GENERACIÓN 'PANDEMIAL'

Ser madre en covid; la espera entre la ilusión y el miedo

  • Ana Maria, Gemma y Cristina se quedaron embarazadas durante la pandemia.

  • Cada una lo ha vivido como ha podido, en contextos diversos, todas con la ilusión de que el 2021 sea un año mejor. 

Ana Maria sale de cuentas el 1 de enero del 2021.

Ana Maria sale de cuentas el 1 de enero del 2021. / ANNA MAS

4
Se lee en minutos
Helena López
Helena López

Redactora

Especialista en movimientos sociales y vecinales

Escribe desde Barcelona

ver +

Su fecha prevista de parto es el 1 de enero del 2021. Espera que no se le adelante y que su marido pueda disfrutar así de las 16 semanas de permiso que entran en vigor en esa fecha. Un embarazo que ha vivido íntegramente en pandemia lo que, asegura, le ha pasado factura. “Decirle a tu madre que estás embarazada y que no te pueda abrazar es muy duro”, apunta. Como ese detalle, que puede parecer menor pero no lo es, Ana Maria explica cientos. Su abuela vive en Granada y tenía previsto ir a verla en septiembre, que la viera embarazada, pero tampoco fue posible. Tampoco pudo organizar el ‘baby shower’ que le hacía tanta ilusión, para compartir su alegría con sus amigas. Este año todas han cumplido los 30 otra vez sin poderlo celebrar. Sin poderse abrazar. En estos meses han muerto también dos familiares -no por covid-, de los que no se ha podido despedir.

Lo más duro fueron los tres primeros meses. Tenía un hematoma y le dijeron que el embarazo era de mucho riesgo, así que no le dijeron a nadie que estaba embarazada. “Estábamos encerrados en casa, los dos teletrabajando con el niño [tiene un hijo mayor de dos años y medio], sin poder compartir mi angustia con nadie, sufriendo por si tenía una hemorragia y tenía que ir a urgencias, como la primera vez, cuando me dijeron que era de riesgo, que fui al hospital sola porque mi marido se quedó en casa con el mayor”, explica. Fue muy duro. Llamaba por teléfono y las líneas estaban colapsadas. 

“Es posible que este sea mi último embarazo y el virus me ha puesto un muro delante. Ha hecho que lo viva con una frialdad… Mi marido no pudo entrar a las ecografías. Se tenía que quedar en la puerta, sin poder escuchar el corazón de su hijo. Eso fue muy duro también”, prosigue.

A pocas horas de parir [es posible que cuando lean esto Pol ya haya llegado al mundo], sufre por su hijo mayor (cuyo embarazo fue completamente diferente), que no podrá conocer en el hospital a su hermano. Llevamos nueve meses sin separarnos ni de día ni de noche y de repente desapareceré mínimo tres días, si todo va bien…

Gemma, embarazada de su segundo hijo, que espera para el mes de marzo.

/ ANNA MAS

Embarazada de siete meses, Gemma Arenas también piensa mucho en cómo lo vivirá Hugo, su hijo mayor, de cinco años y cuyo nacimiento coincidió con la crisis de la gripe A. Auxiliar de enfermería en la planta de geriatría del Hospital de Granollers, meses antes de quedarse embarazada Gemma vivió en primera línea la cara más dura de esta crisis. 

Cuando se quedó embarazada, en julio, había un brote enorme en el hospital. Fue a pedir la baja y no se la dieron. “Para la mutua laboral no existe el covid. Tuve que ir al CAP y pedir la baja por ansiedad. Yo sabía lo que había allí, no podía exponer a eso a mi bebé, que llevaba más de dos años buscando”, denuncia la mujer, quien subraya que su doctora de cabecera no le ha puesto ninguna pega en irle renovando la baja, pero ha sido un motivo de estrés añadido más estar pendiente de renovarla.

Cristina posa con el atrapasueños que ha hecho para su hija.

/ El Periódico

Noticias relacionadas

Cristina irradia felicidad y optimismo. Quiere vivir y disfrutar de su embarazo de forma plena y se ha creado su burbuja para intentar que la pandemia no destroce su momento, ese que tanto había imaginado. Esta empresaria de 44 años lleva 20 trabajando 10 horas diarias al frente del restaurante Zarautz que se tomó el primer confinamiento, aquel que en un primer momento nos contaron que serían 15 días para hacer un reset, como una luna de miel con su pareja. «Nos pasábamos el día riendo, charlando o jugando a pinpón en el jardín. Íbamos a botella de vino diario», explica reviviendo un momento dulce. 

Le habían dicho que llevaba una vida muy estresada y que cuando se relajara, se quedaría embarazada y ella no hacía mucho caso, pero resultó ser cierto. En estos meses no ha dejado de hacer yoga y bailar, dos de sus aficiones e, hiperactiva como es, ha dado rienda a su lado más creativo y se ha puesto a hacer atrapasueños. Empezó haciéndole uno a Ona, su hija que nacerá en febrero, colgó una foto en su Instagram y empezaron a hacerle encargos. Ya lleva hechos y vendidos medio centenar. No le tiene miedo al parto ni al 2021, año que espera con ilusión, casi tanta como a su pequeña Ona, a quien le está preparando un diario con cómo se está sintiendo durante el embarazado.