Efecto Matilda

La otra cara de la desigualdad de la mujer en la ciencia: o cuidadoras o armas contra el virus

Mientras algunas mujeres han logrado despuntar ante el reto médico del covid, otras han quedado relegadas

  • Clara Grima: "Es muy difícil recuperar tu carrera tras el parón por la maternidad"

  • Alícia Casals: "Me costó decidirme a estudiar Ingeniería, pero cuando di el paso solo sentí orgullo"

  • Pilar Mateo: "La discriminación de género no desaparece con las leyes"

Clara Grima, profesora de Matemática Aplicada de la Universidad de Sevilla

Clara Grima, profesora de Matemática Aplicada de la Universidad de Sevilla

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Gemma Martínez/ Carol Álvarez

La desigualdad en la ciencia también se produce intergénero, por varios motivos. Uno de ellos es el coronavirus, que ha impactado en el estatus de la mujer científica y su relación con el entorno. Por un lado, la química Adela Muñoz, miembro de la red de Científicas Comunicadoras de El PERIÓDICO, destaca que el talento y la dedicación de muchas de las investigadoras del presente les ha llevado a destacar en sus respectivos ámbitos. «El coronavirus ha sentado a las mujeres en la mesa de la pandemia», como se ha demostrado en todos los proyectos de vacunas, liderados por mujeres en mayor o menor medida. Entre ellas destaca Özlem Türeci, nacida en Alemana pero con raíces turcas y dueña junto a su marido de la empresa BioNTech, que desarrolla uno de los fármacos más avanzados contra el virus, de la mano de Pfizer. Muñoz sostiene que este progreso no es inocuo. «Todas compartimos el desgarro de dedicar menos tiempo a nuestros hijos por seguir nuestra vocación». 

La maternidad no lo explica todo, tampoco. Así piensa Sònia Estradé, física y doctora en Nanociencia por la Universitat de Barcelona, que denuncia el desequilibrio entre géneros acentuado por la «crisis de cuidados» diferenciada de las consecuencias de la maternidad biológica. «El nivel de ingresos de una pareja después de tener hijos abre una brecha que con los años se puede reducir pero nunca desaparece, pero en parejas de mujeres del mismo sexo esa distancia inicial en salarios se corrige con el tiempo», apunta. «Y eso sucede por un problema de fondo de percepción, como si las mujeres no fueran tan confiables».

Eulalia Pérez Sedeño, investigadora en el CSIC, apunta una tercera razón para el desequilibrio intergénero. «Las oportunidades que tienen unas y otras no son las mismas, como tampoco los apoyos que reciben de sus colegas. El éxito de primatólogas como Jane Goodall no hubiera sido posible sin que el biólogo Louis Leakey, su mentor, le mandara a Tanzania", concluye.

"Es muy difícil recuperar tu carrera tras el parón por la maternidad"

Clara Grima es profesora de Matemática Aplicada de la Universidad de Sevilla, jurado del Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y autora del libro 'Que las matemáticas te acompañen'

Hija de una limpiadora de casas y de un mecánico de coches, Clara Grima (Sevilla, 1971) escuchó desde pequeña y de boca materna la importancia de trabajar y ser independiente. Grima volcó esta directriz familiar en las matemáticas, que siempre fueron su debilidad. «Era empollona y muy competitiva con los números. Si me ganaban, tenía fiebre y no hablo en sentido figurado», explica la hoy profesora de Matemática Aplicada de la Universidad de Sevilla. 

Grima está orgullosa de haber seguido las enseñanzas maternas. Para ella las matemáticas son un ejercicio de «hacer orfebrería con los números» y pocas cosas le motivan más que «dar solución a problemas matemáticos que nadie ha podido resolver antes» . 

