MEDIO AMBIENTE

Europa avisa: la zona de bajas emisiones no basta para reducir la contaminación en Barcelona

La AEMA ve "efectiva" la expansión de las supermanzanas para reducir "la exposición" de los ciudadanos a la polución

Ciudadanos conversando sentados en una de las mesas de la supermanzana de Sant Antoni.

Ciudadanos conversando sentados en una de las mesas de la supermanzana de Sant Antoni. / FERRAN NADEU

  • Los problemas de salud asociados a la contaminación cuestan a los europeos hasta 940.000 millones de euros al año

  • La polución causa en el Viejo Continente cerca de 430.000 muertes prematuras anules

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Muchas ciudades, entre ellas Barcelona, estaban inmersas en un debate que la pandemia ha acelerado: el de la recuperación del espacio público, y por ende, el de la reducción de la contaminación. Se trabaja en ese sentido para que la polución no dañe la salud de los ciudadanos, pero también, y en el caso del Viejo Continente, porque así lo requiere la Unión Europea. Las cifras avalan la inquietud: cerca de 40 millones de 115 ciudades europeas viven con niveles de aire sucio por encima del máximo permitido. En este sentido, y en referencia a la capital catalana y su entorno metropolitano de 3,2 millones de habitantes, la Agencia Europea del Medio Ambiente (AEMA) ha alertado de que la Zona de Bajas Emisiones (ZBE) puede no ser "suficiente" para reducir la contaminación.

"Las ZBE hacen que las ciudades reduzcan las concentraciones en gran medida, pero esto no quiere decir que su introducción sea la única medida, o suficiente. Las restricciones enfocadas a un sector no son suficientes porque en las ciudades hay diferentes fuentes de emisiones", avisa la experta en calidad del aire del AEMA Evrim Dogan, en declaraciones recogidas por la ACN. A pesar de que el confinamiento hace "difícil" calcular el impacto de la ZBE un año después de su introducción, Dogan apunta que los últimos datos indican que Barcelona puede acabar el año con todas las estaciones cumpliendo los límites de dióxido de nitrógeno.

Sombrero de contaminación sobre Barcelona, el 23 de octubre

/ Alejandro Garcia (EFE)

"No hay una medida concreta que vaya bien para todas las ciudades. Cada una tiene sus características y las capacidades de los ayuntamientos son diferentes", subraya la experta, que avala la extensión de las supermanzanas en Barcelona. "Son efectivas en cuanto a la exposición a la contaminación", apunta Dogan, que insiste que el aumento de zonas verdes en la ciudad también afecta la circulación de los flujos de aire. En ese aspecto, sin embargo, la capital catalana pincha estrepitosamente, puesto que a cada ciudadano le tocan siete metros cuadrados de verde, una de las cifras más bajas de Europa.

El peaje urbano

En cuanto a la implantación de un peaje urbano, la experta de la AEMA subraya que se tiene que tener "cuidado" a la hora de introducirlo, puesto que se debe evaluar primero el impacto que tiene "globalmente" en la calidad del aire. Dogan recuerda que esta es una medida cuyos resultados solo son evaluables a largo plazo. En cualquier caso, Barcelona sigue en la fase de la discusión política, puesto que los socios del gobierno municipal, 'comuns' y socialistas, no se ponen de acuerdo sobre la oportunidad de implantarlo. Se instale o no, esta agencia europea insta a enfocar los esfuerzos en la transición energética para reducir la contaminación, algo en lo que la capital catalana tiene una mano atada a la espalda, sobre todo en lo que tiene que ver con la polución que generan los barcos atracados en el puerto, que no son competencia del consistorio. "Hace falta más energía renovable y actuar no solo en un nivel local, sino multidimensional", señala Dogan, que celebra "la ambición" de los gobiernos locales europeos para reducir la contaminación.

Señal de la zona de bajas de emisiones (ZBE) de Barcelona en una salida de la ronda


/ Ferran Nadeu

"Están tomando las medidas de mitigación necesarias. Ha habido una gran mejora en las ciudades en cuanto a la calidad del aire", dice Dogan, que pide incrementar los esfuerzos para "concienciar" a los ciudadanos sobre la necesidad de reducir la contaminación. Una necesidad que es sanitaria, pero también económica: en el 2013, la UE calculó que los problemas de salud asociados a la contaminación del aire cuestan a los europeos hasta 940.000 millones de euros al año. Por no hablar de las 430.000 muertes prematuras anuales también asociadas a la polución.

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Por el buen camino

Este año, y gracias a la reducción del tráfico, Barcelona va camino de cumplir con los niveles aceptables de calidad del aire. Según datos provisionales, hoy por hoy ninguna estación supera la media anual máxima de dióxido de nitrógeno (NO2), que está fijada en 40 µg/m3. La Comisión Europea decidió en el 2019 llevar a los tribunales de la Unión Europea en España por el nivel de contaminación en Barcelona, el Vallès, parte del Baix Llobregat y Madrid. En el 2019 dos estaciones de la capital catalana superaban el límite de dióxido de nitrógeno, mientras que el 2018 y el 2017 tres estaciones se situaron por encima del límite. A este cumplimiento de la norma ha contribuido también en parte el hecho que Barcelona haya sido la ciudad europea donde más se ha reducido la contaminación durante el confinamiento. Concretamente, la capital catalana redujo en un 59% las concentraciones de dióxido de nitrógeno contaminante de entre el 15 de marzo y el 30 de abril.