Entrevista con la directora general del instituto armado

María Gámez Gámez: "Nos hace falta que las mujeres lleguen a puestos relevantes en la Guardia Civil"

  • "En Catalunya hay otro clima y se va consiguiendo más arraigo de los guardias allí", defiende

Entrevista con María Gámez, directora general de la Guardia Civil. / VÍDEO: LNE

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Marián Martínez

María Gámez (Sanlúcar de Barrameda, 1969) es directora general de la Guardia Civil desde enero de 2020. La primera mujer que ocupa ese cargo. Abogada de carrera, fue concejala del Ayuntamiento de Málaga entre 2011 y 2016, y subdelegada del Gobierno de dicha provincia entre 2018 y 2020.

–Usted proviene de una zona muy conflictiva por el narcotráfico.

–El Campo de Gibraltar concentra mucho narcotráfico, que ya se ha extendido por toda Andalucía. Pero lo importante es que lo combatimos y es raro el día que no se asesta un duro golpe. Los narcotraficantes no lo tienen nada fácil con nosotros.

–Las asociaciones profesionales se quejaron hace tiempo de la falta de medios en esa ­lucha.

–Los medios siempre son limitados, pero en el Campo no se escatiman, ni personales ni materiales, porque allí no se trata solo de combatir el delito, sino también de recuperar el principio de autoridad.

–Es la primera mujer que ocupa la Dirección General de la Guardia Civil. ¿Cómo la recibieron en el cuerpo?

–Me han recibido bien, igual que si lo gestiona un hombre. La diferencia es solo, y pondría solo en mayúsculas, que no ocurrió antes. Es producto de que, por tradición, o porque la sociedad educa a las mujeres limitándolas, en la Guardia Civil, como en otros oficios, se convirtió en una institución eminentemente masculina, pero no porque haya impedimentos.

En este país hay democracia plena, pero hay que reivindicarla y que se haga más fuerte

–Usted afirmó en su toma de posesión que una de sus apuestas es conseguir un incremento de la presencia femenina en la institución. ¿Será un proceso lento?

–Se nota un cambio. La tasa de mujeres de la escala básica, cabos y guardias, está cercana al 25 por ciento, lo que es alentador, pero cada promoción se diluye entre los casi 80.000 guardias que constituyen esta institución. Aún falta para lograr una masa crítica.

–¿Y en los puestos de mando?

–En el caso de los oficiales, las mujeres no superan el 4 por ciento. Nos hace falta que lleguen a puestos de mando relevantes. Es también cuestión de tiempo, y para vencer al tiempo debe haber aceleraciones. Es que es bueno “per se” que haya mujeres en la Guardia Civil porque hacen falta, en fronteras, en equipos de mujer y menor, para los traslados de centros penitenciarios... Sencillamente, son insustituibles en esos puestos.

–¿Qué supuso la irrupción de la pandemia por el covid-19 para la Guardia Civil?

–Hubo que cambiar el rol de repente y masivamente. Tráfico, cuya misión es que la circulación sea fluida, no solo se ocupó del tráfico, sino que prácticamente todos los agentes que podían dedicarse a estar formando parte de patrullas de seguridad ciudadana se dedicaron a vigilar la no movilidad y el cumplimiento de las medidas. Y eso mismo ocurrió en otras facetas, como en la de prestar toda la ayuda. ¿Qué hubiera sido de nuestros mayores, que no podían acceder a comprar sus medicamentos, y de los niños que se dejaron los libros en el colegio, del apoyo para que los servicios esenciales se cumplieran...? Y también se ha visto menos, pero se intensificó el seguimiento a todas las mujeres víctimas de violencia de género que están en el sistema de Viogen, se hicieron miles de llamadas que para ellas significaron mucho. Y se trabajó con la residencia de menores.

–Y ahora se encargan de custodiar las deseadas vacunas contra el covid-19.

–Son transportes críticos y los escoltamos para su seguridad.

–¿Cree que ha mejorado la imagen de la Guardia Civil con esas actuaciones?

–La imagen ya era buena antes de la pandemia, y creo que la ha reforzado a pesar de haber sido un cuerpo que estaba diciendo a la gente que no se moviera, lo que podía haber influido negativamente, porque estábamos limitando a las personas a la hora de hacer lo que les podría apetecer o pudieran necesitar. Y ha sido así porque se ha ejercido con proporcionalidad, no abusando como agente de la autoridad, sino cuidando el trato al reprimir e incluso para multar. Y nadie ha pedido un control más férreo ni una mano más dura, también por el comportamiento ejemplar de la ciudadanía.

–¿Temió en algún momento que pudieran surgir conflictos?

