Día de la Mujer

El lamento de muchas madres en pandemia: "La conciliación es una odisea"

  • Dos mujeres ponen voz a los problemas de conciliación que han sufrido muchas mujeres en el último año de pandemia

  • Una de ellas ha sido despedida por no cumplir con los objetivos al tener que teletrabajar y cuidar de sus dos hijos

  • La otra se enfrenta a una inspección laboral por faltar al trabajo durante una cuarentena preventiva de su hija

Una mamá acompaña a su hija al colegio.

Una mamá acompaña a su hija al colegio. / José Luis Roca

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A las puertas del 8-M, EL PERIÓDICO ha querido poner rostro a los problemas de conciliación que han tenido que afrontar muchas mujeres desde la llegada de la pandemia. La dificultad de encajar la vida laboral y familiar es un conflicto estructural en España, pero se ha visto agravado por el cierre de colegios, las cuarentenas preventivas, la recomendación de que los abuelos no cuiden de los menores y la crisis económica, que impide que muchas familias puedan contratar a un profesional. María Cleofé Pérez y Rosana Ciria explican, en primera persona, la "odisea" a la que se enfrentan:

María Cleofé Pérez: "Me despidieron por no cumplir con los objetivos mientras cuido de mis hijos"

María Cleofé Pérez, que vive en Estepa (Sevilla) ha sido despedida por no cumplir con los objetivos mientras cuida de sus hijos.

/ El Periódico

María Cleofé Pérez tenía, como ella misma explica, una “familia normal”, pero en el último año su vida se ha complicado hasta el infinito porque se le ha juntado “un divorcio, la consiguiente venta de la vivienda familiar y un accidente de tráfico”. Un cóctel al que se ha sumado que su empresa la despidió el 10 de febrero pese a que estaba de baja por estrés laboral.

Como en otros muchos casos, la llegada de la pandemia complicó su situación. Ella era gestora comercial en Estepa (Sevilla), donde vive, y su empresa le permitió teletrabajar durante el confinamiento. El problema es que trabajar a distancia en horario comercial, mientras dos niños, de 4 y 8 años, pululan por la casa, como sabe todo aquel que se han enfrentado a una situación parecida, es casi misión imposible. Además, en su caso le pilló en mitad de la mudanza, lo que complicó la situación porque tuvo que preparar el nuevo piso, donde ahora vive con sus hijos.

En horario comercial

Fueron pasando los meses y ella continuó teletrabajando, pero siendo consciente de que no cumplía “al cien por cien” con los objetivos marcados por sus jefes porque aunque el colegio se reanudó, Pérez tiene que cuidar casi todas las tardes de los niños y su trabajo continúa en ese horario. “No puedo ponerme a trabajar por las noches, cuando ellos se acuestan y con el padre, que es farmacéutico, solo están algunas tardes”, explica. Asimismo, en la localidad donde vive no cuenta con familia que pueda ayudarla.

Por eso, a esta madre la situación se le hizo cada vez más cuesta arriba y en empezó a sufrir taquicardias, tics nerviosos, falta de concentración y palpitaciones hasta que el médico le dijo que “tenía que parar sí o sí” y le dio de baja por estrés laboral, el pasado 15 de diciembre. Pero dos meses después, la empresa le comunicó el despido, eso sí, con la indemnización correspondiente.

“Me duele mucho que la empresa se haya agarrado a los objetivos porque es un año atípico. Y me siento en inferioridad de condiciones con respecto a los hombres de mi empresa y las familias biparentales que se pueden repartir las tareas”, explica. Asimismo, considera que las soluciones a las que se agarran otras madres, no son adecuadas. “Yo no puedo sobrevivir con medio sueldo ni pillarme una excedencia. Los métodos no son válidos y el Estado no da ninguna ayuda. No hay conciliación posible, sobre todo para las madres solas”, sentencia. 

Rosana Ciria: "Me enfrento a una inspección por faltar al trabajo cuando confinaron la clase de mi hija"

Rosana Ciria, vive en Zaragoza, trabaja a 100 kilómetros y ha tenido que pedir una excedencia para el cuidado de su hija.

/ El Periódico

Rosana Ciria es profesora de secundaria y sacó la plaza cuando su hija Alba tenía solo tres meses. Muy concienciada de la necesidad de “visibilizar” las dificultades de las madres, se llevó al bebé incluso a alguno de los exámenes de la oposición. Pero el problema se agravó un año después, cuando le asignaron un destino en Tarazona, a 100 kilómetros de su casa, que está en Zaragoza. Y eso que es consciente que, al ser funcionaria, “se supone” que tiene “una situación más privilegiada de que el resto”. Pero aun así, Ciria sabe mucho de “renuncias” y asegura sin dudar que la conciliación, en su caso, es un “odisea”.

De hecho, al llegar a su nuevo puesto, le ofrecieron la jefatura de departamento pero tuvo que decir que ‘no’ porque debía de trabajar varias tardes y no tenía con quien dejar a su hija, dado que su marido trabaja también en horario vespertino.

Luego llegó el confinamiento, el teletrabajo y desplazar muchas tareas al fin de semana puesto que la niña, de apenas dos años, le impedía dar el cien por cien en las reuniones y la enseñanza a distancia. “Fue una locura”, explica. Además, al reabrir la guardería, el centro educativo redujo su horario, lo que le supone una dificultad añadida.

La excedencia

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Ante estos problemas, barajó solicitar una reducción de jornada, pero tenía que ir todos los días sí o sí hasta Tarazona, lo que le supone una hora y cuarto para ir y lo mismo para volver, por lo que no le “compensaba”. Además, “se supone” que los funcionarios de su categoría tienen flexibilidad de una hora, pero por su experiencia, “no se suele respetar”. Con lo que se dio cuenta de que “o renunciaba o la conciliación familiar y laboral era imposible”. Por eso, en enero pidió una excedencia que sólo durará hasta el 14 de marzo, dado que es cuando Alba cumple tres años, el máximo tiempo permitido. Después de eso, “volverá la odisea”, lamenta.

Además, la mujer está pendiente de un posible expediente laboral por faltar cuatro días cuando le comunicaron que en la clase de Alba había habido un positivo y la niña tenía que guardar cuarentena preventiva. “Llamé a todas partes, hablé con los sindicatos, con salud pública, con el defensor del menor, pero me dijeron que tenía que ir a trabajar y dejar a la niña en casa. Fue el tiempo justo hasta que me dieron el resultado negativo de la PCR y entonces la dejé con mis padres, pero mientras tanto, como me negué a fingir para conseguir una baja laboral por enfermedad y a trabajar con la posibilidad de contagiar al resto, me enfrenté a una inspección laboral, que aún no ha terminado”, explica.