Preparativos para la desconexión

Ansia por disfrutar: ¿padecemos síndrome prevacacional?

El final del estado de alarma ha desatado una fiebre por encontrar destino turístico para el verano

  • Los expertos relacionan la urgencia vacacional con el estrés acumulado tras 15 meses de pandemia

  • Quienes no puedan viajar también deben intentar romper las rutinas del invierno, recomiendan los psiquiatras

Ansia por disfrutar: ¿padecemos síndrome prevacacional?
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Juan Fernández
Juan Fernández

Periodista

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El final del estado de alarma ha puesto en marcha una efervescencia en el sector turístico que recuerda a sus temporadas más boyantes. De repente, todos los indicadores se han disparado, apuntando hacia un verano cargado de ocio y viajes, pero también de descanso y desconexión de la dura temporada vivida estos meses atrás.

Precisamente, la fatiga pandémica parece ser la responsable, según los expertos en comportamiento humano, del ‘síndrome pre-vacacional’ que se ha instalado en buena parte de la población. El año y medio vivido de restricciones, temores y privaciones a causa del coronavirus, unido al recuerdo del pasado año, que estuvo marcado por las limitaciones de movilidad y la escasez de fiestas, se dejan notar y podrían explicar el furor que hay por encontrar destino turístico donde dar esquinazo a la pesadilla, al menos entre quienes pueden permitírselo. 

Demanda de hospedaje

En las últimas tres semanas, las visitas a la web de reservas eBooking han crecido un 311%, y en cifras similares, o incluso superiores, se mueve la demanda directa de hospedaje en los establecimientos. Según la plataforma de empresas de viajes Travalgatex, los hoteles catalanes registran ya un 718% más de solicitudes que en mayo del año pasado. Weekendesk.es, portal especializado en escapadas temáticas, ha visto crecer la solicitud de planes de ocio un 106% respecto al primer fin de semana tras el confinamiento de 2020.

Esta actividad aún no alcanza al 50% de la de 2019, pero la tendencia al alza permite augurar cifras cercanas en las próximas semanas. Sirva de referencia lo ocurrido en el primer fin de semana sin restricciones de movilidad: entre el viernes 14 de mayo y el domingo 15, las carreteras españolas soportaron 3,6 millones de viajes, un 4% más que el fin

“Tantos meses de miedo, confinamientos y pérdidas pasan factura. A diario vemos en consulta la urgencia por tomar distancia de esa experiencia", dice la psicóloga Dolors Liria

de semana previo a la pandemia.

En esos días, la ocupación media hotelera de la Comunidad Valenciana superó el 60%, según los datos recogidos por la patronal regional del sector HOSBEC, y en algunos destinos, como Benidorm, fueron muchos los locales que colgaron el cartel de 'completo', privilegio del que también pudieron presumir varios Paradores Nacionales. ¿Hay una epidemia de ansia de vacaciones en la sociedad azotada por el covid?.

Necesidad de desconectar

"En condiciones normales, en esta época del año se suele oír a la gente hablar de ‘ganas de vacaciones’. El descanso veraniego forma parte del trabajo y sin él no podríamos funcionar con normalidad a lo largo del curso. Pero este año se detecta una auténtica ‘necesidad de desconectar’”, revela Dolors Liria, vocal del Col·legi Oficial de Psicología de Catalunya, antes de enumerar

la lista de “cargas emocionales pandémicas” que arrastramos, y que podrían explicar esta desesperación vacacional: “Tantos meses de incertidumbre, miedo, confinamientos, teletrabajo y pérdidas personales pasan factura. La urgencia por tomar distancia de esa experiencia la percibimos a diario en la consulta”, señala la psicóloga.

Dos turistas se bañanan al amanecer en la playa de la Malvarrosa (Valencia).

/ ANA ESCOBAR EFE

El carácter cíclico de las vacaciones cumple, según los expertos en salud mental, un papel determinante para regular los ritmos de la vida a lo largo del año. Poner un punto y aparte en el calendario no solo libera, también equilibra. En ese sentido, al estrés causado por la amenaza del virus se añade la cuenta pendiente del verano de 2020, que estuvo marcado por las precauciones y las limitaciones.

“Fue un verano descafeinado. Apenas se pudo viajar, el confinamiento estaba muy cercano y había muchas restricciones. Hoy tenemos más añoranza de vacaciones que otros años porque no hemos disfrutado de ellas desde 2019”, explica la doctora del Hospital Vall d'Hebron de Barcelona Gemma Parramon, vicepresidenta de la Societat Catalana de Psiquiatria i Salut Mental.

Verano anormal

Hay ganas de pasar página de la pandemia y volver a dotar de sentido a la palabra normalidad. En ese afán, las próximas vacaciones parecen percibirse como la salida del túnel por el que hemos transitado. Sin embargo, los estudiosos del comportamiento humano previenen contra la tentación de considerar el de 2021 un verano normal. “Celebrar la vida forma parte de nuestra naturaleza, pero tendremos que esperar aún un poco más para hacerlo como desearíamos. Las próximas vacaciones nos van a dar un respiro, pero seguiremos con mascarillas y restricciones. No van a ser las vacaciones de nuestra vida, sino unos días para alegrarnos de que seguimos vivos”, analiza el antropólogo Agustín Fuentes, de la Universidad de Princeton (EEUU).

"Si pensamos que las vacaciones son la solución a todos los problemas que arrastramos del invierno, puede que luego nos sintamos defraudados", advierte la psiquiatra Gemma Parramon

Que el verano de 2021 no se parecerá al de 2019 es algo que tiene asumido todo el sector turístico, que estos días anda pendiente del protocolo pandémico que regirá en el chiringuito y el hotel, y también de la lista de países a los que se podrá viajar o de donde podremos recibir turistas. Pero el cambio de panorama que han provocado las vacunas invita a pensar que estas vacaciones tampoco serán como las pasadas.

“En las actuales circunstancias, elijamos mar o montaña, aventura o seguridad, lo conveniente es dedicar esos días y semanas a hacer todo lo que nos sienta bien y que no hemos podido hacer durante el curso”, propone la psiquiatra Parramon. “Conviene controlar las expectativas y no caer en un síndrome pre-vacacional. Si pensamos que las vacaciones son la solución a todos los problemas que arrastramos del invierno, puede que luego nos sintamos defraudados. Este próximo verano seguirá siendo especial”, añade la psicóloga Liria.

Si no se puede viajar

Fuera de esa foto quedan todas las personas que, debido a las secuelas de la enfermedad, al dolor emocional por la pérdida de sus seres queridos o a la quiebra económica que ha causado la pandemia, no podrán irse de vacaciones y, por tanto, no participan del boom que se ha desatado estos días en las centrales de reservas.

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“Esa dualidad hará de las vacaciones de 2021 las más polarizadas de nuestra historia reciente. Frente a quienes han vivido la pandemia sin grandes preocupaciones y desean desquitarse de los meses de restricciones y confinamientos, están los que seguirán con las limitaciones de antes y que pueden sentirse frustrados al verse desplazados de la fiesta”, advierte el sociólogo Josep Lobera.

Para estas personas, la especialista en salud mental Gemma Parramon tiene una recomendación: “Vacaciones no es sinónimo de viajar. Después de tantos meses de aislamiento, lo importante es romper las rutinas del invierno y hacer algo diferente, aunque sea en nuestra misma localidad, y buscar el encuentro de los otros. Necesitamos vernos y tocarnos. Un abrazo con un ser querido cura más las heridas emocionales que el viaje más exótico”.