Las abuelas del alcohol

  • Mujeres adultas intentan superar esta adicción en un programa de Projecte Home

Los terapeutas de Projecte Home.

Los terapeutas de Projecte Home.

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J.F. Mestre

El alcohol no distingue edades. Produce adicción tanto a los jóvenes como a los más mayores. Pero no todos tienen la misma facilidad para aflorar el problema y, sobre todo, para buscar una solución. El ejemplo más claro son las mujeres de avanzada edad, las que se denominan las «abuelas del alcohol», que han estado bebiendo durante años, casi siempre de forma clandestina, hasta que llega un momento en el que no les queda más remedio que buscar ayuda para salir de esta situación. Y la ayuda la encuentra en el Projecte Home, que desarrolla programas de desintoxicación para que estas personas puedan convencerse de que el alcohol no es una solución para afrontar los problemas. El programa, además, es accesible a todas las personas alcohólicas, tanto las que tienen recursos económicos, como a las que no.

En el tratamiento de adicciones, sobre todo a las drogas, la proporción de enfermos que inician un programa para superar esta situación es de una mujer por cuatro hombres. Sin embargo, en el alcohol es distinto. La proporción de géneros es prácticamente la misma, incluso en estos momentos puede que haya más mujeres alcoholizadas que hombres, según asegura Antoni Parets, uno de los responsables del centro.

Cada alcohólico tiene una problemática distinto y ello obliga a los terapeutas a iniciar un proceso muy específico. Se busca el origen y la razón por la que estas personas beben. Pero en las mujeres de avanzada edad que han caído en el alcohol siempre existen algunos denominadores comunes. Son mujeres que se han sometido a una sociedad patriarcal, donde se han encargado de cuidar a su marido, a sus padres y de educar a sus hijos. La mayoría de ellas no trabaja y han sido infelices en su matrimonio, y de allí que buscaran refugio en el alcohol para intentar olvidar.

El acceso al alcohol es fácil y esta adicción se puede esconder, ya que la mayoría de estas mujeres beben en casa. No necesitan ir a un bar para tomar una copa. Prefieren comprar el alcohol y tomarlo en casa, y si es posible a escondidas de sus familiares, para que no se den cuenta que son alcohólicas y que no pueden dejar de beber.

El proceso que realiza Projecte Home para superar esta adicción se conoce como programa Itaca y cuenta con dos itinerarios. El primero se conoce como comunidad terapéutica y el otro es un programa ambulatorio. El adicto llega al centro de diferentes formas y con distintos grados de alcoholismo. Está el consumidor que bebe todos los días, o incluso solo los fines de semana, pero que mantiene sus vínculos familiares y su trabajo, al que ya lo ha perdido todo debido al alcohol. Por tanto, existe el programa ambulatorio donde el adicto acude a terapia varios días por semana, y otro en el que el alcohólico reside en el centro de Projecte Home y se somete al programa de desintoxicación. El objetivo, en ambos casos, es el mismo: dejar atrás el pasado y olvidarse del alcohol. Los terapeutas exigen compromiso y, lógicamente, una absoluta abstinencia.

Los resultados de ambos programas son muy positivos, aunque siempre existen casos de personas que recaen en el problema.

Alcohólicas

En este reportaje tres de las «abuelas del alcohol» explican sus vivencias y de qué forma se convirtieron en alcohólicas. Las tres han llevado caminos distintos, pero les une un denominador común: han sido infelices.

Laura (nombre ficticio) tiene 73 años de edad. Hace un mes que inició el tratamiento y desde entonces no ha vuelto a tomar ni una gota de alcohol. Se casó muy joven y crió cuatro hijos, pero asegura que nunca fue feliz. Su marido no la entendió, ni tampoco la ayudó. Ahora ni se plantea separarse porque su esposo está enfermo y «no vale la pena». Esta mujer empezó bebiendo una copa de vino en la comida, pero la situación se descontroló. Ya bebía en ayuno, sin nada en el estómago, por lo que el alcohol le hacía más efecto. «Había perdido la ilusión, bebía y me quedaba toda la tarde en el sofá, sin querer hacer nada», asegura la mujer, que aclara que ella apenas ha pisado un bar, sino que siempre ha consumido en su casa. «Además a mí solo me gustaba el vino, nada más». Fueron sus hijos los que se dieron cuenta de que su madre había cambiado y lo atribuyeron al alcohol. Y fueron ellos los que convencieron a su madre de que debía buscar una salida para superar la situación. La mujer no se arrepiente de su ingreso, sino todo lo contrario, y está segura que superará el programa, que tiene una duración de un año.

