Conflicto patrimonial

Lleida llora la marcha del arte sacro

  • La salida este miércoles de las últimas 42 piezas de las 111 de la Franja en litigio entre Catalunya y Aragón sume a la capital del Segrià en la tristeza

  • Los ciudadanos culpan a los políticos de la pérdida del arte sacro: “Nos pensábamos que estábamos bien representados para defender las obras y no lo estamos”

Victòria y Pepita, dos de las visitantes asiduas del Museu de Lleida, frente al vacío dejado por el frontal de Sant Vicenç de Tresserra, este martes. 

Victòria y Pepita, dos de las visitantes asiduas del Museu de Lleida, frente al vacío dejado por el frontal de Sant Vicenç de Tresserra, este martes.  / Jordi V. Pou

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Natàlia Farré
Natàlia Farré

Periodista

Especialista en arte, patrimonio, arquitectura, urbanismo y Barcelona en toda su complejidad

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Tristeza y rabia es lo que se respiraba este martes en el Museu de Lleida. Y algo de autocrítica y, también, de crítica. “Lleida no ha respondido. Los ciudadanos no hemos sabido estar a la altura para defender un patrimonio que no fue robado”. Hasta aquí el mea culpa de Victòria y Pepita, dos octogenarias llenas de energía y asiduas a la pinacoteca. Después de la autocrítica, el ‘Yo acuso’: “La gente del pueblo nos pensábamos que estábamos bien representados para defender las obras y no lo estamos”. Más: “Los políticos no han hecho nada”. Y varapalo a la Iglesia: "No puede ser que los dos obispos no se pongan de acuerdo. Hacen que perdamos la poca fe que nos queda". De "expolio" hablaba Carmen, otra de las visitantes de esta mañana al museo. Poco más. Un grupo de estudiantes y mucha soledad. "Hay mucha gente que está tan triste por lo que está pasando que prefiere no verlo", sostenían las mujeres. 

Y lo que está pasando es la ejecución provisional de la sentencia en primera instancia del litigio por las 111 obras de arte sacro de la Franja que se disputan Catalunya y Aragón, más concretamente los obispos de Lleida, Salvador Giménez, y de Barbastro-Monzón, Ángel Pérez. Tras el fallo favorable a Aragón, en diciembre de 2020, el tribunal ordenó la marcha de las piezas que custodia el Museu de Lleida (antes Diocesà) hacia Barbastro. Si las instancias superiores (Audiencia Provincial y Tribunal Supremo) se decantan a favor de Catalunya, ya cogerán el camino de vuelta. De manera que este miércoles partirán las últimas 42 obras, las de más valor, será el último viaje de una entrega que se ha hecho por capítulos (15 y 22 de febrero, y 5 de marzo) e intentando no hacer ruido. "Lo más triste es la concertación del silencio", afirman desde el Cercle d'Amics del Museu de Lleida. De ahí la soledad.

El frontal de Sant Vicenç de Tresserra, una de las piezas maestras de las 111 obras de arte sacro en disputa.

/ Jordi V. Pou

Agotar la vía judicial

La entidad está dolida, con todo el estamento político pero sobre todo con la ‘consellera’ de Cultura, Àngels Ponsa. Y su inacción. Ni se la ha visto por el museo ni ha opuesto resistencia alguna a la marcha de las obras. “No le pedíamos que desobedeciera pero sí una posición firme en defensa del patrimonio”. no la ha habido.  De lo poco dicho por ella sobre el tema está el escudarse en la decisión del obispo de entregar las obras. Decisión que no es diferente a la que tomaron sus predecesores (aunque el actual mitrado está dispuesto a ir hasta el final por la vía judicial, los anteriores no); la que no es la misma es la actitud de la Conselleria, antaño firme en acatar la ley catalana de patrimonio que impide la salida de las obras. Ninguno de los que antecedieron en el cargo a Ponsa abrieron la puerta del museo. No en vano el obispado puede tener la propiedad de las piezas, puesta en entredicho por la sentencia, pero la Conselleria tiene todas las competencias en materia de patrimonio. 

“Entre el silencio de ahora y Sijena hay un camino en medio de resistencia, se tenía que haber resistido un poco más”, sostienen desde el Cercle d’Amics del Museu al tiempo que afirman que las cosas se están haciendo de forma “vergonzosa”. Y piden mirar al futuro: “Lo que hay que ver es qué podemos hacer a partir de este momento”. Desde la Conselleria ya han anunciado que los vacíos se llenarán con obras del MNAC. Nada nuevo y que no se haya hecho en el pasado. El Consorci del Museu - formado por la Conselleria de Cultura, la Paeria, la Diputación de Lleida, el Consell Comarcal del Segrià y el obispado de Lleida- ha reiterado su “compromiso” de “agotar todas las instancias judiciales, tanto nacionales como internacionales”. Y el Govern ha acordado dar todo el apoyo. Hay esperanza en su vuelta: “¿Por qué no? La sentencia es un delirio”. 

La arqueta de Sant Hilari de Buira, una de las piezas más valoradas del Museu de Lleida que ha marchado hacia Barbastro.

/ Museu de Lleida

Paredes desnudas

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De momento, un jarro de realidad: “Entrar en el museo y ver los vacíos creados es bastante impresionante”, lamentan desde la entidad. Y es que ayer lunes se retiraron las obras en exposición para prepararlas para el traslado, de manera que este martes la pinacoteca ha amanecido con grandes desnudos en sus paredes. Donde antes lucía el frontal de Sant Vicenç de Tresserra, ahora hay la nada. Lo mismo pasa con el frontal de  Sant Hilari de Buira; el retablo de Sant Antoni Abat de la iglesia (que no monasterio) de Sijena, y las tablas ‘Nacimiento y Epifanía’ de Binaced.  Tampoco presidía en su sitio, la Virgen de Saidí, otra de las piezas importantes. La escultura de piedra policromada cumplía uso litúrgico en la iglesia de Sant Llorenç desde 1940. Los feligreses pudieron encomendarse a ella por última vez durante la primera misa de ayer, aunque la peana sigue en su sitio haciendo más sepulcral, si cabe, el silencio.  Son las cicatrices de un litigio que lleva en activo desde 1995, y que promete alargarse en el tiempo. 

¿Cómo se ha llegado hasta aquí? “Empezó la Iglesia con una partición del obispado de Lleida y su incapacidad de pactar una salida cooperativa, más bien lo contrario, y luego llegaron los políticos excitando las bajas pasiones y creando un falso imaginario”, afirman. Sea como sea, mañana volverá a haber concentración, convocada por el Cercle d’Amics del Museu, a la puerta del museo para despedir las últimas piezas, como la hubo el 11 de diciembre de 2017 por las obras de Sijena. Pero mañana, a diferencia de entonces, no se espera a la Guardia Civil entrando bajo el amparo del 155 ni a los políticos haciendo parada en plena campaña electoral. Sí estarán Victòria y Pepita, como lo estuvieron hace tres años, aunque esta vez un poco más desilusionadas. Y, sobre todo, “tristes y enfadadas”.