar en las generaciones futuras. Hay que poner en valor las mujeres que han tenido éxito y las que no para que sean referentes para las que llegan después.

El proyecto del Pier02 que queríais ubicar en el Museu de Historia, ¿en qué fase se encuentra?

En un momento nos dijeron que podríamos tener ese espacio, pero mover el museo de historia del país no es algo trivial. A corto y medio plazo está congelado por ahora.

Hace años que desde otras zonas de España os consultan para montar una organización similar. ¿Tenéis la intención de ampliar Barcelona Tech City a todo el territorio catalán?

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Siempre hemos ayudado a explicar nuestro caso. Valencia lo ha copiado y Madrid nos pidió ayuda para implementarlo en otros lugares. El modelo de Barcelona Tech City se basa en que en la ciudad ya hay una masa crítica previa, ya existe una comunidad, pero su singularidad y su recorrido de 25 años quizás no es reproducible en otros sitios.

Aquí operamos en la zona metropolitana y los socios exploran proyectos en Girona, Lleida y Tarragona. Entendemos el proyecto como que la marca grande es Barcelona, pero la actividad tiene que estar todo lo distribuida como sea necesario. Debemos cooperar. Si en el sur de Europa se identifica como un gran lugar para trabajar a escala global nos favorecerá a todos.