Entrevista

Ismael Peña-López: "El sistema sanitario no aguantaría una repetición electoral"

El director general de Participació Ciutadana i Processos Electorals en Catalunya asegura que organizar el 14-F fue el trabajo más difícil de su vida "después de la paternidad"

Ismael Peña-López, director General de Participación Ciudadana y Procesos Electorales en la Generalitat.

Ismael Peña-López, director General de Participación Ciudadana y Procesos Electorales en la Generalitat. / Ferran Nadeu

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Organizar las elecciones del 14-F fue, "después de la paternidad", el trabajo más difícil que ha sacado adelante Ismael Peña-López (Mataró, 1973), el director general de Participació Ciutadana i Processos Electorals en la Generalitat. En Catalunya no existían precedentes de una votación en plena pandemia pero, una semana después y aún con resaca electoral, hay cierto consenso en que finalmente la población pudo votar y lo hizo con seguridad.


¿Se ha inspirado en algún modelo para preparar estas elecciones? En muchos modelos, aunque la gestión ha sido 100% nuestra. De los 150 países que hicieron una votación durante la pandemia, yo analicé 20 y no hay nada parecido a lo que ha hecho Catalunya. Este despliegue no lo he visto en ninguna parte. Pero, principalmente, nos hemos inspirado en un modelo de Toby S. James, un investigador que publicó diferentes estudios sobre cuál podría ser el impacto del covid-19 en unas elecciones y sobre las cosas por las que había que velar a la hora de anularlas o no.

Ismael Peña-López, director General de Participación Ciudadana y Procesos Electorales en la Generalitat de Catalunya.

¿Y el precedente de Portugal? No hemos seguido ese modelo en absoluto. De hecho, es el antimodelo porque Portugal dice que la gente no debe votar si está contagiada. Nosotros decimos que debe votar todo el mundo o no debe votar nadie. Además, Portugal no centraliza ningún protocolo, deja a los municipios que hagan lo que quieran. Allí prácticamente ningún municipio elaboró ningún tipo de protocolo, más allá del uso de mascarilla y gel hidroalcohólico. En Portugal se quedaron 400.000 personas sin votar que hubieran podido hacerlo. En Catalunya hubo cinco protocolos: el dispositivo de seguridad, los locales electorales -sobre cómo será la votación-, la promoción del voto por correo, la campaña electoral y el sistema de criterios para posponer o no las elecciones. Y, también, una docena de procedimientos, guías y manuales, y todo ello aprobado por unanimidad en la mesa de partidos.

En las elecciones de Galicia y el País Vasco tampoco votaron los positivos. No. Lo que hacen esas comunidades es no dejar salir de casa a los confinados y por eso no pudieron votar. Esta es una de las confusiones que hubo a la hora de comparar estos casos con Catalunya y explicar por qué en nuestro caso no había intervenido el Tribunal Constitucional o había intervenido diferente el Tribunal Superior de Justícia de Catalunya (TSJC). Aquí es cuando la Junta Electoral Central (JEC) se inhibe y dice: "Yo no puedo decir cosas sobre la salud, puedo decir cosas sobre las elecciones".

Catalunya sí priorizó que positivos y contactos votaran. ¿Por qué? Es un derecho constitucional. Pensábamos que no podíamos dejar fuera a nadie de su derecho a votar.

¿Pensó algún momento en excluirlos? En ningún momento ha estado sobre la mesa. Por eso queríamos posponer. Esta era la salida. Porque había el riesgo de que hubiera abstención en los colectivos confinados.

¿Tendrán efectos epidemiológicos las elecciones del 14-F? Esperemos que no. Estaremos pendientes de si hay un repunte, que debería producirse antes del día 28. Si dos semanas después no hay ningún repunte o es muy pequeño, estaremos seguros de que no habrá habido ningún tipo de contagio por culpa de las elecciones.

El 14-F la sensación general fue de seguridad. ¿Le han felicitado por su trabajo? Todo el mundo. Queda mal que lo diga yo, pero sí, como dispositivo hemos recibido felicitaciones de todos lados. Por un lado, de los partidos políticos -aunque fue un consenso que se hizo con ellos-; por otro, de los académicos, de gente que ha celebrado que hubiera este derecho de que votara todo el mundo. Los medios también lo habéis visto bien. Por tanto sí, estamos recibiendo felicitaciones de todos lados.

"En ningún momento pensamos en excluir a los positivos. Por eso queríamos posponer, porque había riesgo de una alta abstención en los confinados"

¿Cómo ha sido celebrar las primeras elecciones catalanas en pandemia? Cuando el marzo pasado vemos que saltan por los aires las elecciones gallegas y vascas, comenzamos a monitorizar masivamente todo lo que estaba pasando en otros lugares. En mayo, cuando comienza la desescalada, se anuncia que en Galicia y País Vasco habrá elecciones en julio y vemos muy claro que las catalanas vendrán después y que serán con covid-19 porque esto no era una cuestión de meses.

