Los ‘micromachismos’, macropresentes

Los ’micromachismos’, macropresentes.

Los ’micromachismos’, macropresentes. / LNE

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Elena Campo

“‘Geniecilla’ así me llamó un concejal hoy en mi primera sesión. Mi experiencia y mi capacidad me han traído a una asesoría técnica para el diagnóstico de covid-19. Terminemos con los micromachismos”, lamentaba en Twitter una investigadora. Sigamos. En una ‘comanda’ aparecen dos bebidas: una caña y una cola ligth. En la mesa, hay una pareja de chico y chica.

¿Adivinan a quién le servirá la cerveza? Lo mismo, cuando la dieta es calórica. Una mujer tiene más probabilidades de que le coloquen el plato de ensalada aunque no lo haya pedido, que un hombre. ¿Qué es un ‘micromachismo’? Hemos consultado a una decena de profesionales sobre los micromachismos más presentes en su vida, o los que recuerdan últimamente. Y haberlos, hailos. Eso sí, el tema aún es tabú y algunos testimonios son anónimos.

“Es cuando salgo con la bicicleta por la ‘pista roja’ y, al cruzarme con ciclistas hombres me gritan que no llevo el piñón adecuado, que la rueda no está bien inflada, que no estoy en la posición adecuada...”

.“Es cuando en una reunión de trabajo lanzo una idea y nadie me hace caso, y después la copia un hombre y es aplaudido”. “Es cuando en la tienda estoy resolviendo al cliente un problema técnico, y busca la ratificación de un compañero hombre, para fiarse por completo”. “Es cuando después de una exposición me dicen que tengo una potente mente masculina en un cuerpo muy femenino”. Son situaciones cotidianas que cualquiera puede haber presenciado más de una vez a lo largo de su vida. Situaciones y actitudes que (muchas veces) han sido inculcadas en nuestra sociedad y cultura, sin que seamos plenamente conscientes de ellas, pero son machistas. Por ello es importante la divulgación ciudadana y crear conciencia.

A la psicóloga gallega Laura Morán, de 39 años, le ocurre con bastante frecuencia que le preguntan si no quiere tener hijos. “Me doy cuenta de que esta pregunta se repite en las que podrían ser madres, pero no a los chicos”, razona. Y que la gente, además, le advierte de que podría hacérsele tarde, “como si no valorasen la opción de que no quiero tenerlos”, añade.

La escritora viguesa, Premio Nacional de Literatura infantil y juvenil, Ledicia Costas, añade uno de los más recurrentes: mansplaining “que sufrimos, tanto en el contacto directo como a través de las redes sociales. Siempre suele haber un hombre preparado para explicarnos cosas, cuando ni fueron preguntados”, reconoce la autora. El anglicismo, que procede de “Men explain things to me” (”Los hombres me explican cosas”), se refiere al hábito de explicar cosas a las mujeres, con independencia de si se sabe algo del tema y usando por lo general un tono paternalista y condescendiente. Los términos ‘nenaza’, aplicado a un hombre, que se sigue usando en edades tempranas para los chicos, o ‘princesas’ para las chicas, son dos de los términos que critica la escritora. También, que en redes haya hombres cómplices “del machismo manifiesto de otros hombres”.

La educadora en Igualdad Mercedes Oliveira destaca varios casos: “Cuando voy al taller a reparar mi coche y viene un amigo conmigo, ¡el mecánico le cuenta lo que le pasa al vehículo a él y no a mí!”, afirma. “O cuando estoy con un amigo comiendo en un restaurante, pido yo la cuenta y, cuando la traen, se la entregan a él...”, añade.

Consciente de la extensión de los micromachismos, un padre gallego consultado reproducía una conversación con el pediatra de su hija: “¿Ella toma algo para los mareos en el coche? –Sí, biodramina infantil– Pues que la lleve la madre siempre en el bolso”. La responsabilidad (única) de los cuidados de la menor, recae en la madre. Otro tópico. O cuando un hombre le dice a su pareja “¿necesitas ‘ayuda’ con algo?”, en referencia a las tareas domésticas, porque se entiende que él solo ‘colabora’ en esos asuntos.

También, una madre de un chico con discapacidad reclamó en varias ocasiones al presidente de la comunidad la accesibilidad, del portal al ascensor, en silla de ruedas. “Le comuniqué al administrador que, ya por ley, se exigía el acceso. Lo reclamé verbalmente varias veces y luego por escrito. Era muy complicado... así que decidí decirle a mi exmarido, el padre del chico, que fuese a hablar con él. Así fue: tuvimos una reunión en la que hablaba yo y el administrador le contestaba a él. Eso sí, en tres meses conseguimos un adaptador universal para acceder al edificio. Ambos, el padre y yo, coincidimos en que era una actitud machista contra mi criterio”, expresa J.M.

Del mismo modo, una periodista trabajadora en un medio audiovisual, se queja de una constante en su trabajo. “Muchos entrevistados conversan (y se dirigen únicamente) al operador de cámara, hombre, que le acompaña, a pesar de que es ella quien realiza la entrevista. Y al seguir los ‘micromachismos’, como un camino hacia los grandes ‘macromachismos’, aparecen. Esa misma trabajadora, madre de dos hijas, percibe la desigualdad no tanto en el reparto doméstico de las tareas sino en las funciones ejecutivas.

“Quien se preocupa de organizar lo que hay que hacer, las cuestiones prioritarias en casa… siempre soy yo”. “La caballerosidad es el precio que aceptamos las mujeres como compensación al machismo”. Esta semana se celebraba el ‘día del piropo’ ampliamente criticado desde el feminismo, al entender, precisamente, que constituyen un ‘micromachismo’. Y de ahí las reacciones de la ultraderecha. Un portavoz de Vox en Granada: “Una mujer a la que no le gusta que le digan piropos, no es una mujer”. ¿Aún queda tanto por hacer?

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