Quinto aniversario

Sucesión de catástrofes climáticas desde el Acuerdo de París

La Antártida registra temperaturas récord, la banquisa baja, las sequías se suceden y los huracanes también

Quinto aniversario del Acuerdo de París sobre el cambio climático. En esta foto de archivo tomada el 12 de diciembre de 2015, varias Organizaciones No Gubernamentales (ONG) se reúnen para formar una cadena humana en los Campos de Marte cerca del Torre Eiffel.

Quinto aniversario del Acuerdo de París sobre el cambio climático. En esta foto de archivo tomada el 12 de diciembre de 2015, varias Organizaciones No Gubernamentales (ONG) se reúnen para formar una cadena humana en los Campos de Marte cerca del Torre Eiffel. / ALAIN JOCARD/AFP

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AFP

"El mundo ha cambiado desde París. Y no para mejor. (...) Vemos los efectos atribuibles al cambio climático provocados por las personas (...). Nos enfrentamos a los daños", resumía recientemente Saleemul Huq, director del Centro Internacional para el Cambio Climático y el Desarrollo con sede en Bangladés, uno de los países más amenazados por las consecuencias del calentamiento global.

El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, es más brutal: "La humanidad está haciendo la guerra a la naturaleza. Es suicida, porque la naturaleza siempre responde golpe por golpe, y ya lo hace con mucha fuerza y cada vez más furia". Una declaración impactante con motivo de la presentación la semana pasada del informe anual provisional de la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

Cinco años después del Acuerdo de París, el mundo sigue sin estar a la altura del desafío climático. Pero en plena pandemia, los dirigentes del planeta tratarán el sábado de dar un nuevo impulso al tratado, rescatado de la agonía con la elección de Joe Biden.

Cada vez más calor

Los años desde 2015 han sido los más calurosos jamás registrados. El 2016 se sitúa en lo alto del podio, con una temperatura media 1,2 °C superior a la de la época preindustrial (el acuerdo de París pretende limitar este calentamiento a 2 °C y si fuera posible 1,5 °C). Y este 2020 se perfila como uno de los tres más calurosos, a pesar de ser un año 'La Niña', un fenómeno meteorológico que tiende a enfriar las temperaturas globales.

Europa vivió en el 2019 una ola de calor intensa. Y el calentamiento se nota incluso en Siberia, donde se llegó a 38 grados en la ciudad de Verjoyansk el 20 de junio pasado. Misma tendencia en la Antártida. A principios de febrero, los científicos brasileños registraron 20,75 °C en el extremo de la Península Antártida Occidental (récord todavía no homologado).

El hielo se derrite

Las regiones polares sufren las consecuencias. En octubre, la superficie de la banquisa (hielo marino) del Ártico alcanzó su nivel más bajo jamás registrado en esta temporada. Su tasa de crecimiento también era inferior a lo normal. Y múltiples estudios científicos han demostrado que la capa de hielo de Groenlandia se está derritiendo a un ritmo sin precedentes, mientras que el hielo del "continente blanco" alrededor del Polo Sur también se debilita.

Esto desencadena un círculo vicioso: el hielo pierde su poder reflectante, los rayos del sol se absorben más, el agua del hielo derretido calienta la banquisa, que se derrite aún más...

El fenómeno también contribuye a la crecida de los océanos, cuyo nivel subió 15 centímetros en el siglo XX, según expertos climáticos de la ONU, quienes advierten que para 2050 más de 1.000 millones de personas que viven en zonas costeras poco elevadas podrían verse amenazadas.

Las tormentas causan estragos

Los efectos del calentamiento de los océanos provocan fenómenos meteorológicos extremos. "Reduciendo la cantidad de hielo, aumentas el calentamiento y si se calienta el Ártico, puede cambiar la circulación de la corriente en chorro (flujo de aire rápido) que crea nuestras condiciones meteorológicas", explica Nathan Kurtz, investigador del centro espacial Goddard de la Nasa en un video.

Los huracanes y otros ciclones se alimentan por el calor del agua. Si la temperatura del agua aumenta, las tormentas que se forman encuentran "combustible". El aumento de la intensidad de los episodios meteorológicos son una señal del calentamiento, según los investigadores.

Así, las últimas cinco temporadas de tormentas en el Atlántico han registrado una actividad superior a la media. La temporada 2020, que acaba de terminar, batió todos los récords con 30 tormentas muy fuertes (récord anterior, 28 tormentas en 2005). La lista de nombres latinos previstos para bautizarlas se agotó y el Centro Nacional de Huracanes estadounidense (NHC) tuvo que usar el alfabeto griego.

Las otras regiones tampoco se salvan. En marzo del 2019, dos ciclones devastaron la costa del Océano Índico en el sur de África, borrando casi del mapa la segunda ciudad de Mozambique, Beira, con más de 600 muertos y cientos de miles de personas sin techo. En 2017, el sur de Asia, especialmente Bangladés, fue asolado por inundaciones gigantescas causadas por una temporada de monzones.

Sequía e incendios

Los episodios de sequía también aumentan. Durante el verano austral de 2017/18, los 3,7 millones de habitantes de Ciudad del Cabo en Sudáfrica vivieron bajo la amenaza de un "día cero", sin agua corriente. Bajo el efecto de una sequía que se prolongaba desde el 2015, los embalses estaban secos. Una situación tres veces más probable por el calentamiento, según investigadores del World weather attribution.

Pero las consecuencias más espectaculares son los "megaincendios" que han devastado muchas regiones del mundo, desde Australia hasta Estados Unidos pasando por Siberia. Su activación no está directamente vinculada al calentamiento, pero éste favorece las condiciones de su propagación.

En Australia, la probabilidad de una temporada de incendios tan intensa como la última ha aumentado un 30% desde 1900 debido al calentamiento, según los modelos climáticos del World weather attribution.

En Siberia, de un año para otro, reaparecieron los "incendios zombis" (cuando el fuego penetra la profundidad de la tierra) debido a que el suelo ya no está suficientemente congelado en profundidad. El derretimiento de este "permafrost" también podría liberar inmensas cantidades de gases de efecto invernadero.

Los incendios también han quemado la Amazonía. En este caso se deben principalmente a la deforestación agrícola. Reducir este "pulmón verde", un enorme pozo de carbono, corre el riesgo de agravar aún más el cambio climático, advierten los expertos.

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Alimentos en peligro

La agricultura es una fuente importante de gases de efecto invernadero, pero la intensificación de los fenómenos meteorológicos extremos también amenaza la alimentación humana. "La producción agrícola es extremadamente sensible a las condiciones climáticas" recuerda el último informe anual de la FAO, una agencia especializada de la ONU. Y "el cambio climático también afecta a los peces y otras poblaciones acuáticas".