El covid en las aulas

Los universitarios ponen un suspenso a las clases on line

Estudiantes de distintos campus responden al buzón abierto por EL PERIÓDICO para hacer balance del año universitario bajo pandemia

  • “Ha sido el peor error de mi vida entrar en esta facultad”, comenta una estudiante de Derecho de la Universitat de Barcelona

Alumnos universitarios, durante los exámenes presenciales de enero

Alumnos universitarios, durante los exámenes presenciales de enero / Manu Mitru

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Oriol Lara

El primer curso íntegro con pandemia en las aulas universitarias ha sido un cóctel para los estudiantes. Con poco tiempo para adaptarse a las nuevas restricciones y con el precedente del confinamiento en marzo, el alumnado ha tenido que vivir y vive una mezcla de formatos educativos sin precedentes que han ido variando según la situación epidemiológica de su región. Clases telemáticas, exámenes presenciales en plena ola, fatiga mental y falta de contacto social han sido algunas de las realidades con las que se han encontrado la mayoría de ellos. Un año de improvisación en las universidades que se ha saldado con más problemas que soluciones y que todavía no ha terminado.

Para hacer un balance y conocer el alcance de lo que ha sido el curso 2020-2021, EL PERIÓDICO ha lanzado esta última semana una pregunta a aquellos que quisieran responder sobre el nivel de satisfacción del desarrollo de este curso con covid-19 y el resultado en líneas generales es desfavorable. Formatos híbridos que no funcionan, exceso de trabajo y la sensación de que las cosas se podrían haber hecho mejor han convertido este año académico en uno de los más duros y pesados para los universitarios. 

El denominador común entre todos los que han respondido ha sido la nefasta gestión de las clases virtuales. Eduard Antentas, estudiante de cuarto del doble grado de Matemáticas y Física en la Universitat de Barcelona (UB), una de las titulaciones con la nota de corte más alta, cree que la universidad a distancia no funciona a pesar de haber tenido el precedente del confinamiento para poder mejorarlo. “Durante el confinamiento ya se podían divisar muchas deficiencias: falta de interacción entre alumnos y profesor, inevitable falta de atención al mirar la pantalla del ordenador todo el día, falta de asimilación de conceptos y clases extremadamente aburridas al intentar ser magistrales a distancia. Lo más sorprendente es que las facultades no han hecho casi nada para mejorar este curso, por lo que hemos padecido las mismas carencias de aprendizaje con las que empezamos”, explica.

Problemas estructurales

En la misma tesitura se encuentra David Gualda, otro estudiante de doble grado de Administración y Dirección de Empresas y Derecho de la UB, que piensa que podría haberse tratado de otra manera. “Hemos tenido una docencia de forma no presencial que ha dejado mucho que desear, los alumnos hemos sido los más perjudicados por esta situación”, concluye. Varios jóvenes más también atribuyen el fracaso de este año a que el problema ya no es la pandemia, sino el modelo educativo de las facultades. “El principal y mayor problema de la universidad digital es el modus operandi de la universidad como institución. El hecho de que las clases sean virtuales solo ha permitido que se visibilice la precaria situación que vive la universidad a día de hoy”, expone Joel Reverter, estudiante de segundo del grado de Lengua y Literatura Hispánica en la Universitat Rovira i Virgili (URV). Anna R., estudiante de la facultad de Derecho de la UB, va un paso más allá y lamenta que entrar en esta carrera “ha sido el peor error de mi vida”, sobre todo por la ambigüedad de la gestión de la entidad durante la pandemia y la sensación de que los alumnos no importan.

"El hecho de que sean virtuales solo ha permitido que se visibilice la precaria situación que vive la universidad a día de hoy”

Joel Reverter, estudiante de Llengua i Literatura Hispànica a la Universitat Rovira i Virgili

Una de la universidades que ya llevaba a cabo el formato on line ha sido la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), que también ha cambiado parte de su programa para adaptarse al nuevo entorno. Buena prueba de ello es que según Marc Ciruelos, estudiante de Ingeniería Informática de la misma universidad, los exámenes han pasado de ser presenciales a ser virtuales. “Considero que mi enseñanza no se ha visto perjudicada, al contrario, he tenido más tiempo para compaginar trabajo y estudios”, explica. Sin embargo, para otros estudiantes los cambios no han mejorado su situación. Fran Gutiérrez, que cursa Psicología en la UOC, explica que el cambio les ha causado una mayor carga de trabajo. “El nivel de exigencia se ha duplicado, los días de entrega se han reducido y ahora es más difícil aprobar. A la hora de evaluarte no pasan ninguna, a la mínima te dicen que has plagiado y te suspenden la asignatura”, lamenta el joven. 