¿Y qué se encuentran con esa monitorización? Enseguida llegamos a la conclusión de que este problema complejo tiene tres ejes: la salud, la garantía del voto y la legitimidad democrática. Y vemos cómo eso está impactando en el protocolo habitual, que sería el de 2015 -porque 2017 también fueron unas elecciones extrañas-, y vemos cómo lo debemos ir adaptando. A partir de aquí hacemos un primer gran borrador en julio en el que introducimos cambios en octubre. De aquí salen esos cinco grandes protocolos después aprobados por el Procicat que mencioné antes.

¿A qué se refiere con "legitimidad democrática"? Por un lado, que la ciudadanía se crea las elecciones, que son seguras, válidas, que el resultado se implementará. Por otro, que los partidos políticos no utilicen los resultados electoralmente, como ya han hecho con el terrorismo y con la gestión de la pandemia. No nos podía pasar eso con las elecciones, era demasiado peligroso que salieran mal por motivos políticos. Seguramente el esfuerzo mayor que hemos hecho en los últimos 10 meses ha sido conseguir que todos los partidos estuvieran alineados, que hubiera unanimidad en todas las decisiones.

¿Todos los partidos políticos se pusieron de acuerdo? Sin excepción. Ha habido algunos pequeños desacuerdos en cuestiones políticas, pero en la parte técnica no hubo ningún desacuerdo nunca. Eso no quiere decir que siempre tuviéramos todos la misma opinión, sino que ha habido muchos espacios para intercambiar puntos de vista, y hemos velado por salir siempre de las reuniones de la mesa de partidos con un acuerdo unánime sobre qué teníamos que hacer. Y eso ha pasado siempre. El 15 de enero todos estábamos de acuerdo en atrasar las elecciones, diferíamos en la fecha, pero fue el único desacuerdo. Hubo unanimidad en que se debían posponer.

¿Fue un error entonces hacerlas el 14-F? No. Yo creo que, tal y como fueron, se prueban las dos tesis al mismo tiempo. Por un lado, la tesis de que a nivel organizativo se podían hacer: votaron tres millones de personas -hubo abstención, pero realmente se pudo votar- y fue seguro. Pero, al mismo tiempo, tuvimos una abstención de 24 puntos más que otros años, que incluso está por debajo de los mínimos históricos. Tuvimos unos problemas enormes para constituir las mesas, eso no hubiera pasado si hubieran sido a finales de mayo. Ahora tenemos un agujero presupuestario añadido al que ya teníamos de cinco, seis, siete millones de euros que no hacía falta gastarse de más, y que proviene de los extras de seguridad -policías y guardia urbana- y de medidas extraordinarias de seguridad sanitaria. Además, también hemos tenido muchos problemas a la hora de movilizar a los ayuntamientos, de implementar medidas extra… La parte logística ha sido horrible.

"Hemos tensionado la sanidad de una manera bestial. Los CAP ya no podían más y los hemos obligado a hacer más test. En mayo hubiera sido más fácil"

¿Cuántos test de antígenos hicieron a los miembros de las mesas? Este es otro pequeño fracaso por forzar las elecciones el 14-F. Teníamos que hacer 80.000 y llegamos a un poco más de la mitad. Hemos tensionado el sistema sanitario de una manera bestial. Los CAP ya no podían más. Y los hemos obligado a hacer más y a realizar estos 40.000 test. En mayo no hubiéramos tenido todos estos problemas. Las elecciones se pudieron hacer, fueron seguras y legitimas, pero el disparate de forzarlas ahora lo pagaremos muy caro. A mí me gusta decir que no podemos repetir las elecciones de aquí a tres meses -si no hay una investidura- porque el sistema no da para más. El coste psicológico de la Administración es demasiado alto.

¿Por qué no hicieron esos 80.000 test? Eran para las 80.000 personas que tenían que ser miembros de las mesas electorales. Pero hemos tenido unas 30.000 alegaciones. No teníamos tiempo de convocar a estas personas porque a diario cambiaban. Que sepamos, la última semana cambiaron más de 5.000 personas. Hubo muchos cambios el sábado y el mismo domingo para poder constituir las mesas. Eso ha sido un desgaste muy grande y no era necesario. Ahora estamos analizando cuántas personas cambiaron el último día. Saber quiénes eran esas personas, llegar a ellas sin tener su teléfono cruzando los datos del censo -que no tiene los teléfonos- con los de Salut -que sí los tiene-… Fue muy difícil llegar a todo el mundo y solo llegamos a la mitad de los que hubiéramos querido.

