CONCEPTOS BÁSICOS

Diccionario para entender la lucha de las personas trans

El colectivo reivindica que su identidad no depende de sus genitales y pide despatologizar su condición

Cientos de manifestantes se reúnen durante la marcha del ’Orgullo’, en la plaza Universitat de Barcelona.

Cientos de manifestantes se reúnen durante la marcha del ’Orgullo’, en la plaza Universitat de Barcelona. / Pau Venteo (Europa Press)

Se lee en minutos

Valentina Raffio

Mientras el Gobierno ha empezado a explicar la orientación de la futura 'ley trans'  la lucha por los derechos de este colectivo vuelve a recobrar fuerza. El mundo LGTB+ defiende con fervor que los genitales no determinan ni la identidad de una persona ni su manera de presentarse ante el mundo. Y que ser hombre o ser mujer no depende solo de unos genitales. Estos son algunos de los términos claves para entender las reivindicaciones de las personas trans (y el debate que, en estos días, se está generando a su alrededor). 

¿Qué es una persona cis? ¿Y una persona trans?

Empecemos, pues, por los conceptos básicos. Una persona cis es aquella que se siente identificada con el sexo y el género que le han asignado al nacer. Es decir, una persona que, por ejemplo, nazca con pene y se sienta identificada con la etiqueta de hombre. Una persona trans es aquella que, por el contrario, no se siente identificada con el sexo o el género que le asignaron al nacer. Es el caso, por ejemplo, de una persona que nace con pene, se le etiqueta como hombre durante una etapa de su vida pero que, en realidad, se identifica como una mujer. La lucha de las personas trans consiste en reivindicar su identidad de género. Sean cuales sean sus genitales.  

Identidad de género, expresión de género y sexo biológico

La identidad de género, la expresión de género y el sexo biológico son tres cuestiones distintas, claman los activistas LGTB+. Se trata de tres conceptos independientes que puede (o no) estar relacionados. Y que, además, no son estáticos..

La identidad de género hace referencia a la percepción subjetiva que un individuo tiene sobre sí mismo en cuanto a su propio género. Es decir, si uno se identifica (o no) con los roles de hombre o mujer.  Estas categorías, lejos de ser dos polos opuestos, también se enmarcan dentro de un abanico mucho más amplio. No hay una sola manera de ser hombre o mujer. Porque estos conceptos varían en función del contexto social (y de los estereotipos vigentes en cada época). Y porque, más allá de estas categorías, también hay un espectro de otras identidades. Es el caso, por ejemplo, de las personas de género no binario, que no se identifican solo como hombres o como mujeres. 

La expresión de género, por el contrario, se refiere a la manera en la que una persona se expresa ante el mundo siguiendo (o no) unos determinados cánones sociales y estéticos. En esta categoría se incluye la apariencia física, la manera de vestirse e incluso el comportamiento, que pueden percibirse según lo que entendemos por masculino, femenino, andrógino (con características de ambas) o neutral. 

El sexo biológico es el conjunto de características que tradicionalmente se asignan a un sexo u a otro. Es decir, los cromosomas, las hormonas, los genitales y, en general, los rasgos anatómicos con los que se designan a los varones y a las hembras. Aunque, en realidad, cada vez hay más voces dentro de la comunidad científica y médica que cuestionan la existencia de solo dos categorías rígidas para describir el sexo y abogan por un espectro mucho más amplio.

Sexo y género no son lo mismo

Despatologizar la condición trans

Una de las principales reivindicaciones del colectivo trans pasa por despatologizar su condición. Es decir, eliminar el vínculo entre su identidad de género y un trastorno mental. La transexualidad fue clasificada como trastorno mental en los años 80 y ha permanecido con esa etiqueta hasta el 2018, cuando la Organización Mundial de la Salud actualizó su manual sobre la cuestión. El problema es que, hoy por hoy, en España sigue siendo necesario pasar por procesos de diagnósticos (o estudios sobre identidad de género) y hormonación para empezar el proceso legal de transición (en el que, por ejemplo, se logra el cambio de nombre). 

Te puede interesar

En estas mismas páginas se explica el caso de Àlex, un hombre trans que acaba de dar a luz a su hijo. Él es un hombre. Se identifica como tal. Y así se presenta ante el mundo. Sus órganos reproductores, que le han permitido engendrar a un hijo biológico, no determinan su identidad. "¿Por qué se me ha de considerar menos hombre por haber gestado a mi hijo?", reflexiona él mismo al narrar su historia.

El caso es que la identidad de género, la expresión de género y el sexo biológico no tienen porqué estar relacionadas. Una persona puede identificarse con la etiqueta de mujer y mostrarse ante el mundo con apariencia masculina, aunque tenga vagina. Otra persona puede identificarse con la etiqueta de hombre y mostrarse ante el mundo como tal, aunque tenga vagina. Y otra persona más puede identificarse como mujer y mostrarse ante el mundo como tal, aunque no tenga vagina. Los genitales ni determinan ni la identidad de una persona ni su manera de presentarse ante el mundo. 

Temas

LGTBI