Director adjunto del Hospital de Puigcerdà

Xavier Conill: "En la Cerdanya tenemos más ingresados por covid ahora que en la primera oleada"

El responsable del centro sanitario transfronterizo considera que mantener abierta la comarca habría generado situaciones de "una fragilidad brutal"

Xavier Conill, junto al cartel, en catalán y francés, que deja claro el caracter transfronterizo del hospital

Xavier Conill, junto al cartel, en catalán y francés, que deja claro el caracter transfronterizo del hospital / Carlos Márquez Daniel

  • “Cuesta entender que se limite la movilidad y a la vez se permita ir a la segunda residencia”

  • “Nuestro gran temor era que se juntara la actividad de una semana de Navidad con la oleada de covid” 

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Carlos Márquez Daniel
Carlos Márquez Daniel

Periodista

Especialista en Movilidad, infraestructuras, política municipal, educación, medio ambiente, área metropolitana

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Xavier Conill asumió la dirección adjunta del Hospital de la Cerdanya a principios de septiembre. Un destino que sin pandemia podía destilar cierto aroma a ‘Doctor en Alaska’ pero que con el covid, y en una de las comarcas más magulladas por el virus, se ha convertido en un desafío diario. Ahora debería estar de vacaciones, pero ha anulado las fiestas en Barcelona y se mantiene en su puesto de trabajo para atender a la crisis sanitaria.

-Entiendo que la situación en el hospital no invitaba a marcharse con tranquilidad…

-Tenemos 14 ingresados con covid, de los cuales la mitad son personas entre 40 y 60 años y la otra mitad está por encima de los 80.

-¿Son pacientes de la Cerdanya o no residentes?

-Hay de todo. Tenemos la complejidad que durante la primera oleada mucha gente vino a vivir a la Cerdanya, por teletrabajo o jubilados que han decidido pasar más tiempo aquí que en su residencia habitual.

-Mucha gente señala al puente de la Purísima como origen de la situación actual.

-Creo que es multifactorial. Es el puente, la relajación, que es evidente; la idea generalizada de que nos permiten movernos, la idea de que si el viernes no se puede subir, lo hacemos el jueves… Un poco la sensación de que la normativa es dura y que la gente ha ido encontrando la manera de esquivarla. Lo que es indiscutible es que la movilidad y la interacción social perjudican. Si unes las dos cosas, todavía empeoran más las cosas. Estamos con más ingresados que en la primera oleada. Hemos pasado de dos pacientes covid de promedio hace 10 días a 14 ahora. Es una subida muy fuerte. Junto con una actividad normal de finales de diciembre en la Cerdanya, podrían haberse generado situaciones de una fragilidad brutal.

Conill, con la Tossa d'Alp reflejada en al cristal del hospital, este jueves

/ Carlos Márquez Daniel

-¿Cuántas camas tienen?

-Tenemos 44 camas. Es un hospital pensado en el 2007 para que durara, sin grandes obras, 50 años. Es decir, que tiene capacidad de crecimiento, concretamente, hasta las 60 camas. Pero también está la estructura humana. En estos momentos la mitad de los ingresados tienen covid. Hemos tenido que desprogramar cosas para mantener la capacidad de crecimiento y garantizar la seguridad de los pacientes. Si alguien con operación de prótesis de cadera puede esperar que pase un poco esta oleada de coronavirus, mejor. Se toman todas las medidas para evitar la contaminación entre pacientes, pero con 14 positivos, la posibilidad de infectar a otros existe.

-Este es un hospital transfronterizo, ¿todos los pacientes son catalanes?

-No, tenemos dos franceses. Nuestra misión es dar servicio a la Cerdanya catalana del sud y la francesa del norte. Proporcionalmente tenemos más pacientes del sur que del norte.

-Y entiendo que 14 es el número máximo de pacientes con covid ingresados.

-Sí, estamos en la cresta de la ola y sin saber si mañana empezará a cambiar la curva o no.

“Si la gente va a la segunda residencia, no es para quedarse en casa”

-Ustedes no tienen UCI, ¿cómo gestionan los graves?

-Ahora estamos gestionando el traslado de un paciente a Manresa y ayer, otro infectado de nacionalidad francesa fue trasladado a Perpinyà.

-Y dada esa capacidad de crecimiento del hospital, ¿no se plantean instalar unidades de cuidados intensivos?

-No sería eficiente. Piense que para tener una UCI te hace falta un equipo de intensivistas y un equipo de enfermería 24 al día en tres turnos. Eso requiere un recurso humano especializado que es mucho más eficaz si está en hospitales más grandes. Eso, sin embargo, no implica que nuestro personal no pueda atender durante unos días a pacientes críticos con respirador.

-Todo esto sucede, además, en época de nieve, con lo que eso implica de accidentes en las pistas que acaban derivándose al hospital.

-Cierto. Nuestro gran temor era que se juntara la actividad de una semana de Navidad con la oleada de covid. Teníamos planificado poder hacerlo, pero el crecimiento del virus es imprevisible. Si hay disminución de la movilidad, las urgencias no debidas al coronavirus bajarán y estaremos más preparados para atenderlas.

