El llanto de bares y restaurantes a las cinco de la tarde

La ampliación horaria que sigue prohibiendo dar cenas en Catalunya es recibida con resignación

"Hay que resistir. Somos ocho familias, hay que aguantar como sea. No queda otra", comenta la propietaria de la Llesca de Bailén

Una terraza abierta en una plaza de Gràcia, en Barcelona.

Una terraza abierta en una plaza de Gràcia, en Barcelona. / RICARD CUGAT

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Oriol Lara

Un lamento ha recorrido bares y restaurantes de Catalunya la tarde de este lunes de estreno con alargamiento horario hasta las cinco de la tarde, el que impide, sin embargo, dar de cenar para frenar los efectos de la pandemia. Las persianas se levantaron con resignación a las 7.30 horas, como establece la normativa covid, con la mirada puesta en las 17 de acuerdo con lo aprobado por el Govern el pasado jueves.

Se vivió como un alivio para uno de los sectores más afectados por la pandemia, aunque los restauradores lo sintieron escaso. Ya el pasado febrero el Gremio de Restauración de Barcelona pidió abrir hasta más tarde ante la imposibilidad de hacer frente a los gastos de sus negocios. Diana Lama de 38 años, propietaria del bar La Llesca de Bailén, es una de las muchas restauradoras afectadas por el toque de queda y las continuas restricciones a las que deben hacer frente. Aunque el local funciona, su cuota se ha visto reducida drásticamente puesto que su mayor actividad iba de las seis de la tarde a las 12 de la noche. Con el cierre de las 17 horas nada ha cambiado: “Siguen siendo muchas horas en las que no facturamos yse pierde mucho dinero. Sin esta franja horaria se llega justo para cubrir gastos”, expone la mujer. Además, a esto se le une que su bar, con el que lleva 25 años a cargo, no hace servicio a domicilio. "Nosotros somos de mesa y tapas, en su momento ni nos planteamos llevarlo a cabo", cuenta.

Poca incidencia

El propietario del Obrador Sant Pere, Federico Escolano, entiende que igualmente no hay mucha actividad: "Las franjas no van a mejorar mucho lo que había antes. La ampliación es mínima", explica Escolano. En la misma tesitura va Marta Reixac, administradora del restaurante ATN que se ubica en la plaza de la Vila de Madrid, que tampoco cree que vaya haber un aumento de consumo. "En nuestro caso, aunque abran las franjas horarias, lo que necesitamos es que la gente vuelva a recuperar la confianza y deje de tener miedo". En ambos casos, trabajan bajo mínimos. Reixac, con ella misma y dos más; Escolano, con su mujer y un cocinero. Los dos restauradores también coinciden en que la poca actividad viene dada por la falta de turismo, el teletrabajo y la incertidumbre. "Es una suma de factores. Aquí se echa de menos al turista, porque el gasto del turista es distinto al gasto del local. Pero ahora con el teletrabajo, tampoco vienen los oficinistas que venía a comer antes", lamenta la del ATN, que va tirando con el menú diario y los clientes habituales de siempre.

No tiran la toalla

El cierre prolongado de sus locales ha hecho que muchos hayan tenido que vaciar sus ahorros y pedir créditos Ico para sobrevivir. Es el caso de los hermanos Felipe y Enrique Yagüe, con más de 40 años al mando del restaurante Yagüe, ubicado en la calle de Girona. “Hemos puesto dinero para sobrevivir. Los 30.000 euros ahorrados puestos de mi bolsillo los voy a perder, y ahora he pedido un Ico de otros 40.000 y a ver qué pasa”, comenta uno de los hermanos. Con 130 años de historia del local y con la jubilación a la vuelta de la esquina, hay cosas que no terminan de entender: "En Madrid están igual que nosotros y ahí no han cerrado nada, está todo abierto. Aquí, ¿por qué nos han cerrado de 10:30 a 13:00 horas y ahora podemos abrir?, se preguntan con indignación ambos hermanos. "En octubre, noviembre y diciembre casi no hemos trabajado. Solo funciona cuando tenemos la terraza abierta. Un día normal no viene nadie", afirma el italiano Pepe Scognamiglio, que trabaja en el local de su hermano (La Piazzeta del Pi).

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"Los 30.000 euros ahorrados que he puesto de mi bolsillo los voy a perder, y ahora he pedido un Ico de otros 40.000 y a ver que pasa”

Felipe Yagüe, propietario del restaurante Yagüe

Además de las deudas, los propietarios tienen muchos de sus trabajadores en Erte. Así, Marta Reixac, del restaurante ATN, tiene a siete de sus 10 empleados en está situación. Diana Lama, por su parte, tenía nueve trabajadores de los cuales tres se hallan en Erte y una se fue. Como los hermanos Yagüe, Lama tampoco se rinde y sigue delante pese a la dureza de la situación. "Tenemos suerte porque muchos compañeros han cerrado. Hay que resistir. Somos ocho familias, hay que aguantar como sea. No queda otra", sentencia la restauradora Lama.