Efectos de la pandemia

Así se ha vivido la primera noche de marcha a prueba en Sitges

  • 325 voluntarios de 18 a 76 años se entregan a casi cuatro horas de ocio seguro en el primer ensayo clínico para reabrir el ocio nocturno en Catalunya

  • Los participantes fueron sometidos a test de antígenos obligatorios, que se repetirán en el plazo de seis días

La pista de baile de uno de los locales con los participantes en el ensayo de ocio nocturno seguro en Sitges 

La pista de baile de uno de los locales con los participantes en el ensayo de ocio nocturno seguro en Sitges  / ANDREU PUIG MARTI

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Patricia Castán
Patricia Castán

Periodista

Especialista en Economía local, comercio, turismo, vivienda, ocio, gastronomía y tendencias urbanas.

Escribe desde Barcelona

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Una copa de balón con tres hielos y un corte de limón vistiendo imprescindiblemente un gintonic, depositado con primor por Andrei en la terraza del Everlasting de Sitges (Garraf) pasada la medianoche, marcaba lo que puede ser un antes y un después para el agonizante sector del ocio nocturno en Catalunya, tras 14 meses de parón forzado por la pandemia. Pero evidenciaba también la diferencia con los miles de latas y vasos de plástico exhibidos en los botellones sin control de los últimos fines de semana. Y, sobre todo, la euforia de los que se reencontraban con la diversión nocturna en toda regla -aunque fuera por medio de una prueba piloto con algunas deserciones finales- a golpe de brindis, decibelios y pistas de baile

Entrada de uno de los locales participantes en el ensayo de ocio nocturno seguro en Sitges

/ Ferran Nadeu

Sitges celebró la pasada madrugada del viernes un ensayo clínico en el epicentro del ocio en la población, la calle del Primer de Maig (más conocida como del Pecado), donde 325 participantes (75 no se presentaron) se reencontraron con la versión más parecida de la noche respecto al ya lejano marzo de 2020. No hubo distancias de seguridad, las barras se llenaron de copas y la música atronó en los locales, donde las diferencias con la prepandemia la impusieron mascarillas y litros de gel hidróalcohólico (acaso tantos como de ron, gin o whisky alegraban las copas), así como una afluencia más que moderada. Sin olvidar la obligatoria prueba rápida de antígenos que todos superaron apenas tres horas antes de que se levantase la veda de la marcha nocturna, a las 23.30 horas al grito de “tres, dos, uno…”, como si se levantara la barrera hacia la normalidad.

La tarde previa sumó horas de preparativos para el experimento, ideado por la patronal Fecalon hace meses, desarrollado (y pagado) por el ayuntamiento del municipio, y con el aval del Departament de Salut y el de Interior, que debe servir para fijar nuevas pautas para los locales nocturnos lo antes posible, una vez analizados los resultados. Pero el clamor del sector se ha agudizado estos días, no solo por su situación económica en Catalunya, sino por la evidente necesidad de dar una alternativa a las concentraciones juveniles para beber en calles y playas a falta de ninguna opción autorizada. 

Recuperar la economía y la ilusión

Los inscritos que acudieron (de 18 a 76 años, constatando que la noche no tiene edad, y de una media de 36, sobre todo de la zona del Garraf), así como los organizadores y medio centenar de trabajadores de los cinco locales elegidos para la ocasión, así como personal de seguridad, sumaron 405 test negativos, que se repetirán en seis días. La alcaldesa de Sitges, Aurora Carbonell, que luego se integró en el terraceo, explicó que su consistorio ansía “esta recuperación económica del ocio nocturno, que lleva muchísimo tiempo cerrado”, pero también que los trabajadores recuperen sus empleos y que “la ciudadanía pueda disfrutar de la noche, porque es muy necesario en estos tiempos”, dijo. El representante de Salut, Joan Colom, detalló que los resultados del ensayo clínico, en el que participa el Institut Universitari d’Investigació en Atenció Primària (IDIAP Jordi Gol), se compararán con un grupo de control de perfiles similares.

Dos participantes en el ensayo del ocio nocturno seguro en Sitges

/ Ferran Nadeu

Acordonado el perímetro en torno a las calles de acceso, cada asistente tenía asignada una de estas vías para evitar concentraciones y carta blanca para moverse arriba y abajo entre los establecimientos. Primera evidencia: había hambre de pistas de baile. Que se lo digan a Claudia y Azucena, de Sant Pere de Ribes y Barcelona, ambas abogadas (y opositoras) de 25 años y la segunda reinventada en “rastreadora del coronavirus”, como efecto laboral colateral de la pandemia. Tras ver morir a su abuela, asegura que su ocio se ha limitado estos largos meses a alguna pequeña reunión en casa de amigos, pero “sin botellones”, por conciencia de la gravedad de la crisis. “Esto nos ha dado la vida”, decían, vestidas para la ocasión, tras el añorado proceso del “qué me pongo” la víspera. “Nuestra generación lo necesita mucho”, remataban.

Andrei Sircheli, ingeniero y ocasional camarero para ganar algún ingreso extra, aplaudía en Everlasting el comportamiento de los asistentes: “Solo se retiran la mascarilla para beber, hay mucha alegría y ganas de bailar”, evaluaba mientras a su espalda atronaban varios ‘hits’ del pasado. Lo mismo se repetía en Pachito, Las Vegas, Rich Monkey y Blitz.

Pulsera verde hacia la libertad

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El buen rollo de todos lo que se colocaron en la muñeca la pulsera verde que permitía el acceso no empañaba la realidad. Álex Llopis, con 21 primaveras, estaba feliz, pero consciente de que “cada vez que salgas de fiesta será imposible hacer todo esto…”, en alusión sobre todo a los tests. Por lo que apelaba a la vacunación acelerada como salida imprescindible. A su lado, Carlota Martí, de 23, confesaba haberlo “pasado muy mal encerrada”. Así que aunque tenía por delante un madrugón para entrar a trabajar a las 8.00 horas en una consultora, se calzó un vertiginoso vestido negro mini para disfrutar de esas breves horas de libertad.

También lo hizo Ana, de 54 años, “muy tranquila por los tests”, whisky con cola en mano. Relataba haber echado de menos sobre todo el baile, pero no apuraría la noche por responsabilidad laboral. Más curtido en el asunto estaba Manel Lázaro, de 29, que ya pasó por la misma purga previa para asistir al concierto de prueba de Love of Lesbian. En estos meses, ha cambiado la noche por “mar y montaña, vermuts” y amigos en pequeñas dosis. Para la gran ocasión se había pedido el viernes libre. La gran pregunta era cuándo se podrá repetir.