-¿Qué ha fallado en la Cerdanya para que llevemos semanas viendo en el norte de Catalunya un punto tan negro en comparación con el resto del territorio?

-No sé si ha fallado algo, pero sí es cierto que cuando empezó la segunda oleada, aquí ya llevábamos 10-15 días sufriendo. Ahora se habla de la tercera y nosotros hace tiempo que la notamos. Hay muchas razones, la primera es que somos pocos habitantes y se han hecho muchos cribajes, es un tema estadístico. También es un lugar de mucha movilidad y que además vive de ese ir y venir. La Cerdanya catalana vive de las segundas residencias, de que la gente vaya a los hoteles, a los restaurantes. La gente cuando sube quiere hacer eso. Se suele recomendar a los que van a la segunda residencia que se queden en casa. Pero la gente sube a hacer cosas, no a quedarse en casa. Si te marchas fuera no es para no salir, y menos si vas a la montaña. En verano, por ejemplo, subió mucha gente. Aquello fue una ventana en la que quizás nos relajamos demasiado. Por último, no sé si la cuarentena se respeta como debería. Aunque des negativo, si has estado en contacto con un positivo debes encerrarte. Y creo que no ha habido suficiente cultura para hacerlo. Esas cuarentenas brutales de la primera oleada, de cerrarse en una habitación, tengo la sensación de que en general no se han hecho tan bien.

Exterior del hospital de la Cerdanya, este jueves por la mañana

/ Carlos Márquez Daniel

-¿El hospital hizo algún requerimiento al Govern?

-Las medidas las aceptamos y planificamos de acuerdo con lo que decida el Govern. No influimos sobre sus decisiones. Lo único que hacemos es trasladar a Salut la información de cómo estamos.

-¿La medida del cierre perimetral es ajustada? ¿Cree que llega tarde?

-No valoro las medidas, yo soy un gestor. Todo el mundo tiene su opinión personal, pero creo que el Govern es consciente de que el cierre en estas fechas es un golpe muy duro, y de consecuencias muy graves. Pero es que la situación, seguramente, también la valoran como muy grave.

-Antes hacía mención a la falta de cultura al referirse a las cuarentenas. ¿Cree que hay una manera mediterránea de vivir la pandemia?

-La actitud de la pandemia es la actitud ante la vida. Pensar que durante el verano alguien se confinaría es no conocer la realidad del sur de Europa. El modo de vivir la pandemia es un reflejo de cómo vivimos en general. Recuerda un poco a la reacción inicial ante la ley antitabaco o ante la obligación de ponerse en casco para ir en moto.

"¿'Pixapins'? No podemos criminalizar a ningún colectivo por lo que he está pasando"

-¿Los ingresados son de una zona determinada de la Cerdanya?

-Debemos tener cuidado con las cifras porque te podría decir que se concentran en Puigcerdà, pero es que la mayoría de la gente de la comarca vive en Puigcerdà. Ahora mismo tenemos tantos casos positivos, que encontrar el brote es muy complicado. Piense que tenemos una tasa de contagio cercana al 2,5 (la media en Catalunya está en 1,24).

-¿Es justo que señale tanto a los ‘pixapins’?

- No podemos criminalizar a ningún colectivo. No debemos criminalizar a nadie. Pero es un sentimiento ambivalente, porque los hoteleros y restaurantes no se quejan por tener la neveras llenas, se quejan de que los ‘pixapins’ no suban. Esta es una comarca turística, que vive de las segundas residencias, de la movilidad. Quien más quien menos se ha hecho rico construyendo casas, es así.

-¿Cómo está el personal del hospital?

-Están igual que cualquier profesional de la sanidad. Están cansados. No han podido descansar bien ni durante las vacaciones. Tienen vocación de servicio público y aguantarán lo que sea, pero para ayudarles hace falta claridad. Hace unos días se presentó el plan para la Navidad, con medidas que no se entendían, o que no se explicaron suficientemente bien, y eso sí cansa y quema, que el mensaje no llegue bien a la población y a los sanitarios. Estas últimas medidas en la Cerdanya, en cambio, son más claras. Tienen una línea argumental más coherente, y se agradece. La medida de permitir ir a la segunda residencia pero se limita la movilidad cuesta de entender. El personal sanitario volverá a dar el do de pecho y superaremos esta crisis. Esperemos que en seis meses podamos volver a trabajar en proyecto a medio plazo. Llevamos demasiado tiempo centrados en el día a día.

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-El alcalde de Ripoll pedía que el plan de vacunación empiece precisamente por el Ripollès y la Cerdanya, ¿qué le parece la idea?

-No es ilógico. Si somos los que estamos con una posibilidad de contagio mucha más alta, por qué no. Pero si toda Europa empieza por determinados colectivos, seguramente es lo que se tiene que hacer. Lo que sí es importante es que nos cuenten, cuando se pueda, cuál es el plan y cuándo llegarán las vacunas al territorio.