Por eso dice usted que otras elecciones en unos meses serían fatales para el sistema. Sí, y tanto. Para la Generalitat sería relativamente fácil hacerlas porque los protocolos están hechos y hemos visto que han funcionado. Pero quienes asumirían el gran coste de la repetición son los ayuntamientos, que tendrían que reactivar los sorteos, los miembros de las mesas, su reclutamiento, su formación…. Y Salut debería hacer todos los test. Volver a movilizar a toda la gente es una locura. Y hacerlo a unos cuatro meses vista creo que es un coste muy difícil de asumir, sobre todo para el mundo local.

¿La abstención también sería grande? Creo que sería catastrófica, mayor que ahora. De las encuestas del Centro d'Estudis d’Opinió (CEO) y del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) nos llega que hay un malestar ciudadano porque tienen la impresión de que estas elecciones eran un capricho de políticos y jueces jugando a una geopolítica que no está para nada en las calles. Nadie entendía por qué hacíamos las elecciones ahora. Repetirlas porque los políticos han sido incapaces de ponerse de acuerdo nos abocaría a una abstención masiva.

¿Cuál era su prioridad en estas elecciones? La salud. Que nadie se contagiara. Hemos trabajado con el departamento de Salut y epidemiólogos del equipo del secretario de Salut Pública, Josep Maria Argimon. También con gente de fuera, del mundo civil, colegio de médicos, asociacionismo.

¿Qué pensaba cuando veía tanta gente asustada porque le había tocado ser miembro de una mesa? Era algo legítimo. Lo que tiene que hacer la Administración es dar garantías, no pedir confianza. Hace 10 meses hablábamos con los compañeros de Salut sobre cómo le diríamos a la gente, a la que estábamos pidiendo que se quedara en casa, que un día sí puede salir para votar. Es un mensaje contradictorio. Es muy complicado decirles a personas que no han visto a sus padres, que están en casa, que han perdido el trabajo: "Tranquilas, este día podéis ir a la fiesta de la democracia". Es muy razonable que la gente tenga miedo porque el virus es terrible. Por eso hubo una campaña de comunicación masiva el último mes para intentar dar garantías.

"Nos preocupaba lanzarle a la gente el mensaje contradictorio de que fuera a votar cuando a la vez le estamos pidiendo que se quede en casa"

¿Cómo se han gestionado las bajas de las mesas? Ha sido horrible [risas]. Los ayuntamientos hacen los sorteos, los ciudadanos hacen alegaciones que van a la junta electoral de zona y la Junta Electoral Central (JEC) resuelve y devuelve la pelota a los ayuntamientos. Y eso lo recogemos en una base de datos que está centralizada. Previendo que habría muchas alegaciones -llegamos al 30%-, empezamos a idear planes B y C. Uno fue generar consenso entre las juntas electorales de zona y de provincia de que, si se necesitaban recambios, no podría ser la gente mayor que vendría a votar a primera hora. Pensamos que elegir a los miembros de las mesas que quedasen libres seguramente era la mejor opción. Pero la Administración no puede hacer una propuesta formal, sino que debe salir de las juntas. Así que aquí hubo mucho trabajo de diplomacia, de hacer llegar estas propuestas, de recoger las que se hacían en otras juntas de zona que no estaban coordinadas entre ellas. Y también mucho trabajo interno con Mossos d'Esquadra para hacer que operativamente eso fuera posible.

¿Votaron muchos positivos y contactos? No lo sabemos ni podremos saberlo. No hay registro de a qué hora se vota ni de la condición de estas personas. Intuimos que fueron pocos por las imágenes. El avance de participación de las 18 horas con el de después cuando cerramos las urnas no indica la progresión aritmética del resto del día -un 5% cada hora-.

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Hubo muchos votos por correo, más de 250.000. ¿Cómo se coordinaron con Correos? Superbién. Como decíamos, como desde julio teníamos muy claro el núcleo del diseño, enseguida sabemos que el voto por correo estará muy reforzado. Y entonces la oficina del censo, Correos y la delegación del Gobierno en Catalunya ven que se tienen que dimensionar. Hicimos campaña masiva del voto por correo. En Correos hubo 1.500 personas más, hubo más horarios, más oficinas, más gestión de colas, de hora previa... La oficina del censo electoral también se tuvo que reforzar para dar abasto. Pero de nuevo fue fácil porque enseguida todos estuvimos en línea.

La situación epidemiológica el 14-F no era tan mala como predijo el Govern. ¿Se dio una imagen peor de lo deseada para retrasar las elecciones? No, al revés. La situación el 11 de enero, cuando tenemos el primer informe, realmente es horrible. Nosotros intentamos posponer, pero cuando los tribunales nos dicen que no podemos, se abren dos caminos. Uno, por el lado de los procesos electorales, el de extremar el dispositivo. Otro, por el lado de la salud, cerrar. El Govern alarga las restricciones, lo que tiene un coste económico y un gran impacto social, pero valía la pena hacerlo.