Catalunya quiere una selectividad menos memorística para dentro de tres años

  • La Conselleria d’Educació trabaja también para implantar en las aulas un bachillerato más activo y competencial el curso 2022-2023

Aula de bachillerato en el instituto Costa i Llobera de Barcelona.

Aula de bachillerato en el instituto Costa i Llobera de Barcelona. / Ferran Nadeu

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Consciente de que el bachillerato actual, que data del año 2008, ha quedado ya superado por los cuatro costados –tanto por los contenidos como por las metodologías docentes–, la Conselleria d’Educació ha empezado a trabajar en un nuevo modelo para estos estudios postobligatorios en Catalunya, que espera tener completado en la primavera de 2022 y que tiene previsto poder implantar en las aulas el curso 2022-2023. La intención es que los estudiantes que se gradúen el año siguiente, en el curso 2023-2024 (es decir, los que ahora están en tercero de ESO), tengan también un nuevo sistema de selectividad, adaptado a las condiciones de ese nuevo bachillerato.

Para ello, según confirman fuentes del departamento que dirige Josep Bargalló, «un grupo de trabajo ha comenzado ya a elaborar el nuevo modelo, a partir de un documento aportado por expertos, y está preparando un borrador». En paralelo, Educació mantiene contactos con las universidades, ya que son estas las que elaboran las pruebas de selectividad, en colaboración con profesorado de los institutos de secundaria. 

La reforma que quiere acometer Educació busca un bachillerato, prosiguen las mismas fuentes, «más competencial, que sea útil como etapa para los alumnos y que no esté solo orientado a superar las pruebas de acceso a la universidad», como ocurre casi siempre en el sistema actual. 

El objetivo es un bachillerato «competencial, abierto, flexible y orientador», alineado con una primaria y una ESO cada vez más innovadoras

El propósito, en definitiva, es que los estudiantes tengan la posibilidad de cursar un bachillerato «competencial, abierto, flexible y orientador», alineado con una educación primaria y una ESO cada vez más abiertas a las nuevas metodologías educativas. El modelo que ahora mismo está sobre la mesa «se está inspirando en currículos de otros países como Finlandia», agregan.

La reforma aprovecha asimismo «la oportunidad que brinda ahora la LOMLOE, [también conocida como ley Celaá], que abre la puerta a que los currículos sean diferentes».

El valor de la memorización

El cambio de orientación y de metodología «no implica abandonar la memorización de determinados contenidos, pero solo los que no sean estrictamente necesarios», señaló recientemente Maite Aymerich Boltà, directora general de Currículum i Personalització, en una entrevista en TV3. «Un alumno debe dominar el elemento memorístico, pero solo eso no es suficiente. Si una persona tiene muchos datos pero es incapaz de aplicarlos, de gestionarlos, de poder usarlos en un debate o de resolver situaciones cotidianes, entonces esa persona no es competente», añadió Aymerich.

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Las universidades llevan ya varios años trabajando también en la reforma de la selectividad, de acuerdo con las nuevas tendencias pedagógicas. El debate, de hecho, lo han liderado grupos de investigadores y expertos de las facultades de Educación, que abogan por unoas pruebas en las que los alumnos demuestren no solo su capacidad de memorización, sino también sus habilidades en la resolución de problemas, entre otras competencias.

El nuevo bachillerato incorporará, como ya prevé la misma LOMLOE, una cuarta modalidad (que se añade a las ya existentes de Artes, Ciencias y Humanidades y Ciencias Sociales). Además, se brindará a los estudiantes la posibilidad de cursar los dos cursos en tres años, una opción que ahora se considera excepcional pero queda normalizada con la ley educativa recientemente aprobada por elCongreso de los Diputados.