Conflicto patrimonial

Las últimas obras de arte sacro de la Franja salen del Museu de Lleida

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Natàlia Farré
Natàlia Farré

Periodista

Especialista en arte, patrimonio, arquitectura, urbanismo y Barcelona en toda su complejidad

Escribe desde Barcelona

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A las 9.20 horas, 10 minutos antes de lo previsto, ha llegado el camión para trasladar las últimas obras del Museu de Lleida a Barbastro. Cuarenta y dos piezas, las mejores de las 111 afectadas por la ejecución provisional de sentencia de los bienes de la Franja en disputa entre Catalunya y Aragón. Día soleado pero de ambiente gélido. Frío. Triste. En la soledad más absoluta han ayudado los trabajadores del museo a cargar las piezas, como han hecho en las tres entregas anteriormente realizadas (el 15 y 22 de febrero, y el 5 de marzo). Nadie, ni uno de los patronos del museo. Ni la ‘consellera’ de Cultura, Àngels Ponsa, presidenta del consorcio y con todas las competencias sobre el patrimonio catalán; ni el alcalde de Lleida, ni los responsables de la Diputació y Consell Comarcal; ni el obispo, propietario de las obras (hasta que la sentencia del juzgado de primera instancia de Barbastro dijo lo contrario). 

Un escenario completamente opuesto al del 11 de diciembre de 2017, cuando la Guardia Civil irrumpió en el museo para requisar las piezas de Sijena. Entonces, en plena campaña electoral, hubo desfile de políticos. Y grandes manifestaciones de indignación y apoyo. Esta mañana, el camión ha partido solo. A las 10.30 horas ha puesto rumbo a Barbastro bajo la atenta mirada de periodistas y conservadores; y con discreta escolta policial de los Mossos. Una triste despedida para unas obras desechadas por los párrocos de las iglesias de la Franja en su momento y recuperadas del abandono y la carcoma por el obispo Josep Meseguer (1843-1920) a finales del XIX y principios del XX. De esta soledad y falta de apoyo, las críticas: “No hemos hecho nada más desde el principio que llamar a puertas que no se nos abrían”. 

Ofrenda de claveles rojos en la puerta del Museu de Lleida tras la marcha de las últimas obras de arte sacro con destino a Barbastro. 

/ Jordi V. Pou

Manifiesto y claveles rojos

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Así han empezado los parlamentos el Cercle d’Amics del Museus –“la única herramienta de resistencia ante el abuso”, según ellos-, el acto reivindicativo organizado por la entidad después de la marcha de las piezas, y en el que las autoridades se han hecho, por fin, de cuerpo presentes. Manifiesto con el lema 'Recuperémoslas' y clavel rojo para dejar a la puerta del centro como ofrenda. Y mucha crítica pero poca autocrítica. Los reproches, básicamente dirigidos contra Ponsa. “Nos habéis abandonado”, “Gracias por nada” y “No sois bienvenidos” han sido las frases más coreadas por los convocados, unos 400. La ‘consellera’ ha aguantado el chorreo estoicamente, y los manifestantes no han perdido las formas. Ni cuando una espontánea ha afeado directamente a Ponsa su actitud: “Las autoridades han de comprometerse con nosotros. No han hecho nada. Nos deben una explicación”. No la ha habido y la autocrítica ha sido poca: “Hemos trabajado más que hemos explicado”, ha afirmado la ‘consellera’ sin convencer. 

Luego han llegado las promesas de un programa ambicioso para el museo y de pleitear hasta Europa para recuperar las obras. Y la petición por parte de los convocados de que el Parlament se comprometa a ello. Buenas palabras promesas de unidad para trabajar por un mismo objetivo. El “reconocimiento, calor y compromiso” del público ha sido para Salvador Giménez. “En estos años hemos tenido obispos de toda clase, y dos que han actuado a favor de Lleida, los obispos Francesc Xavier Ciuraneta y Salvador Gimenez”, ha manifestado el Cercle. Aplausos y asentimiento de este último, dispuesto a sufragar el litigio hasta que las piezas vuelvan.