Antonia (nombre ficticio) tiene 63 años y también es una mujer que se ha sentido infeliz en su vida de matrimonio. Ella siempre ha trabajado y ha tenido independencia económica, pero le costó mucho tiempo tomar la decisión de separarse. «Yo era madre, trabajadora, cocinera, maestra, cuidadora, lo era todo», señala. La mujer confiesa que empezó a beber por desilusión, pero ya al final ya no podía controlarse. Bebía más de un litro y medio de vino diario, pero lo hacía siempre en casa, al volver del trabajo. El confinamiento, además, empeoró la adicción. «Estaba decepcionada de la vida y quería marcharme». Antonia no tiene ningún recuerdo feliz de su matrimonio, aunque ya lleva unos años separada. «Era una discusión diaria y yo utilizaba el alcohol para poder aguantar la situación». Nunca fue maltratada, pero tampoco recibió cariño, ni apoyo. Se convirtió en una persona solitaria y alcohólica. Ahora lleva algo más de un mes de tratamiento en Projecte Home y asegura que ha vuelto a recuperar la ilusión. «Ya no me acuerdo ni siquiera por qué bebía, porque ahora ya no necesito hacerlo». Aceptó el tratamiento porque la convencieron sus hijos y reconoce que no ha sido sencillo confesar a sus compañeros de trabajo, aunque no tanto con la familia, que era alcohólica y que tenía que buscar una solución. Y es que precisamente la vergüenza, en ocasiones, se convierte en un obstáculo para terminar con esta adicción. No es fácil para una persona confesar ante sus allegados que es una alcohólica y que no puede dejar el alcohol.

Carmen (nombre ficticio) tiene 62 años. Está divorciada y habla con orgullo de sus tres hijos y sus dos nietos. Es la típica mujer que se casó muy joven, con 20 años, para salir de la casa de sus padres, donde el ambiente era complicado. Pero al poco tiempo de casarse se dio cuenta que su marido no la iba a hacer feliz, y no se equivocó. Empezó bebiendo en las comidas, como muchas personas, pero después el consumo fue en aumento. Antes de iniciar el programa Itaca llegaba a beber más de dos litros de cerveza al día. «Y es que en casa me aburría y bebía», asegura.

Esta mujer afirma que su marido fue una persona muy celosa, que hizo todo lo posible para apartarla, no solo de sus amigos y compañeros, sino también de su familia. Ella se arrepiente de haber aguantado tantos años esta situación, pero no puede cambiar el pasado. Ahora afirma que está centrada en el futuro, que quiere dejar de ser alcohólica, depender de una botella de cerveza y ser feliz.

En la calle tiradas

Ninguna de estas mujeres es la típica persona que puedes encontrar tirada por la calle junto a un cartón de vino. Ellas, por fortuna, han mantenido su estructura familiar, e incluso su trabajo. Aun así eran alcohólicas que no necesitaban entrar en un bar para beber porque preferían quedarse en casa consumiendo, sin que nadie las viera.

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Lo que tienen claro estas mujeres es que han aprendido en Projecte Home que no hay adicción que no se pueda superar, y aunque es duro, se puede y se debe dejar atrás el alcohol. Pero reconocen que para ellas no ha sido fácil iniciar el camino de la desintoxicación porque por su condición de mujeres y madres no es fácil confesar que son adictas al alcohol. Sin embargo, una vez superado este obstáculo ahora no hay más salida que buscar una solución. Y son muchas las mujeres adultas que no saben que esta solución la pueden encontrar en Projecte Home.

Projecte Home cuenta con un amplio equipo de terapeutas que se encarga de ayudar a estas personas que han tomado la decisión de dejar el alcohol.

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