–Le tenía más respeto que miedo a que la ciudadanía no aguantara bien y pudieran producirse movimientos no pacíficos, algún descontrol social, porque hubiera sido muy incómodo. Eso no le gusta a ningún integrante de este cuerpo.

La imagen de la Guardia Civil ya era buena antes de la pandemia y creo que se ha reforzado

–¿Estamos o no estamos en una democracia plena?

–Sin duda, en este país hay democracia plena, pero hay que reivindicarla y contribuir a que mejore y se haga más fuerte.

–Después de más de dos centenares de agentes muertos, ¿qué supone para el cuerpo la rendición de ETA?

–La Guardia Civil ha sido el cuerpo que más ha sufrido el azote del terrorismo, pero también ha sido una pieza fundamental en su derrota. Aunque todavía quedan muchos asesinatos que esclarecer y la Guardia Civil sigue trabajando en intentar resolverlos, se lo debemos a las víctimas y lo vamos a seguir haciendo.

–¿Teme una vuelta del terrorismo en España?

–Según los expertos en esta materia, no se prevé que pudiera volver el terrorismo de ETA o de los GRAPO. Tenemos otras amenazas, como es el terrorismo yihadista, que afecta a todo el mundo y en el que tenemos unidades dedicadas a combatirlo.

–¿Cómo calificaría los abusos de autoridad por parte de miembros de las fuerzas de seguridad como los de Linares? 

–Los abusos me revuelven, porque las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado están para defender y ayudar y utilizar la fuerza proporcional. Hay muy pocos casos y nuestros cuerpos son muy reconocidos porque, por ejemplo, en la pandemia, a pesar de controlar la libertad de movimiento, no hubo conflictos.

–Catalunya se ha convertido en un destino poco atractivo para la Guardia Civil, según confirman las asociaciones profesionales.

–No miremos Catalunya como un lugar donde la Guardia Civil tiene un problema, sino que tenemos que mirar todas aquellas partes del territorio en las que nos cuesta que los agentes estén prestos a desplazarse para vivir en ellos. La Guardia Civil está en Catalunya como en todas partes, hay movilidad, que es un derecho conquistado, y es legítimo que aspiren a vacantes en otras partes del país.

–¿Pero hay más solicitudes para salir de Catalunya que para ir?

–Hay determinados lugares de España que son poco atractivos, no solo Catalunya. Nos cuesta que se soliciten algunos destinos, y también hay otros destinos muy codiciados, en ciudades atractivas por el clima. También diré que en Catalunya hay otro clima y se va consiguiendo más arraigo de los guardias allí, que quieren permanecer con sus familias y no acuden a convocatorias de concursos.

En Catalunya hay otro clima y se va consiguiendo más arraigo de los guardias allí

–Las asociaciones profesionales también aseguran que no se ha producido equiparación salarial con las policías autonómicas, sino que solo ha habido incremento salarial.

–Lo importante no es el nombre, sino que el salario de la Guardia Civil ha subido de media un 30 por ciento en tres años. Cualquiera podría decir que es poco o mucho, pero retribuir el esfuerzo de quienes arriesgan su vida no tiene precio. Lo hemos vivido recientemente en Mieres con el fallecimiento de Ángel Antonio Ambrosio durante un control. En estos tres últimos años se ha abordado la subida salarial con presupuestos prorrogados y en plena pandemia. Se ha cumplido. Otra cosa es que algunos quieran seguir demandando más subida. Quizás otros empleados públicos, y todos sabemos a quiénes nos referimos, también sean merecedores de más subidas.

–Otra reclamación es el incremento de plantilla.

–La ecuación no es solo “con más guardias se funciona mejor”. Para ganar en eficiencia hay más medios, como el uso de la tecnología. Con una cámara de reconocimiento facial se consigue mucho más que con cinco guardias mirando a las personas que pasan por un aeropuerto. La combinación es de medios técnicos, personales y de eficiencia. Si no, no hay bolsillo del Estado que lo soporte. Hubo unos años en los que la tasa de reposición no llegó al 10 por ciento, y por eso llevamos cierto retraso. Pero ya hicimos dos convocatorias en las que superamos el 100 por ciento de la tasa de reposición, y espero hacer una tercera.

–¿Ha corrido usted delante de la Guardia Civil en alguna ocasión?

–He corrido a su lado, con ella, y en los últimos años no me he perdido ni una carrera. De todas formas, no tengo tanta edad como para haber vivido episodios así; formo parte de una generación en la que hemos podido reivindicar en la calle.

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–¿Qué le gustaría hacer cuando deje la Dirección General de la Guardia Civil?

–No me dio tiempo a imaginarlo. En general, el Ministerio del Interior no es de los más sencillos, pero ocuparse de la seguridad de los ciudadanos... No se me ocurre puesto más grato.