Salud mental

La venta de medicamentos antidepresivos se multiplica por la pandemia emocional

  • El incremento en la dispensación de tranquilizantes y fármacos relacionados con la ansiedad, la depresión o el trastorno del sueño se dobla en el 2020

La venta de medicamentos antidepresivos se multiplica por la pandemia emocional
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Patricia Martín
Patricia Martín

Periodista

Especialista en sanidad, igualdad, violencia machista, infancia, consumo

Escribe desde Madrid

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Muchos especialistas advierten de que el covid está dejando tras de sí una epidemia más oculta pero también preocupante, la llamada pandemia emocional. Y la adquisición de medicamentos lo corrobora: se han multiplicado las ventas de fármacos con receta para el sistema nervioso, relacionados con patologías como la ansiedad, la depresión o el trastorno del sueño, según datos de la consultora IQVIA analizados por el Consejo General de Farmacéuticos, que indican que la prescripción y dispensación de medicamentos ha experimentado importantes cambios a consecuencia de la llegada del virus, del confinamiento y de las modificaciones en los hábitos de vida.

En concreto, la venta de medicamentos antidepresivos o tranquilizantes creció un 4,8% en el 2020, más del doble que en el 2019 (cuando fue del 2%). Y, durante el primer confinamiento se produjeron aumentos de entre un 10% y un 15%, lo que refleja el impacto emocional que tuvo la llegada del covid tanto en la población en general, como en los pacientes afectados y los sanitarios que tuvieron que afrontar la mayor crisis sanitaria de la historia reciente. El incremento anual del grupo específico de fármacos ansiolíticos fue más de un 5% y el de los sedantes de más de un 4%.

La dispensación de medicamentos para el sistema nervioso creció hasta un 15% en el momento más duro del confinamiento

Asimismo, si se pone el foco en los medicamentos sin receta, los productos más suaves para relajarse y poder conciliar el sueño también han experimentado crecimientos importantes. A lo que hay que añadir un preocupante aumento del consumo de hipnosedantes -tipo lexatin u orfidal- que se adquieren sin receta, con prevalencia en la población del 3,1%, frente al 1,9% antes de la epidemia, según revela un reciente estudio del Plan Nacional sobre Drogas que indica también que, por el contrario, el consumo de alcohol o tabaco ha descendido con la pandemia.

Décima potencia mundial

Y, respecto a los antidepresivos, llueve sobre mojado, porque España se sitúo en el año 2016 en el puesto número 10 del ranking de países con mayor consumo, si bien la tendencia "se estabilizó" en los años posteriores, según indica Ermengol Sempere, experto en fármacos de la sociedad de medicina de familia SemFYC, quien advierte que el problema de estos medicamentos es que crean adicción y, en el caso de las benzodiacepinas como el Valium o el Diazepam, aumentan el riesgo de caídas o incrementan la mortalidad.

Según su experiencia en la consulta, la vacunación ha traído consigo un halo de esperanza, pero aún así ante los estragos mentales que está provocando el virus convendría reforzar la sanidad pública con más psicólogos, potenciar los servicios sociales y que continúen o mejoren ayudas como la renta básica, porque muchos problemas mentales "vienen motivados porque mucha gente tiene falta de perspectivas económicas".

Menos antibióticos

Los datos de venta de medicamentos indican, por otro lado, que ha crecido la adquisición de analgésicos y antipiréticos, en concreto un 7,8%, tres puntos más que en el 2019 (cuando aumentó un 4,6%). El Consejo General de Farmacéuticos atribuye esta subida a la necesidad de paliar la fiebre y el malestar causado por el covid-19.

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Por el contrario, se ha registrados descensos (de un 19%) en los antibióticos que se usan habitualmente para tratar las infecciones agudas y crónicas, cuyo uso se ha focalizado en pacientes covid hospitalizados. La merma puede deberse, por un lado, a una menor incidencia de la gripe y de los resfriados debido a la mascarilla y las medidas de distancia --de hecho también baja la venta de jarabes para la tos- así como a una "menor demanda por parte de los pacientes" porque "la sociedad ha aprendido" que los procesos catarrales no se curan con antibióticos, según Sempere.