Club de Educación y Crianza de EL PERIÓDICO

Cómo afrontar la preadolescencia de tu hijo

  • Los orientadores familiares recomiendan no activar el geolocalizador del móvil, cambiar castigos por consecuencias y mantener una tolerancia cero frente al coqueteo con los porros

Ilustración del libro ’Los Pequeños’, de Marion Fayolle.

Ilustración del libro ’Los Pequeños’, de Marion Fayolle. / Nórdica Cómic

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Luna quiere pintarse de verde tropical un mechón de pelo. María insiste en que necesita recibir una paga semanal. Los padres de Adrià sospechan que su hijo está coqueteando con los porros. Leo empieza a a salir con sus amigos y detesta que su madre le active el geolocalizador del móvil. Luna, María, Adrià y Leo son preadolescentes y adolescentes de manual. Hace unos años eran tiernos niños grandes que solo querían estar con sus padres, a quienes consideraban semidioses. Hoy les dan urticaria. ¿Tienen esas familias un problema grave? No. Al menos, de momento. A falta de recetas mágicas, la clave es armarse de paciencia, respirar hondo y jamás abandonarles.

La preadolescencia (de 11 a 14 años) y la adolescencia (a partir de los 14 hasta no se sabe muy bien cuándo) es una etapa de autoafirmación. "Tu hijo no te está rechazando. Simplemente, está ensayando cómo convertirse en adulto. Se siente mayor y lo natural es alejarse de los padres. No es un rechazo. Ni un pulso. El adolescente se prepara para una guerra que, en realidad, no quiere mantener". Lo afirma Alejandro Rodrigo, orientador familiar con 15 años de experiencia en los juzgados tratando con chavales violentos en casa.

Un niño que empieza a ser mayor y empuja a sus padres porque ya no les quiere tan cerca. Un chaval que cruza un acantilado sobre los cuerpos de su padre y su madre. Una madre y una niña unidas por una cuerda que se rompe… Son las preciosas ilustraciones con las que la artista francesa Marion Fayolle define -sin usar una sola palabra- la maternidad en su nuevo libro, 'Los pequeños' (Nórdica Cómic). El volumen empieza con un recién nacido pegado literalmente a sus padres. En concreto, a la teta de su madre. Pero el pequeño crece. Hasta tal punto que se convierte en un globo de helio que quiere volar a pesar de que sus padres tiran de él. ¿Existe una manera más precisa de definir la preadolescencia?

Ilustración del libro 'Los Pequeños', de Marion Fayolle.


/ Nórdica Cómic

"El adolescente no tiene miedo a nada. Ni siquiera a la muerte. Pero hay dos cosas que le atormentan: la posibilidad de ser rechazado por sus iguales y no sentirse importante de cara a sus padres", explica Rodrigo, autor de 'Cómo prevenir conflictos con adolescentes' (Plataforma Actual). El experto recuerda que la paternidad es un trabajo que dura toda la vida y anima a los progenitores a pasar tiempo con sus hijos. No se trata de un número de horas concretas ni del famoso tiempo de calidad. Se trata de si realmente al padre y a la madre les apetece estar con su hijo. "Todo adolescente capta esa sutil diferencia con asombroso acierto", puntualiza.

Controlar la situación en casa y apostar por la convivencia sana y feliz para evitar frustraciones (e, incluso, episodios de agresividad) es infinitamente más fácil cuando los progenitores han conseguido convertirse en referentes para sus vástagos.

¿Activo el geolocalizador del móvil?

Cortesía de la pandemia, El geolocalizador del móvil se ha convertido en un 'hit' de padres y madres de preadolescentes, que necesitan saber que sus hijos están donde dicen que están. Rodrigo es muy crítico con el uso de las pantallas ("¿realmente requiere un móvil una niña de 12 años?") pero asume que se han convertido en un denominador común en las familias. ¿Es buena idea activar el geolocalizador del teléfono? "Deberíamos entender la diferencia entre riesgo y peligro. Si tu hijo tiene 13 años y va solo por la calle, evidentemente, hay un riesgo. Pero tiene que aprender a superarlo. Y tú también, así que tienes que darle esa autonomía y dejarle solo. Si le activas el geolocalizador le estás sobreprotegiendo e hipercontrolando, algo que va en contra del desarrollo de su autonomía. Ahora bien, si tu hijo no está en riesgo sino en peligro ni geolocalizador ni nada. Entonces coges y te vas a por él porque no puedes desprotegerle".

Castigos 'versus' consecuencias

Los castigos son otro básico del ‘kit’ familiar. ¿Sirven para algo? No, a no ser que quieras que tu hijo te tenga miedo o rabia. "Los castigos son multas", recuerda el divulgador, que pone un ejemplo con adultos: "Tú sabes que tienes que conducir en autopista, como máximo, a 120 km/h. Si vas a más velocidad y reduces solo cuando detectas radares no sabes conducir bien sino que, simplemente, evitas multas". La pedagogía actual invita a cambiar castigos por consecuencias. "Los castigos convierten a tu hijo en un ser que se dedica a actuar para que no le pillen. Las consecuencias -cuando le adviertes con serenidad sobre lo que ocurrirá si traspasa el límite que tú has impuesto- implican desenvolverse por la vida asumiendo y entendiendo las normas básicas de convivencia".

Paga: cuánto y cuándo

La paga semanal preocupa también en muchos hogares. ¿Cuándo empezar a darla? Y, sobre todo, ¿cuánto? Los niños que tienen sus necesidades cubiertas no precisan dinero, pero muchos empiezan a pedirlo. Para que los euros no se conviertan en un enemigo, Rodrigo siempre recomienda ir a la baja y apostar por otros modelos de ocio que no impliquen un gasto económico. También es positivo fomentar la cultura financiera con los hijos y hablar abiertamente sobre la economía familiar, los gastos, la cesta de compra, el alquiler de la casa, los salarios…

Estridentes mechones

No hay más que darse un paseo por coles e institutos para comprobar que los mechones de colores son tendencia. Ni el color -por más estridente que sea- ni el tamaño son importantes. Pero ¿qué te está diciendo tu hija con esa decisión? "No te quedes en el mechón y ve más allá, a la raíz. A lo mejor tu hija está llamando tu atención porque necesita más autonomía. O a lo mejor no está bien integrada en clase y con este gesto pretende estarlo", responde el orientador familiar.

Un adolescente fuma un porro en su casa, en Madrid.

/ David Castro

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Porros: tolerancia cero

Hay un aspecto de la relación padres-hijos en el que Rodrigo insta a tener tolerancia cero: las drogas, un verdadero problema que puede cargarse de un plumazo doce años previos de relación preciosa en casa. "Si sospechas que tu hijo fuma porros es muy probable que sea así. Hay que saber diferenciar entre uso, abuso y dependencia, pero la mejor manera de prevenir disgustos y contratiempos es la tolerancia cero". El especialista exhorta a los padres a que piensen en cuánto alcohol toman ellos cualquier domingo por la mañana mientras sus hijos pequeños juegan al lado. Predicar con el ejemplo es un salvoconducto para el futuro, así que Rodrigo pide luchar firmemente contra la muy arraigada cultura del alcohol.

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