El futuro del modelo de dependencia

El aislamiento, una trampa mortal para los ancianos

  • La mitad de muertos en incendios en hogares catalanes tenían más de 65 años

  • El servicio de la teleasistencia, nacido en 2005, se vuelve imprescindible para detectar alertas sanitarias y de seguridad

  • Cada dos días un anciano muere a causa de una caída accidental en Catalunya

Lidia Abòs, revisa el funcionamiento del detector de humos, junto a una técnica de la teleasistencia de la Diputación de Barcelona.

Lidia Abòs, revisa el funcionamiento del detector de humos, junto a una técnica de la teleasistencia de la Diputación de Barcelona. / Ferran Nadeu

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Elisenda Colell
Elisenda Colell

Redactora

Especialista en pobreza, migraciones, dependencia, infancia vulnerable, feminismos y LGTBI

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"Ahora estoy un poco más tranquila, pero a veces tengo miedo", asume Lidia Abòs. Tiene 81 años y vive sola en un piso de alquiler de Badalona. Tiene miedo a dejar la olla al fuego y no enterarse, a intoxicarse de humo si una estufa prende con una manta, a que un día se caiga en casa y nadie la pueda socorrer. Ninguna administración sabe cuántos ancianos murieron solos en casa sin que nadie se enterara, aunque se trata de un drama que los profesionales ven a diario. Ante esta evidente falta de medios en detección, la Diputación de Barcelona ha iniciado un plan para que la tecnología ayude a evitar accidentes y se salven miles de vidas en Catalunya.

Hace apenas cuatro días, a Lidia le han instalado un detector de humos. Está conectado con el aparato de la teleasistencia, el famoso botón rojo que cuelga del cuello de más de 100.000 ancianos que gestiona la Diputación de Barcelona, y al que pueden pulsar en caso de tener un accidente en casa o cualquier problemática para que les atienda una teleoperadora. "La verdad es que ahora me siento un poco más segura", asevera Lidia. El aparato permite detectar humo, monóxido de carbono y demás gases tóxicos que pueden acabar con la vida de los mayores sin que ellos apenas se enteren. Y es que de todas las personas que murieron en un incendio doméstico en Catalunya entre 2015 y 2018, la mitad eran ancianos.

Pero el fuego no es su único temor. A Lidia también le inquieta caerse en casa. O cuando sube las escaleras de tres pisos cargada con las bolsas de la compra. "Cruzo los dedos para que no me pase nada, me encontraría completamente sola", asume. Por eso implora un ascensor y ha dejado de limpiar algunas zonas de su casa. "Hace años que no toco la escalera porque si no me sostengo bien, ya se acaba todo", cuenta al teléfono. Hace tres años, cuando aún vivía su marido, él se encargaba de hacer todos los "arreglos" en casa. "A veces pienso que se me va caer la casa encima", resopla. El miedo no es infundado. Cada año mueren más de 200 ancianos por caídas en Catalunya, y el SEM rescata año a año a más de 1.000 octogenarios por contusiones, esguinces o heridas abiertas en la cabeza, el cuello y el torso.

"Cuando nos entra una llamada de una persona mayor lo más importante es saber si están solos o tienen a alguien que les socorra", asume Gemma Casajuana enfermera de la línea 061, para emergencias sanitarias. Porque si los ancianos que llaman están solos, que son la practica mayoría, suele ser habitual tener que activar otro profesional para salvarles la vida. "Hay personas que nos llaman por una diarrea, pero que no tienen nadie que les limpie, que les haga la comida, y quizás luego nos damos cuenta de que llevan más de tres días sin comer. En estos casos pedimos que les trasladen al hospital para que no se deshidraten", explica. La enfermera admite que hay llamadas que le cortan el aliento. "Muchos nos llaman porque se quejan de dolor, pero en realidad lo que necesitan es hablar con alguien", cuenta. Lo demuestra también el hecho de que las llamadas de ancianos solos se disparan el domingo por la tarde.

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¿La Administración llega a todos ellos? Inevitablemente la realidad que más cuesta de asumir es el de los cadáveres de ancianos que se encuentran los bomberos y los Mossos en descomposición en pisos y casas. Pero sobre esto no hay apenas datos. Los únicos que lo han contado fueron los Bomberos de Barcelona en 2019. El cuerpo afirma que no tiene estadísticas de 2020. Tampoco dispone de los datos ninguna otra entidad pública.

"No tenemos datos que hablen de esta dimensión, es que no se cuenta ni se tiene en cuenta. El covid ha hecho visible esta realidad con tal entidad que debemos afrontarla de forma específica. Los datos nunca incorporan ni la edad, ni si las personas halladas muertas vivían solas. Este es un reto mayúsculo y estamos obligados a actuar desde los poderes públicos". Quien hace tales afirmaciones es Lluïsa Moret, alcaldesa de Sant Boi y diputada de Igualdad y Sostenibilidad Social de la Diputación de Barcelona. Y es, precisamente, quien quiere implantar un cambio en la teleasistencia que permita llegar a todos estos casos. A Lidia, al menos, el detector de humos que le han incorporado le hace sentirse más segura en casa. Ahora solo le falta recuperar la ilusión para volver a cocinar como hacía cuando su marido seguía vivo.