viaje por la catalunya perimetrada

El tsunami de la pandemia arrasa el corredor playero catalán

Municipios costeros dedicados al monocultivo turístico empiezan a registrar colas del hambre

Solo los hoteles han perdido en Catalunya un 80,7% de clientes en el último año

Tienda de suvenirs abierta este octubre en Salou.

Tienda de suvenirs abierta este octubre en Salou. / MIGUEL LORENZO

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María Jesús Ibáñez

En una España perimetrada -también en una Catalunya perimetrada- en la que los límites autonómicos son ahora frontera, quienes más están sufriendo la situación son los que viven de la gente que se mueve. La falta de visitantes ha hundido comercios grandes y pequeños, bares y restaurantes, alojamientos, establecimientos que alquilan bicicletas por horas y todo tipo de negocios dedicado al sector turístico... Y se ha llevado por delante la economía de pueblos enteros. El litoral catalán alberga claros ejemplos de municipios dependientes del monocultivo turístico que han vivido la pandemia como el paso de un tsunami.

Los datos, en estos casos, son contundentes. Municipios como Lloret de Mar (Girona), con 29.832 plazas hoteleras y un producto interior bruto (PIB) que depende en un 85% de esta industria, está viendo este otoño cómo aparecen colas del hambre y los servicios sociales empiezan a no dar abasto. O Salou (Tarragona), donde el turismo representa un 92,7% del PIB local, que ha tenido que reforzar la atención a algunas comunidades asentadas desde hace décadas en el pueblo, como la senegalesa, porque los pequeños negocios de venta de artículos turísticos –unos legales, otros alegales– con los que se ganaban hasta ahora la vida se han ido a pique. O Calella (Barcelona), cuya agrupación local de Cáritas ha incrementado el número de usuarios en un 71% respecto al año pasado.

La temporalidad y la precariedad de los empleos son un ingrediente común en estas poblaciones. Su hasta ahora potente industria, capaz de atraer cada año a decenas de miles de turistas nacionales e internacionales, no ha podido sobrevivir al letal calendario que les ha impuesto el covid-19. Muchos vecinos, dependientes de estos negocios, han caído en un umbral de pobreza al que antes no se habían asomado.

Sin contrato ni erte

Cuando estalló la pandemia en marzo, apenas había arrancado aún la campaña turística, que suele ponerse en marcha en Semana Santa. Eso implicó que no se hubieran firmado todavía contratos de trabajo para muchos camareros, cocineros, dependientes y otros empleos temporales asociados a la llegada masiva de visitantes. Los trabajadores del sector, por tanto, no han tenido derecho a acogerse a los ertes diseñados para paliar los efectos de la pandemia y han ido tirando estos meses del subsidio del paro y de sus ahorros, que ahora están ya en situación crítica. 

Muchos de los trabajadores temporales del sector llevan sin encontrar un empleo todo este 2020

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Quienes sí han podido abrir y trabajar algo este verano son los menos y lo han hecho también mucho durante menos tiempo que en otras temporadas. Las pernoctaciones en los hoteles españoles en septiembre cayeron un 78% respecto al año pasado, un registro peor aún que las comparaciones respecto a los meses de julio yde agosto. En Catalunya, los hoteles han perdido un 80,7% de clientes respecto a septiembre del 2019. 

El cierre de la restauración el pasado 16 de octubre ha sido el remate final a un 2020 desastroso.  Y cada vez son más los que temen que el 2021 no deparará mejores pronósticos.