la nueva ley de eutanasia

"Jordi tuvo que morir a escondidas"

  • Un familiar rememora el suicido asistido de Jordi Rodríguez, que tuvo que viajar hasta Suiza para poder cumplir su voluntad

  • "La ley de la eutanasia dará tranquilidad a muchas familias para que quienes deseen puedan morir en casa y sin ninguna culpa"

  • El Congreso ha aprobado este jueves en comisión la futura regulación, que verá la luz definitivamente en torno a marzo

Joan Alquézar y su mujer, Nuria, enseñan una foto de sus suegros Jordi y Violeta.

Joan Alquézar y su mujer, Nuria, enseñan una foto de sus suegros Jordi y Violeta. / JULIO CARBÓ

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Elisenda Colell
Elisenda Colell

Redactora

Especialista en pobreza, migraciones, dependencia, infancia vulnerable, feminismos y LGTBI

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El Congreso de los Diputados dio este jueves un empujón a la que aspira a ser la segunda gran ley social del Gobierno de PSOE y Podemos: la de la eutanasia, después de la aprobación en la Cámara baja de la 'ley Celáa'. La Comisión de Justicia ha aprobado la proposición de ley que despenaliza la eutanasia y regula el procedimiento para acceder a un derecho que será incluido en la cartera de servicios del Sistema Nacional de Salud, cuando la norma vea definitivamente la luz, en torno al mes de marzo.

Mientras tanto, decenas de familias de pacientes terminales esperan que los políticos se pongan de acuerdo y den luz verde a la ley.

El caso de Jordi Rodríguez

Jordi Rodríguez fue un hombre avanzado a su tiempo. Así le define su yerno, Joan Alquézar, una de las personas que lo ayudó a morir en 2010. Jordi había sido mayordomo de unos príncipes en París, y uno de los primeros catalanes que se adentró en la Unión Soviética. A los 80 años, enfermo de una insuficiencia respiratoria y una patología cardíaca que le impedía salir de su casa, pidió acabar con su vida. Tuvo que hacerlo a escondidas, en Suiza, para que su familia no sufriera represalias en España.

Un familiar rememora el suicidio asistido de Jordi Rodríguez. / J. CARBÓ / VÍDEO: J. CARBÓ / M. TUDELA

La lucha de Jordi es la de tantas personas que defienden poder morir dignamente, y que reclaman que se legalice la eutanasia. "Cada tres meses tenía crisis respiratorias, y sabía que iba a acabar en la cama sin apenas poder moverse. No podía soportar esa idea", explica Alquézar. Así que el día de su santo, el 23 de abril de 2010, reunió a toda la familia. Apenas dijo nada. Hablaban por él varios recortes de diarios que explicaban que en Suiza y en Ámsterdam sí podía lograr el final que ansiaba. "Solo nos preguntó: '¿Me ayudaréis?'". La familia trató de hacerle cambiar de opinión, hasta que se dieron cuenta que el deseo de Jordi era firme.

Viaje en un cadillac

El viaje a Suiza lo hizo con sus dos hijas y sus dos yernos cinco meses más tarde en un cadillac prestado. El ingreso en la clínica de Zúrich costó 10.000 euros. Tras varias entrevistas psicológicas, y un día de reflexión llegó el momento. "Nos dijeron si quería dar un paseo, charlar un rato... pero Jordi deseaba acabar con su vida. Y zanjó que no hacía falta, que quería reunirse con su mujer, Violeta, cuanto antes". Alquézar no puede evitar soltar varias lágrimas cuando recuerda ese día. Lo explica acompañado de su mujer, Nuri Rodríguez, que ahora sufre una demencia.

El final de la vida de Jordi fue tranquilo. Cogido de las manos de sus hijas, aceptó a tomarse el sedante, y en poco menos de treinta segundos se durmió eternamente. "Ojalá lo hubiéramos hecho en casa, sin tenernos que esconder de nada", se sincera el yerno. Luego, el viaje de vuelta de la familia fue "durísimo", prosigue Alquézar. Las cenizas de Jordi llegaron dos semanas después. Y así termino todo. ¿Se sienten culpables? "Sentimos paz. No hicimos nada malo. Ayudar a morir con dignidad es una de las cosas más bonitas, y una gran prueba de amor. Él solo quería irse con dignidad, no tener que sufrir en la cama".

"Ojalá lo hubiéramos hecho en casa, sin tenernos que esconder de nada",

El yerno sabe que el caso de Jordi es un símbolo. Años después, la policía les interrogó tras una denuncia contra la asociación Dret a Morir Dignament, de la que él forma parte. "El agente me dijo que él tenía un familiar en la misma situación y que ojalá pudieran hacer lo mismo", explica. A raíz de su caso, varias familias de la entidad han seguido su viaje. "Recuerdo un chico de 30 años, muy deportista, con esclerosis lateral amiotrófica. Llegó hasta el final, era su deseo".

Al fin, la ley que legalice la eutanasia en España está a punto de ser aprobada. "Dará tranquilidad a muchas familias. Jordi tuvo que morir a escondidas y eso es algo que se puede evitar", expresa Alquézar. Ahora, y más a raíz de la pandemia, estos viajes son impensables para muchos pacientes que desean una muerte digna. "Hay personas que optan por el suicido violento. Es una muerte que produce mucho dolor, y sufrimiento", añade el hombre. ¿Qué les diría a los partidos que están en contra de esta ley? "Que recuerden que la muerte digna es un derecho, al igual que la vida".

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"Hay personas que optan por el suicido violento. Es una muerte que produce mucho dolor, y sufrimiento"

Joan Alquézar hace toda la entrevista al lado de su mujer. Ella se limita a señalar a su padre en una foto que hay en el comedor. La enfermedad de Nuri ha convertido a Joan en un incansable cuidador: no la deja sola en ningún momento del día. ¿Se han planteado que ella pueda acceder al derecho que Jordi tenía prohibido? "De momento no sabemos lo que haremos. Pero Jordi nos descubrió una puerta que, si fuera necesario, se podría abrir".

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