Día internacional contra el acoso escolar

Las amenazas a una víctima de 'bullying': “O chupas el suelo o te mato”

  • Tres víctimas de acoso escolar relatan su infierno en las aulas y cómo los centros escolares se desentendieron

  • El instituto Serra de Miramar, en Valls, aplica un protocolo para prevenir episodios de violencia y atajarlos con la complicidad de las familias

Una de las ’apps’ que les escuelas han desarrollado para denunciar casos de ’bullying’

Una de las ’apps’ que les escuelas han desarrollado para denunciar casos de ’bullying’ / Joan Cortadellas

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Sara Aguilera

H. M. no recuerda cuántos años tenía cuando recibía amenazas de un compañero de clase, pero se acuerda todavía de aquel “o chupas el suelo o te mato” y de aquellas manos que le apretaron el cuello intentando dejarle sin respiración. Su agresor era superdotado y pasó de curso, por lo que H. M. pudo volver a estar tranquilo al no coincidir en el recreo. Pero todo no acabó aquí, porque cuando llegó a 4º de primaria, cuatro compañeros de clase decidieron que era la persona idónea para pegar e insultar.

Para M. R., el acoso duró dos años, desde 2º de ESO hasta finales de 4º. Empezó de manera sutil, pero fue a más. La acosadora la insultaba, se inventaba rumores y ponía a todos en su contra. Cuando A. M. tenía 9 años le tiraban el estuche a la basura, la amenazaban, se reían de ella, le hacían el vacío y más cosas que ya ha borrado de su memoria.

Míriam Fort, psicopedagoga del instituto Serra de Miramar, en Valls (Alt Camp), explica que lo que más ha detectado es violencia verbal, pero que ahora va más allá de lo que ocurre en directo. El 'ciberbullying' a través de las redes sociales permite un acoso más fácil e invisible, por lo que cuesta más de detectar y se extiende en el tiempo.

Fort observa que, en general, hay una tendencia a acosar de manera intencionada a alumnos que tienen algún tipo de dificultad. A veces el acosador, seguramente por un problema de autoestima, también decide abusar de alguien a quien, por una razón u otra, suele tener cierta envidia. Este es el caso de H. M., que tenía unas notas excelentes. También cree que se pudo deber a que les molestara que en el recreo jugase al fútbol con la otra clase, o porque solo tenía uno o dos amigos en el colegio.

La psicopedagoga apunta que este tipo de acoso viene de carencias del propio acosador, que “se cubren haciendo sentir mal a los demás”. La persona siente la necesidad de hacer daño porque es incapaz de conocerse a sí misma, de modo que se vuelve una forma de "autosatisfacerse". Por ello, Fort señala que habitualmente los acosadores tienen una insuficiente inteligencia emocional, puesto que esta está vinculada con el hecho de autoconocerse, un aspecto que permite gestionar mejor las emociones. Si un acosador no tiene esta inteligencia emocional, no sabe gestionar su carencia y, por lo tanto, necesita satisfacerla haciendo daño y acaba sin sentir empatía por los demás.

Rosa Carbó, directora del instituto Serra de Miramar de Valls, y Miriam Fort, psicopedagoga del centro.

/ Marc Vila

Falta de atención a su impacto

M. R. no tenía ganas de ir al instituto y siempre encontraba alguna excusa. Sus padres notaron que había algo se les estaba escapando. “Un día exploté y salió todo gracias a mi madre, que fue haciéndome preguntas”, relata. Sus padres fueron a hablar con los responsables del instituto, pero no sirvió de mucho: “Era como si hicieran la vista gorda, como si no lo quisieran ver. Decían que eran cosas normales de la juventud y que lo solucionaríamos entre nosotras”. Cuando acabó 4º de la ESO, decidió cambiarse de instituto. M. R. necesitó ayuda psicológica profesional para recuperar la autoestima.

La historia fue la misma para H. M. Lo contó a sus profesores, pero la respuesta que recibió es que ya lo solucionarían entre ellos. Sin embargo, llegó a un punto en el que no lo pudo soportar más y pidió a sus padres que lo cambiaran de colegio, alegando que no estaba a gusto. Más adelante, reveló lo que sucedía: “Cuando ya me sacaron del colegio, no sé por qué sentí que ya podía expulsarlo de mí y se lo conté a mis padres”. 

La psicopedagoga Fort explica que el rendimiento académico de las víctimas puede ir decayendo, reflejando una falta de concentración. También suelen aparecer muchas molestias digestivas, dolores de cabeza y problemas para dormir. La inseguridad que sienten por miedo a volver a vivir esa angustia hace que, si no se detecta a tiempo, puedan llegar al absentismo y el abandono final de la escuela. “Son personas que a veces se aíslan. Ya los tienen bastante aislados, pero ellos mismos evitan la socialización porque les recuerda a los ataques”, detalla Fort. 

Intervención eficaz

Para A. M., el acoso se detuvo con el tiempo. Lo explicó a sus padres, que fueron a hablar inmediatamente con las familias de sus cuatro acosadores y con la dirección escolar, que no se implicó demasiado

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Los tres testimonios revelan una falta de apoyo y de ayuda por parte de los centros  educativos. De hecho, la actuación que desarrolla un colegio o instituto puede ser determinante para poner fin a un acoso, y también para prevenirlo. Rosa Carbó, directora del instituto Serra de Miramar, explica que los episodios de ‘bullying’ que detectan “no llegan a traspasar los límites porque antes ya hay una persona que informa de que alguien se está sintiendo mal”, y a veces es incluso la misma víctima la primera en contarlo. El instituto sigue el protocolo obligatorio para todos los centros de Catalunya, el Protocol de prevenció, detecció i intervenció davant l’assetjament i el ciberassetjament entre iguals, y un modelo llamado “modelo dialógico de prevención y resolución de conflictos”. 

La aplicación de este sistema ha permitido, como cuenta la directora Carbó, que, en lo que va de curso, en su instituto se hayan podido detectar dos casos entre los alumnos sin necesidad de aplicar el protocolo, ya que, gracias a la prevención, los compañeros delataron al agresor. Cuando se descubre un acoso, llaman a las dos partes implicadas, a las familias, se exponen los hechos y llegan a un compromiso oficial. En todo caso, hay sanción y apertura de expediente disciplinario. Además, las paredes del instituto están salpicadas de frases como “decir la verdad es tener valentía”.