Problemas de movilidad

Viajes de larga distancia: cuando el covid va en el asiento de al lado

  • Mascarillas mal puestas, gente comiendo o bebiendo agua son algunos ejemplos de lo que se produce en los viajes de más de dos horas

  • Se permite la ocupación del 100% en autobuses y trenes. En Alsa, además, puedes pagar un sumplemento para bloquear el asiento de al lado

  • "El otro día por ejemplo un revisor se bajó la mascarilla para cobrar mi billete", explica la usuaria habitual de Renfe, Gemma Puig

Usuarios de Renfe, entrando en un convoy en la estación de la plaza de Catalunya, Barcelona.

Usuarios de Renfe, entrando en un convoy en la estación de la plaza de Catalunya, Barcelona. / RICARD CUGAT

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Oriol Lara

Mascarillas no homologadas o mal puestas, con bragas de cuello como salvoconducto para no ser multado, convoyes llenos sin distancia de seguridad, gente bajándose la mascarilla para comer, beber agua o para hablar por teléfono son algunas de las imágenes que se repiten demasiado a menudo en el transporte público desde que se inició la pandemia. Las críticas por las medidas de seguridad implantadas en estos desplazamientos han sido objeto de debate, sobre todo en los trayectos de larga distancia, donde se pueden superar las dos horas en un espacio cerrado. A pesar de que la mayoría de la población cumple las normas, las conductas de riesgo son más habituales de lo que parece.

La legislación vigente en Catalunya permite que los autobuses y los trenes tengan todos los asientos ocupados, y en estos últimos, que la ocupación de pie sea de dos personas por metro cuadrado. Y aunque la media de ocupación en la mayoría de operadores no llega al 60%, según datos del Departament de Territori i Sostenibilitat, ocasionalmente, debido a los retrasos o a otras causas, los convoyes se llenan y no se respeta la distancia de seguridad recomendada. En los viajes de largo recorrido, a la poca distancia social se le une el insuficiente control de los pasajeros, por lo que el incumplimiento de las normativas por algún usuario puede poner en riesgo la salud de los demás ocupantes.

La transmisión del virus por aerosoles podría ser de más del 75%, según el experto científico José Luis Jimenez. La ventilación en los espacios cerrados es clave para que el covid no se propague. En los trenes, Renfe asegura que la ventilación se realiza cada siete minutos, pero en los autobuses los sistema de ventilación son más complicados. En todo caso, Aenor fue el encargado de certificar las medidas de protección y limpieza frente al virus de Alsa y de Renfe.

El control y la vigilancia es competencia del personal de seguridad de los distintos operadores de transporte, que solo pueden avisar al infractor y dar cuenta de los incumplimientos detectados. Así, en Renfe, las actuaciones de la seguridad privada contratada solo sirven de refuerzo para las fuerzas de orden público, puesto que los únicos con la potestad de sancionar son los Mossos d’Esquadra. En los viajes de media y larga duración, su presencia es circunstancial, por lo que si se produce una infracción durante el trayecto es difícil de identificar.

Gemma Puig, usuaria habitual del tren Móra la Nova-Barcelona, explica que hay un poco de descontrol. “No son muy estrictos sobre si llevas bien la mascarilla. El otro día por ejemplo un revisor se la bajó para cobrar mi billete. No me habló, pero igualmente, no debería habérsela bajado”, explica la joven. Por su parte, Clara Caralps, que viaja con la línea regular de Alsa de Barcelona a La Seu d'Urgell, vivió de primera mano un conflicto por el mal uso de las mascarillas. "Un grupo de argentinos subieron dirección Andorra y al ponerse en marcha el autobús se quitaron la mascarilla. La gente de su alrededor les pidió educadamente que se la pusieran porque es una medida obligatoria", cuenta. A pesar de las indicaciones de los otros usuarios, el grupo hizo caso omiso y se inició una disputa verbal entre ambas partes hasta que cedieron y se pusieron la mascarilla. "Me enteré unos días después de que una de las ocupantes acudió al Síndic de Greuges a quejarse, pero le dijeron que no se podía hacer nada", sentencia Clara.

"El otro día un revisor se bajó la mascarilla para cobrar mi billete. No me habló, pero no debiería habérsela bajado", comenta una usuaria

Gemma Puig, usuaria de Renfe de Móra la Nova a Barcelona

Negocio con ello

Otro problema que puede haber si viaja un contagiado de covid es el control de nombres de los pasajeros. Si bien es cierto que con Alsa para comprar el billete se exigen los datos personales, en los viajes regionales en Catalunya existen las tarjetas abono, que son más baratas y con las que no es necesaria la identificación.

En los autobuses de largo recorrido, con la posibilidad de tener la ocupación del 100 %, se permite bloquear el asiento contiguo. Así, durante el proceso de compra del pasaje, el usuario tiene la opción de pagar un suplemento añadido para viajar sin compañero en el asiento contiguo. En los viajes nacionales, este pago es de 2 euros más mientras que en los internacionales, es un 70% de la tarifa del billete. La medida, que se implantó en julio, no estuvo exenta de polémica y las redes se hicieron eco de la intención de monetizar la distancia de seguridad en plena crisis sanitaria. 

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Con todo, el Departament de Territori i Sostenibilitat ha recibido la petición de los operadores de larga distancia de cambiar la normativa, pero afirma que "con los reglamentos actuales hay mucha capacidad para controlar los aforos y la distribución del pasaje en la media y larga distancia". La solución parece ser compleja, porque creer en el cumplimiento de la responsabilidad individual es casi una utopía.