Salud mental

Habla una joven afectada de depresión: "Dejé de tener sentimientos. Existía por existir"

Gemma P., una de las jóvenes que ha padecido depresión durante la pandemia, sostiene la cortina de su habitación mientras observa la calle

Gemma P., una de las jóvenes que ha padecido depresión durante la pandemia, sostiene la cortina de su habitación mientras observa la calle / ROBERT RAMOS

  • La exasperante duración de las restricciones de la pandemia están pasando factura sobre jóvenes y adolescentes, damnificados por medidas como el toque de queda. Estos son algunos de sus testimonios.

  • La venta de medicamentos antidepresivos se multiplica por la pandemia emocional

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Oriol Lara / Leo Santos

La larga duración de la pandemia ha sido y sigue siendo pesada para todo el mundo. Tras más de un año conviviendo con el virus, uno de los sectores de población que más ha visto restringida su vida social han sido los jóvenes. Esta limitación –no poder salir con los amigos, no poder disfrutar del ocio nocturno o no poder siquiera compartir pupitres en el instituto o la universidad– ha hecho que los adolescentes poco a poco se hayan ido desmoronando y en algunos casos hayan derivado hacia ataques de ansiedad prolongados, depresiones y trastornos alimentarios

No poder salir con los amigos ha hecho que muchos, poco a poco, se hayan ido desmoronando

Aunque los cambios sean normales, muchos han tenido problemas de adaptación a este nuevo entorno. El testimonio de Gemma P., de 22 años, que estudia en Barcelona y procedente de Tarragona, es un ejemplo de lo que ha supuesto convivir con una situación no deseada como es la pandemia. “He dejado un poco de ser yo. La verdad es que a mi siempre me ha gustado estar sola, pero esta situación ha hecho que me cierre muchísimo conmigo misma y deje de socializar, apartar a mis amigos, la universidad…”, narra la joven. A pesar de que durante el confinamiento no tuvo problemas porque estaba en casa con sus padres, al llegar a Barcelona fue cuando empeoró su estado de ánimo, especialmente a partir de noviembre. “El mes antes de Navidad fue muy duro porque dejé de tener sentimientos, no sentía nada, ni bueno ni malo. Existía por existir, me costaba mucho pensar o hacer cualquier cosa que implicara salir de la cama. No contestaba a nadie y no hablaba con nadie”, continúa la estudiante.

Pese a que Gemma era un poco consciente de que tenía un episodio depresivo o padecía depresión, no fue hasta que habló con una amiga por teléfono y se puso a llorar cuando se dio cuenta de que necesitaba ayuda. Aun así, tras dos meses de dudas decidió en febrero dar el paso e ir a una consulta. “Me hicieron unos test y me dijeron que tenía depresión y ansiedad, nada que yo no supiera, pero que en realidad me calmaron bastante, porque que un profesional te diga lo que tienes y que no pase nada calma lo suficiente”, explica. Dentro de poco va a empezar las sesiones con una psicóloga, pero aún sufre las consecuencias del desánimo, como es el miedo de salir a pasear. “Ahora mismo me genera mucha ansiedad pensar en tener que salir a la calle o ir en metro, hay demasiada gente. He desarrollado un poco de fobia a la gente, creo. Y además, como estoy todo el día en casa la mayoría de días ni me visto”, concluye la joven.

Algunos estudios también apuntan a que la mayoría de familias, más del 70%, han notado que los hijos han experimentado cambios y dificultades en sus emociones sobre todo durante el confinamiento. "De alguna manera tenemos que aprender a estar mal y convivir con ciertos niveles de malestar." añade el coordinador. El aumento de casos de trastornos en los niños se está percibiendo mucho a nivel público, con un aumento importante de la demanda, aunque este incremento se debe sobre todo al difícil acceso a los pediatras y médicos de familia al principio de la pandemia. "Lo que está claro es que nuestro sistema sanitario no está preparado para dar una respuesta adecuada a las dificultades psicológicas que se derivan de una situación como ésta y esto se está empezando a notar" sentencia Ballescà.

El toque de queda, la limitación que más ha afectado

Ante el aumento de casos, una de las restricciones que ha acontecido más inseguridad y quejas por parte de los ciudadanos de Catalunya ha sido el toque de queda. El mismo Ramentol comentaba el lunes pasado a El Suplemento de Catalunya Ràdio que “el toque de queda ha sido una medida efectiva, pero afecta emocionalmente a la población”. Así, uno de los sectores que más vida social tiene durante las horas nocturnas son los jóvenes. Caterina Gol, originaria de Menorca y que trabaja y estudia en Barcelona, explica lo que supone esta restricción para su vida social. “A la hora de quedar con gente es incómodo, porque piensas que tienes que planearlo todo para quedarme a dormir y coger ropa para el día siguiente. Al final piensas que no vale la pena quedar con nadie porque no podemos ir a ningún lado.”, prosigue.

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Ella, como muchos otros jóvenes, también acusa el hecho de estarse todo el día en casa con el teletrabajo y las clases on line. “Es todo el rato el mismo ambiente. Te levantas para ir al escritorio y te estás allí como ocho, diez o doce horas. Al final cuando has terminado y son las 7 de la tarde dices ¿y ahora qué hago? No puedo quedar con nadie y tengo la cabeza que me va a explotar”, explica. Y ante esta difícil situación, Gol siente que está más desanimada. “Últimamente lo que siento es más desmotivación, pérdida de ilusión por tener una rutina encerrada en casa, desgana, estrés y muchísima más preocupación por la incertidumbre de la actualidad”, finaliza.