Galicia

El calvario de Verónica: “Me estafaron; me van a desahuciar y a quitar a mis hijos”

Verónica, en el entorno de Castrelos, cerca de donde reside

Verónica, en el entorno de Castrelos, cerca de donde reside / ALBA VILLAR

Borja Melchor

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Una orden de desahucio que se ejecutará en cuanto acabe el estado de alarma (9 de mayo), dos hijos menores a cargo –de 8 y 14 años– con el riesgo de que los servicios sociales se hagan cargo de ellos y, para más inri, una estafa que asciende a casi 500 euros. Es la historia de Verónica. Con la irrupción del coronavirus, se empezó a dibujar una nube gris sobre su vida que cada día toma un color más intenso: en marzo de 2020, perdió su empleo y sus ingresos se redujeron drásticamente, viéndose obligada a pedir ayuda a la administración pública para llenar la nevera. En ese momento, empezó el calvario de esta viguesa de adopción nacida en Uruguay, que reconoce que se deja la piel para encontrar trabajo y, así, poder salir de este hoyo.

“Con la pandemia, dejé de trabajar como camarera de piso en un hotel prestigioso de Vigo en el que estaba desde 2018. Me hacían contratos de cuatro o cinco días hasta llegar a más de 20 al mes para reforzar el servicio. Al no haber clientes, me fui para casa cuando tan solo me quedaban 14 días por cotizar para poder recibir la prestación por desempleo. Pasé a cobrar 430 euros por tener hijos a cargo. A raíz de eso, dejé de pagar el alquiler, que está en 475 euros, porque me era imposible”, explica antes de destacar que, desde ese momento, solo volvió a estar empleada en verano: “Trabajé en otro hotel días sueltos: en total, incluyendo los 430 euros, no llegaba a 600 euros de ingresos al mes, fue un alivio puntual”.

En noviembre, tras más de medio año sin abonar el alquiler, le llega una orden de desahucio en la que se le da de plazo hasta el 12 de enero. “Inmediatamente, acudí a los servicios sociales del Concello y al programa Reconduce de la Xunta. Me comunican que me dan una ayuda para pagar la vivienda, que es de un año, con posibilidad de renovar hasta cinco, pero, para beneficiarme de ella, tengo que encontrar otro piso diferente para alquilar. El problema es que todos los propietarios te piden una nómina, que no tengo, y una fianza, que me es imposible de juntar, aunque el Concello me comunicó que me la pagaría, así como el primer mes. Más tarde, me comunican que la fecha de desahucio se retrasa a marzo por mi situación de vulnerabilidad y tener hijos a cargo, por lo que seguí en búsqueda de vivienda”, señala antes de dejar claro que no tiene posibilidad de vivir con ningún familiar porque todos están “en pisos pequeños o con hijos”. “Mi hermana se está haciendo cargo de mi madre, que está enferma, de su hija y de su nieta pequeña”, aclara.

En febrero, un panorama que era gris se oscureció todavía más. “Una persona [se hacía llamar David] me habló por Messenger ofreciéndome un piso. Sabía que lo necesitaba porque yo había puesto anuncios en Facebook y diferentes páginas webs, ya que las inmobiliarias no me daban solución. La vivienda era preciosa, justo en la zona que yo quería, en la Praza da Miñoca, y el precio era ideal, por lo que nos intercambiamos los números de teléfono. Me dijo que vivía gente en él y que se iría a finales de mes. Me fie de él porque lo conocían los padres de los amigos de mis hijos: resulta que, hace años, era vecino de mi barrio, en la zona de Castrelos”, apunta.

Para no quedar con ella en persona y enseñarle el piso que ofrecía, “decía que estaba confinado porque había positivos en coronavirus en su empresa”. “Lo tenía muy bien montado. De hecho, se lo hizo a mucha gente, lo sé por Facebook. A los pocos días, me dijo que, si quería el piso, tenía que pagarle una señal de 490 euros y que me los devolvería, dinero que logré juntar gracias a un amigo y vendiendo muebles de mi casa, como la cama, una mesa, un armario... El piso se quedó medio vacío. Y claro, la ayuda del Concello tarda 10 días en gestionarse desde que encuentras el piso, por lo que no pude esperar. Más tarde, me pasó un papel con sus datos y su cuenta corriente para que el Concello le ingresase la fianza y el primer mes. Y así fue”, comenta.

El 28 de febrero, “empezó con las excusas”, comenta Verónica, que había quedado con él en entrar al piso el 1 de marzo, lunes: “Primero, me dice que los inquilinos le pidieron quedarse un día más. El martes, que iban a limpiar la casa con ozono. El miércoles, minutos antes de la hora fijada para ver el piso, que su madre tuvo que ser operada de urgencia y está con ella en el hospital. Al día siguiente, que todavía estaba en el hospital. El viernes, quedamos en el portal: tarda mucho en llegar y veo que no me da señal su teléfono y no le llegan mis wasaps. Al fijarme en los telefonillos, me doy cuenta de que no existe el piso que me había dicho. Horas después, me explica que se había equivocado de letra –la D por la B– y que no puede quedar porque ha tenido un accidente, hasta me pasa la foto de un brazo escayolado”.

Finalmente, resultó ser una estafa. “Se quedó los 490 euros que le di y el dinero que le ingresó el Concello: en total, 1.500 euros. Entonces, fui a presentar una denuncia. Para mi sorpresa, el Concello me dice que no lo va a denunciar, pero que, en caso de juicio, sí podrían apoyarme. Afortunadamente, han vuelto a retrasar la fecha de desahucio al 9 de mayo, pero sigo en la misma situación. Estoy desesperada, la prestación de 430 euros se me acaba el mes que viene. Necesito encontrar un trabajo para poder tener acceso a un lugar en el que vivir. Si no lo consigo, ya me han advertido los servicios sociales del Concello de Vigo que me quitarán la custodia de mis dos hijos, y no me ayudan a encontrar una vivienda, me dicen que me busque la vida. Ahora, estoy haciendo prácticas no remuneradas en un supermercado, ojalá me pueda quedar. Yo no quiero vivir del cuento, sino dignamente, con un trabajo estable”, finaliza.

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