Medidas contra el covid-19

¿Por qué hay países más estrictos que otros en la lucha contra la pandemia?

  • No hay medida que por sí sola sea capaz de frenar los contagios del covid; todo depende de una compleja combinación de decisiones a pequeña y gran escala

  • Mientras Australia aplicó una estrategia drástica para frenar en seco los contagios, Europa ha ido relajando y endureciendo las medidas según la situación epidemiológica

Viajeros y trabajadores participan en un minuto de silencio en el primer aniversario del cierre nacional por covid-19 en la estación de Waterloo, en el centro de Londres.

Viajeros y trabajadores participan en un minuto de silencio en el primer aniversario del cierre nacional por covid-19 en la estación de Waterloo, en el centro de Londres. / TOLGA AKMEN (AFP)

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Valentina Raffio
Valentina Raffio

Periodista.

Especialista en ciencia, salud y medio ambiente.

Escribe desde Barcelona.

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Hace ya un año que la humanidad intenta convivir (o sobrevivir) al coronavirus. Y si algo hemos aprendido en todo este tiempo es que, desgraciadamente, no hay una medida estrella que por sí sola pueda frenar los contagios de covid-19. Todo depende de una compleja combinación de decisiones a pequeña y gran escala; desde las políticas de prevención institucionales aplicadas para reducir la expansión del virus hasta la responsabilidad individual que, al fin y al cabo, influye en su cumplimiento. Esta complicada ecuación, además, también ha tenido que armonizarse con un todavía más complicado equilibrio  socioeconómico (pues detrás de un cierre derivado de la pandemia hay una innegable pérdida económica y detrás de cada medida de restricción social hay un daño a la salud física, mental y emocional de la población).

Cada país se ha enfrentado a este dilema de manera diferente. Australia, Nueva Zelanda, China y Corea del Sur, por ejemplo, han aplicado una estrategia 'covid cero'; basada en medidas estrictas, cribados masivos y drásticos cierres hasta lograr cero casos de covid-19 durante al menos un mes. En España, Italia y Francia, en cambio, han optado por ir endureciendo y relajando las medidas en función del crecimiento de los casos; pasando del confinamiento total de principios de la pandemia a la desescalada del verano a los cierres parciales de después de Navidad. Es decir, mientras unos han optado por frenar completamente el tren antes de reprender su camino, otros han intentado seguir con la carrera intentando que el tren no descarrilara.

¿Pero qué es más efectivo; cerrar una escuela o los bares? ¿El toque de queda o las limitaciones de aforo? ¿El fomento de burbujas de convivencia o las restricciones de movilidad? Complicado responder con absoluta certeza a esta cuestión, ya que muchas de las medidas aplicadas hasta la fecha se han superpuesto en el tiempo (por lo que no tenemos una evaluación individual de cada una de ellas). Aun así, un reciente estudio publicado en la revista 'Science' concluye que las herramientas más efectivas durante la primera ola fueron aquellas enfocadas a reducir la interacción social. Limitar las reuniones de más de 10 personas, por ejemplo, redujo hasta un 42% la expansión del virus (pues a menos contactos sociales, menos posibilidades tiene el virus de pasar de una persona a otra).

¿Hacia una cuarta ola?

Llegados a este punto de la historia, y tras un año de convivencia con ‘el bicho’, son muchos los que se preguntarán cuál es el criterio para endurecer o aflojar las medidas. Una vez más, la respuesta es espinosa. La Organización Mundial de la Salud (OMS) propuso utilizar el índice de positividad por encima del 5% (el porcentaje de casos positivos detectados sobre el total de pruebas realizadas) para saber en qué momento la pandemia se descontrolaba. Asimismo, el Ministerio de Sanidad estimó que una incidencia superior a 50 casos por cada 100.000 habitantes en catorce días era sinónimo de un elevado riesgo pandémico. Así que en cuanto estos indicadores se tiñen de rojo, tomar medidas se vuelve imprescindible.

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En estos momentos, todo apunta a que el virus ha vuelto a coger fuerza. Sobre todo en Europa, donde los contagios han aumentado hasta un 12% en la última semana. Este incremento de casos, que en breves podría convertirse en una cuarta oleada de contagios, se explica por diferentes razones. "En Europa se está dando una combinación que favorece la transmisión como, por ejemplo, las presiones para reabrir las economías, las dificultades para cumplir con las medidas en vigor, así como la distribución no equitativa de las vacunas y el surgimiento de variantes más contagiosas", resumió este lunes Maria Van Kerkhove, portavoz de la OMS, respecto a la situación del viejo continente.

Una vez más, cada país intenta hacer frente a esta situación a su manera. Alemania, Francia e Italia, por ejemplo, ya empiezan a cerrar comercios, endurecer restricciones y hasta cerrar fronteras para reducir los contagios. En España, por ahora, la situación epidemiológica no es tan grave como en los países vecinos. Aunque los indicadores muestran que, poco a poco, el virus empieza a crecer.