01 dic 2020

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CRISIS SANITARIA GLOBAL

La vida regresa a la plaza

El fin de semana antes de la reapertura de los bares en Catalunya, dos pequeños locales de un barrio de clases populares explican cómo han vivido el cierre

Denuncian la falta de ayudas, subrayan la incertidumbre del mañana y celebran el apoyo mostrado por sus vecinos, los que más han lamentado su ausencia

Helena López

Jose Antonio Venegas levanta la persiana de Can Tapas, este sábado.

Jose Antonio Venegas levanta la persiana de Can Tapas, este sábado. / ANNA MAS

Meses antes de la llegada del covid, la plaza de Rafael Ferrer, en el barrio de Sant Ponç, un barrio de clases populares de Sant Celoni que podría ser un barrio de clases populares de cualquier localidad catalana, vivía un momento dulce. Hacía un tiempo que, gracias a la tozudez de una vecina, había reabierto el local de la asociación de vecinos y los cuatro bares de la plaza, epicentro del barrio, tenían también las persianas subidas y las terrazas llenas de vecinas que se paraban a tomar un café a media mañana o una cerveza a media tarde, al volver de hacer la compra o al terminar el turno en la fábrica. "Estas semanas sin bares el barrio ha quedado muerto. Los hemos echado mucho de menos. Mucho", resume Dolors Moré, pieza clave en la tribu del barrio, mientras Jose Antonio Venegas pasa un trapo sobre una de las mesas de Can Tapas, el bar junto a la asociación de vecinos, para preparar la ansiada reapertura.

Mientras pone a punto el mobiliario exterior para el lunes -fecha que Venegas, a quien todos llaman Jose, espera con tantas ganas como nervios- se le acerca cariñoso Mingo, probablemente el vecino más conocido de la localidad, y le pregunta si ya ha abierto. "No, aún no podemos, Mingo. El lunes. El lunes, ya", le responde el joven, quien se mueve entre estas mesas desde hace casi siete años. Jose tiene 29 años y regenta Can Tapas desde los 22. "Yo era muy joven y aún no había empezado a trabajar; tiraba currículums, pero sin experiencia no encontraba nada, y coincidió que mi padre se había quedado en el paro, y con su edad tampoco le era fácil, y decidimos montar esto juntos", recuerda Jose, hijo de Santa Coloma de Gramenet. "Teníamos familia en Sant Celoni y un día vinimos, vimos el local en traspaso y nos lanzamos", añade. El ambiente en la plaza y el barrio, asegura, es mejor de lo que esperaba. "Muy familiar", describe recurriendo a un adjetivo que no se puede ajustar mejor a la realidad. Una familia extensa que tenía en estos bares, en estas terrazas, su punto de reunión.

Iván Navarro prepara la apertura de su bar, este sábado en Sant Celoni / ANNA MAS

Sentimiento de abandono

"Yo siempre he entendido los bares como los lugares a los que la gente va a cambiar el mundo, a su manera. Un sitio de encuentro, de convivencia, y con las medidas que están tomando parece que lo que quieren es cargarse eso", asegura Iván Navarro, propietario desde junio del año pasado del frankfurt La Ermita (en la plaza, además de terrazas, hay una iglesia románica del siglo XIII). A diferencia de Jose, cuyo local lleva cerrado desde el inicio de las nuevas restricciones, Iván sí ha subido la persiana por las tardes, para hacer bocadillos para llevar (el único de la plaza que lo ha hecho). "Te puedes sacar 30, 40 o 50 euros al día, que no te dan ni para cubrir gastos, pero lo he hecho más que nada por mis clientes, por ofrecerles el servicio; por estar ahí", prosigue el restaurador, muy enfadado con todas las administraciones por el trato recibido. "No nos han ayudado en nada, en nada. Al contrario, nos ahogan", denuncia especialmente dolido con el ayuntamiento. 

Desde el otro extremo de la plaza, Jose comparte diagnóstico con Iván. "Reabrimos sin haber recibido ninguna ayuda, ninguna, en estas semanas, en las que sí hemos tenido que seguir pagando el alquiler, la luz, el agua y los autónomos, que encima nos han subido tres euros, que parece guasa, ya", apunta el joven camarero de Can Tapas, quien ha tenido que tirar de ahorros y de la nómina de su pareja "pero no se puede estar así".

Pese a que, como todo el sector, afrontan con ilusión la reapertura, son muy conscientes de que la pandemia todavía no ha pasado y siguen pendiendo de un hilo. La palabra que más repiten es incertidumbre. Confían en que los vecinos volverán a sentarse en su terraza -"me los encuentro por la calle y todos me preguntan que cuándo abro, tienen ganas", señala Jose agradecido-, pero son consciente de que con el frío y el invierno los ingresos de la terraza son los que son, y que la maldita curva de contagios puede volver a subir, llevándoselos de nuevo por delante.