La científica, madre de dos hijos de 18 y 16 años, afirma que en el pasado fue una «negacionista» de la brecha de género en la universidad. «Siempre creí que todos teníamos los mismos derechos y oportunidades en una institución pública. Pero no es así, sobre todo por la maternidad, que te aparta durante un tiempo. Yo vi a mis compañeros adelantarme en investigación. Además, ellos cobraban más, porque al no interrumpir su actividad generaban mas sexenios de antigüedad», indica Grima, que reconoce que «es muy difícil volver a la actividad tras el parón de la maternidad».

La ingeniera Alícia Casals

/ Martí Fradera

"Me costó decidirme a estudiar Ingeniería, pero cuando di el paso solo sentí orgullo"

Ingeniera industrial e informática, Alícia Casals es catedrática de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) y ha recibidido numerosos premios por sus méritos científicos y tecnológicos como el Premi Narcís Monturiol

Alícia Casals recuerda el momento en que decidió estudiar Ingeniería. «Me costó decidirme, porque no era lo normal». A ella siempre le había gustado saber cómo funcionaban las máquinas, y cuando dio el paso adelante y entró en una carrera donde apenas eran «seis o siete chicas» el sentimiento que la embargaba era claro y nítido: «orgullo». 

Casals (Barcelona, 1955) se licenció en 1977 en Ingeniería Industrial y luego se doctoró en Informática, en 1983. Cuando le preguntas si se sintió discriminada por ser mujer, tarda en contestar. Y es que la respuesta es compleja: no se sintió entonces desplazada, pero con el tiempo ha ido atando cabos de situaciones injustas que sufrió por el acceso a una plaza o a un proyecto. Otras compañeras le han tenido que hacer ver alguna de esas sutiles desigualdades que asaltan de tanto en cuando la carrera profesional de una mujer. «Había hombres que no querían que yo tuviera una plaza», reconoce, aunque aclara que en aquellos momentos no había tanta competencia como ahora, y eso «dispara el conflicto». «Yo he vivido una época académica donde todo mejoraba». 

En su casa «ha salido de manera natural» la ayuda doméstica de su pareja, y asegura haber vivido una conciliación en su trayectoria profesional. El año pasado participó en una actividad del Día de la niña en la ciencia: fue al colegio de su nieta, de 4 años, a explicar robótica a los niños. «Yo veo que a lo mejor también se hace ingeniera de mayor», aventura con media carcajada.

Pilar Mateo, en Valencia

/ F. Bustamante

"La discriminación de género no desaparece con las leyes"

Química especializada en técnicas de microencapsulación, Pilar Mateo es empresaria y cuenta con siete familias de patentes en mas de 100 países. Sus pinturas antiinsectos combaten enfermedades

Del laboratorio a la empresa de la familia y al emprendimiento. Este el tránsito que recorrió Pilar Mateo (València 1959), química e inventora de la tecnología Inesfly, una pintura con microcápsulas que libera un insecticida capaz de matar insectos. Sus pigmentos permiten combatir la malaria, el dengue o la leishmaniosis. Presidenta de Inesfly Corporation y cofundadora de la empresa audiovisual Filmántropo, su negocio se apoya en siete familias de patentes registradas en más de 100 países. 

Mateo, casada con un economista y madre de dos hijos de 32 y 29 años, nunca ha sentido una discriminación de género clara,«dado que siempre he trabajado en el sector privado y con mis empresas he podido hacer lo que he querido. El problema ha llegado a la hora de reconocer el éxito de mis investigaciones. Recuerdo haber presentado en una conferencia mi tecnología de microencapsulación bio polimérica, y alguien comentarme después, en tono paternalista, que «la pinturita esa» parecía interesante». 

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La empresaria indica que más allá de su caso, el efecto Matilda existe. «Las discriminaciones de género no desaparecen con las leyes, porque las actitudes mentales necesitan tiempo para cambiar. Aunque ahora la discriminación es mucho menor , continúa existiendo. Y no nos olvidemos que en muchas partes del mundo el efecto Matilda continúa intacto», señala la científica valenciana.  

Campaña #NoMoreMatildas. / VÍDEO: AMIT