Sexo más allá del coito

"La palabra 'preliminares' debería ser eliminada del vocabulario sexual"

  • Situar la penetración en el centro tiene implicaciones sobre el bienestar sexual

  • Las sexólogas reivindican que el sexo empieza con la primera caricia

Los “preliminares” no existen: ‘Clímax’ de Jüne Plã reivindica todo lo que hay más allá de la penetración en el sexo.

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Miriam Lázaro

Durante varios años Jüne sintió que ella y su sexualidad no iban al mismo tiempo. Había algo que no funcionaba y Jüne no sabía bien el qué. Todas sus parejas seguían siempre el mismo compás: preliminares, coito y orgasmo. Un guion aburrido con un protagonista indiscutible: el pene. Y un claro objetivo: la penetración. Jüne no sentía placer durante esas relaciones y durante mucho tiempo pensó que el problema era suyo. Entonces conoció una persona para quien la penetración no era la meta, sino una opción más. Resultó que sí que le gustaba el sexo y que había mucho placer por descubrir fuera de ese desgastado guion. Al darse cuenta, Jüne se propuso crear un manual para mostrar que hay vida más allá del coito.

'Clímax: cartografía del placer', escrito e ilustrado por la ilustradora francesa Jüne Plã (editado por Oberon en castellano y Cossetània Edicions en catalán), es una guía para dar y recibir placer sin recurrir a la penetración. El libro cuenta con una serie de ilustraciones que describen diferentes maneras de estimular los genitales y otras zonas erógenas del cuerpo, lo que que normalmente llamamos preliminares. Y ahí radica el error: “Creo que en la sexualidad, la palabra ‘preliminares’ debería ser eliminada. Ya que para mí, que tengo clítoris, los preliminares son la mejor manera de alcanzar el orgasmo”, comenta la autora del libro. 

La palabra “preliminares” implica, indirectamente, que se trata de algo que precede a lo que de verdad importa. Un punto de vista masculino, pues es justo durante los “preliminares” cuando la mayoría de mujeres encuentran el placer. La sexóloga Carme Sánchez lo tiene muy claro: “Cuando vemos una película, generalmente la situación es: el hombre encima, la mujer debajo, un par de empujones y llegan al orgasmo a la vez. Y eso no es así.

La mayoría de mujeres necesitan una estimulación antes, durante y después de la penetración para llegar al orgasmo”. Hemos crecido viendo imágenes de orgasmos solo a través del coito y sin casi contacto físico entre los involucrados. Unas expectativas irreales que hacen mucho daño a la sexualidad tanto de mujeres como de hombres. En comparación, el sexo real es a menudo complicado, torpe y confuso

Sexo sin género

El manual del placer de ‘Clímax’ habla de sexo de manera inclusiva. La autora no hace referencia en ningún momento a orientaciones sexuales ni a géneros, centrándose solo en las distintas zonas erógenas de cada cuerpo. Este planteamiento supone un paso adelante para romper con la heteronormatividad que impera en la mayoría de libros sobre sexualidad.

Brecha de orgasmos

Según un estudio publicado en 2018 en la revista ‘Archives of Sexual Behaviour’, las mujeres heterosexuales llegan al orgasmo un 65% de las veces durante el sexo. En cambio, las mujeres homosexuales un 86%, y los hombres heterosexuales, un 95% de las veces. Sánchez explica que esta “brecha del orgasmo” se debe a que las lesbianas conocen mejor sus propios cuerpos y los de sus parejas. Además, experimentan mucho más durante las relaciones. En cambio, las mujeres heterosexuales se centran más en el hombre y recurren más al coito. El resultado: menos orgasmos y relaciones más insatisfactorias.

Hay parejas que tienen una buena comunicación emocional, pero no sexual

Carmen Sánchez, sexóloga

Sánchez afirma que, en general, “no conocemos bien nuestros cuerpos ni los de nuestras parejas”. Muchos problemas que llegan a las consultas de sexología pueden solucionarse, sencillamente, con una mejor comunicación. “Es sorprendente. Hay parejas que tienen una buena comunicación emocional, pero no sexual”.

Nuestro gran error en el sexo es confiar en la intuición, esperar que el otro adivine lo que deseamos. El sexo no es telepático. El camino a una mejor sexualidad empieza por conocernos a nosotros mismos y, después, comunicar claramente lo que nos gusta y lo que no. Así, generamos el clima de complicidad necesario para experimentar y salir de la zona de confort. El sexo debería ser relajado, confiado y libre. Con más lugar para el ridículo, el sentido del humor y la originalidad.

El tabú de la estimulación prostática

El coitocentrismo y las falsas expectativas en torno al sexo también afectan a los hombres. Sánchez explica que el rol patriarcal masculino exige que el hombre domine la relación sexual, establezca los tiempos y “cumpla”. No hay espacio para la vulnerabilidad, para una libido variable ni para la sensibilidad. La presión y la ansiedad anticipatoria por satisfacer ese rol de “macho” generan una sexualidad insana y tensa.

Jüne Plã comparte en su Instagram testimonios de chicos que han tenido problemas de erección o de eyaculación. La mayoría coinciden en lo mismo: el problema surgía de la presión por cumplir los estereotipos y satisfacer a sus parejas solo con la penetración. “Cuando se desmitifica el coito y los hombres ven que pueden dar placer a sus parejas por otras vías, las relaciones se vuelven más gratificantes y menos estresantes” cuenta Sánchez.

Además, esta obsesión por la penetración hace que los hombres no exploren otras zonas erógenas de su cuerpo. La estimulación prostática sigue siendo el gran tabú del hombre heterosexual. Mencionar la próstata a un grupo de hombres heterosexuales casi siempre asegura un silencio incómodo y bromas homófobas. “No sabéis lo que os perdéis al no practicar el sexo prostático. El orgasmo es muy diferente y muy intenso” defiende Jüne Plã. En Clímax, la autora reivindica la estimulación prostática en relaciones heterosexuales. Y es que, ¿por qué no aprovechar todo el placer que el cuerpo puede proporcionar?

Invertir los roles tradicionales

Pensar en el sexo más allá del coito también permite invertir los roles tradicionales. En el imaginario sexual popular el hombre participa en la relación de forma activa. La mujer, en cambio, de forma pasiva y sumisa. El hombre no se entrega al control de la mujer. Gracias al movimiento feminista, las mujeres han reclamado su placer y su derecho a tener un rol más activo y dominante en las relaciones, pero muchos hombres aún no se han reconciliado con la vulnerabilidad y la pasividad en el sexo. “Pienso que hay que abrazar la vulnerabilidad durante el sexo. Comunicar cómo nos sentimos. Solo así conseguiremos una sexualidad menos dolorosa y culpabilizante”, comenta Jüne Plã.

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Hay que abrazar la vulnerabilidad durante el sexo

Jüne Plã, autora de 'Climax'

Quizá es el momento de que los hombres empiecen a hablar abiertamente sobre sexo más allá de las “conquistas” del fin de semana. El feminismo ha creado espacios en los que las mujeres han podido poner en común sus vulnerabilidades y analizar su posición en las relaciones románticas y sexuales. ¿No deberían los hombres iniciar un debate sobre sus miedos, los estereotipos que les perjudican y qué tipo de relaciones desean tener?