Año de improvisación

Fuera de Catalunya, la situación de los alumnos universitarios no ha sido muy distinta que en las aulas catalanas. En Andalucía, Mario González, estudiante de Publicidad y Relaciones Públicas en la Universidad de Málaga (UMA) cuenta que su facultad desarrolló un plan de educación bimodal para contemplar los posibles escenarios que se produjeran según la situación de coronavirus. Empezó con el formato híbrido (alumnos divididos en dos grupos y asistencia alterna en clase), aunque ya en noviembre se fueron a casa y todavía no han vuelto. Con todo, la UMA les dijo que volverían al escenario bimodal el 19 de abril, pero los alumnos siguen sin conocer aún cómo se efectuará la evaluación final. “La sensación de hartazgo del alumnado es cada vez más notable. Ha pasado un año de la pandemia y seguimos improvisando. Nada es seguro”, expone. Eva Ocaña, estudiante de cuarto de Lenguas Modernas, Cultura y Comunicación en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), también ha vivido un año complicado con el formato semipresencial. “Cuando las clases han sido on line era más bien una formación autodidacta. He notado una gran diferencia entre las semanas que tengo que acudir presencialmente a clase con las que no, porque hay una descompensación de temario”, manifiesta. 

“La sensación de hartazgo del alumnado es cada vez más notable. Ha pasado un año de la pandemia y seguimos improvisando"

Mario González, estudiante de Publicidad y Relaciones Públicas de la Universidad de Málaga

Fatiga mental 

Con tantos cambios y con la imposibilidad de poder asistir a las clases presenciales, uno de los principales problemas de los estudiantes ha sido el cuidado de su salud mental mientras estaban en casa. La misma Ocaña comenta que "el agotamiento mental también ha sido importante, puesto que a mi menor capacidad de concentración por la pérdida de costumbre se le suma una situación personal no favorable”. En la misma línea va la joven Anna X. que cursa un grado de Ciencias en la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), y que como Ocaña ha sufrido las consecuencias de efectuar las clases telemáticas en casa. “No quiero ser hipócrita poniendo la docencia on line como excusa completa de mi bajo rendimiento, sino que también se debe a que mi salud mental ha estado y le está pasando factura esta situación”, lamenta la universitaria, que va perdiendo la motivación al ver que la facultad no se ha pronunciado sobre retomar la presencialidad. 

Problemas de conexión

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Los estudiantes de máster también han vivido un año complicado, pero se han podido adaptar más o menos a la nueva realidad. Paulino Gil cursa el segundo año del máster en Enginyeria Aeronàutica de la Universitat Politècnica de Catalunya en Terrassa. A los problemas mencionados de las clases on line y la sensación de improvisación, se le han sumado las problemáticas logísticas por el uso de 'softwares' que solo existen en la universidad. “La conexión de forma remota a los ordenadores de la universidad se sigue bloqueando y los problemas de instalación de 'softwares' entre Mac y Windows también”, explica.

Por su parte, Ainhoa Teixidó que efectúa el máster de Dirección y Gestión de Recursos Humanos en la UOC ha lamentado que no haya podido realizar las prácticas. “Existiendo el teletrabajo nos hubiese gustado tener la opción de cursar nuestras prácticas de forma telemática y poder mantener un contacto con el mundo laboral”, explica. Y no todo ha sido negativo para ella y para Eric Bermúdez, estudiante del máster en Trastornos de la Comunicación y el Lenguaje de la UAB y Blanquerna, porque las clases magistrales virtuales no han sido tan pesadas. “No creo que se me esté formando peor que si estuviera presencialmente. Los contenidos se han adaptado muy bien a la modalidad on line y los profesores se han mostrado muy abiertos a atender consultas”, finaliza el joven.