Apuestas 'online', la pandemia invisible

La ludopatía asociada al móvil y el ordenador supone ya el 26% de las visitas a los especialistas, cuatro veces más que en 2010

Un grupo de veinteañeros consulta aplicaciones de apuestas deportivas ‘online’ el 30 de diciembre

Un grupo de veinteañeros consulta aplicaciones de apuestas deportivas ‘online’ el 30 de diciembre / RICARD CUGAT

  • El 27% de los jugadores 'online' en España tienen entre 18 y 25 años, con un crecimiento del 13% en solo dos años

  • El Gobierno limita la publicidad de los juegos de azar pero los expertos piden campañas de prevención para evitar "pensamientos mágicos"

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Carlos Márquez Daniel
Carlos Márquez Daniel

Periodista

Especialista en Movilidad, infraestructuras, política municipal, educación, medio ambiente, área metropolitana

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Dicen que una vez dentro, salir te parece imposible. Entre otras cosas, porque no quieres abandonar ese estado de emoción constante, de adrenalina en cada decisión. Apostar tiene ese pálpito, el no saber, el quedar a merced de situaciones ajenas, incontrolables. El azar es un juego, pero puede derivar en una adicción. Y el testimonio de los que han pasado por ahí coincide en describir un callejón sin salida , un sendero que termina en la soledad, la ruina y quién sabe, otra adicción como el alcohol, el sexo o las drogas. Personalidad adictiva, se le llama. El Gobierno ha puesto ahora límite a la promoción de las actividades de juego que operan al margen de las loterías que ya controla el Estado. Ahora estas empresas serán menos visibles, ¿pero bastará para evitar que cada vez más jóvenes se expongan a una vida en el alambre? En Bellvitge, por ejemplo, el número de adictos al juego 'online' se ha multiplicado por cuatro en solo 10 años.

El tema del juego tiene muchos prismas y todos ellos vienen cargados de argumentos. Como gremio, es un auténtico gigante económico. Mueve cada año cerca de 41.000 millones de euros (cinco millones más que la restauración) y genera 1.700 millones en impuestos para las arcas públicas. Según el Grupo Codere, una de las compañías punteras, el sector emplea, además, a unas 80.000 personas. Y todo esto no ha hecho más que crecer: en los últimos 10 años, a la oferta de casinos, bingos, loterías, máquinas tragaperras y salones de juego se le han sumado las apuestas 'online'. 

Una joven consulta una web y una aplicación de apuestas deportivas

/ RICARD CUGAT

El decreto aprobado a principios de noviembre por el Gobierno está hecho a medida para esta nueva categoría. En resumen, el Ministerio de Consumo que dirige Alberto Garzón limita la publicidad a la franja entre la una y las cinco de la madrugada, veta el uso de personajes públicos (futbolistas, presentadores de televisión…) para promocionar estos negocios, no permite los bonos de captación de usuarios (dinero gratis de entrada para empezar a apostar) y prohíbe el patrocinio de competiciones deportivas. Este último punto es quizás el más mediático de todos, puesto que 25 clubs de fútbol, de Primera y Segunda división, se verán obligados a buscar nuevo 'sponsor' a partir de agosto del año que viene. Solicitaron tres años de moratoria, pero solo les han dejado terminar la temporada en curso. El incumplimiento de alguna de estas normas se sancionará con multas de entre 100.000 y un millón de euros. 

La publicidad (la vinculada al juego ‘online’ se ha multiplicado por tres en siete años, de 68 millones en 2013 a 181 en 2019) es el arte de generar nuevas necesidades. Juega con las aspiraciones, el deseo, la ilusión; pero también con la frustración, los complejos, el querer y no poder. Hubo un tiempo en el que los anuncios de tabaco y alcohol se vinculaban a lo varonil. Si quieres ser un hombre de verdad, fuma esto y bebe aquello. Y aparecía un tipo estupendo, en ademán contemplativo, hecho a sí mismo. Un figura. Como Eric Lawson, el actor vaquero de Marlboro que murió en 2014 víctima de una obstrucción pulmonar crónica. Esos dos gremios, desde el momento en el que la Administración miró menos la caja y un poco más la salud, han quedado ya muy acotados. No sucedía lo mismo con el juego y las loterías, donde, según los estudiosos, todavía abunda cierta frivolidad. “¿Te preocupa la distancia social? Prueba el ascenso social’, rezaba una publicidad de La Grossa, este pasado agosto. Fue retirada de inmediato tras un tsunami de indignación al que siguió una lluvia de disculpas públicas. Pero ahí quedaba el mensaje: jugar te convierte en otra persona. Desgraciadamente, no la que tú querrías.

Fuera de esta normativa han quedado las loterías públicas y las de la ONCE, que disponen de protección especial gracias a la ley del juego de 2011. Eso es algo que Juan Lamas no entiende. Es el director técnico de la Federación Española de Jugadores de Azar Rehabilitados (FEJAR) y es de los que jamás se ha emocionado con los almibarados anuncios del sorteo de Navidad. “El decreto ley es un paso adelante, pero me encabrona mucho ver cómo a las diez de la noche, como si fuera una noticia más de interés general, en la televisión nos informan sobre los números afortunados del día”. En la memoria, el programa Telecupón, que convirtió el sorteo de los ciegos en un acontecimiento televisivo diario de la mano de la simpar Carmen Sevilla.

Al margen de denunciar la frivolización de una actividad que puede degenerar en una ludopatía, Lamas lamenta que el Gobierno no haga más esfuerzos en materia de “prevención e información a las personas afectadas” y que la regulación de las salas de juego presenciales sea distinta para cada autonomía. La publicidad, sostiene, “es un caldo de cultivo” que luego se traduce en negocios vinculados al juego, sobre todo, en las zonas más vulnerables de las ciudades, lo que genera preocupantes alteraciones del “ocio en determinadas edades”. Volviendo al dinero que genera el sector, Lamas lamenta que el juego (en España hay 1,4 millones de jugadores ‘online’ activos) se haya visto siempre “como la gallina de los huevos de oro y no como un problema de salud pública”. ¿Es realmente así?

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Susana Jiménez es la jefa de la Unidad de Juego Patológico del Hospital de Bellvitge y conoce bien los efectos del juego. Desde 2005, su equipo ha tratado a unos 350 nuevos pacientes cada año. Señala que en 2010 hubo un incremento considerable (100 más), achacable a la crisis económica, y que en los últimos años han detectado un claro cambio de perfil. Si una década atrás las apuestas ‘online’ suponían el 6,9% de las consultas, ahora ya son el 26%. También se han incrementado las visitas de menores de 25 años (el 27% de los jugadores 'online' tienen entre 18 y 25 años, porcentaje que ha crecido un 13% en dos años, y el 83% tienen menos de 45). Eran el 6,8% del total en 2005 y ahora son ya el 18%.

Esta especialista no solo está en contra de la publicidad de las apuestas. Considera, de hecho, que debería dedicarse a “campañas de prevención” y no a la promoción del juego 'online'. Su experiencia, sin embargo, le dice que los anuncios son un factor más de riesgo; un catalizador. Porque hay otros, como el entorno social o familiar, que pueden degenerar en “impulsividad, la búsqueda de sensaciones o la dificultad para manejar las situaciones". En el caso de las mujeres, cuyos casos suelen darse a partir de los 35 años, se une, define Jiménez, "la necesidad de combatir la soledad y huir de los problemas". Y qué mejor que refugiarse en mundos paralelos: "La publicidad facilita la aparición de creencias irracionales y pensamientos mágicos que te harán pensar que podrás tener una vida de lujos y dejar de trabajar. Y no es así".