Familiares de enfermos esperan de noche en la puerta del área de Urgencias del Complejo Hospitalario de Pamplona, donde más de un tercio de sus camas están ya ocupadas por pacientes de covid.

Lo peor es la incertidumbre

Juan José Fernández | 31 octubre 2020

Segundo día de ruta por la España perimetrada. Acopio de propóleo y vitaminas en Logroño, necrológicas en las paredes de la Ribera navarra, goteo de ambulancias en Pamplona y una juerga particular en Bilbao

Es paradójico que Javier Albecha, vendedor de cupones de la ONCE, cuyo sustento depende tanto del azar, afirme apoyado en su caseta del paseo de la Gran Vía con San Antón: "De la pandemia, lo peor es la incertidumbre".

Otros loteros dicen que en días de crisis, cuando no se ve claro el futuro, la gente juega más, pero este veterano observador de la calle, que lleva nueve años en el mismo punto de Logroñotiene comprobado que esta incertidumbre del covid no ayuda al negocio. "Algunos clientes de toda la vida hace tiempo que no pasan por aquí. A los mayores les da miedo salir. Aquí el bicho ha dado mucha caña", relata.

Cada persona y sus miedos son un mundo en la capital de La Rioja. En la farmacia de Marian Roa, entra la clientela algo apresurada. Hay en la ciudad un ambiente de últimas compras imprescindibles, como si fueran a cerrar. A Marian Roa le vienen gentes de los pueblos del alfoz a llevarse encargos para aprovisionar la casa. Ha sido pronunciar las teles la expresión "estado de alarma" y reactivarse el instinto de compra preventiva.

El propietario del bar Ópera, en Logroño. / JOSÉ LUIS ROCA

Y "en un momento de incerticumbre como el que tenemos ahora", cuenta la boticaria, como no hay remedio ni vacuna para el covid, su público se lleva parapetos psicológicos. "La gente nos pide própolis, jalea real, complejos multivitamínicos… Algo que les estimule el sistema inmunitario y para sentirse más fuertes ante lo que pueda venir".

ÚLTIMOS CAFÉS

ÚLTIMOS CAFÉSUna tensión colectiva recorría la mañana laborable de Logroño antes de que, el viernes, entrara en vigor en la región el cierre total de la hostelería. Y, como si se tratara de la víspera del juicio final, los vecinos del centro llenaba las terrazas con la duda de en qué fecha exactamente lo podrán volver a hacer.

"Algunos clientes de toda la vida ya no pasan por aquí", cuenta el lotero Albecha

"Va para un mes", dice tratando de despejar la incertidumbre Salvador Martínez, el dueño del Café Ópera. Dentro, cuatro oficinistas desayunan bajo una televisión por la que desfilan los oradores del debate parlamentario sobre el estado de alarma. Hombres y mujeres arrastran sus sillas, se levantan, se abrigan y se acercan a la barra, más que a pagar, a despedirse: "Bueno, Salva, hasta que pueda ser", le dice una de ellas tras recoger el cambio.

El otro camarero entra y sale atareado, luciendo en su camiseta negra la bandera de La Rioja y el hagstag #SalvemosLaHostelería. Paco Martínez, el tío de Salva, presidente del gremio, está en ese momento reunido con su directiva en otro punto de Logroño, tratando de evaluar el golpe para vidas y haciendas.

Dice Salva que un gestor logroñés, "cliente y amigo", le ha contado que, en la primera fase de la pandemia, en la ciudad "los caseros de los negocios perdonaron el 90 por ciento de los alquileres a sus inquilinos". En la segunda ola cree el dueño del Ópera que "ya no estarán tan dispuestos. El casero también necesita la pasta …"

LOS FUEROS DEL COVID

LOS FUEROS DEL COVIDPor la carretera, lujosas bodegas lucen sin el bullicio de los buses de enoturismo a la puerta, en el mero silencio de los viñedos a medio desarmentar, que rompe el zumbido de algún camión cuando pasa ante el telón de fondo de la sierra de Cameros.

La incertidumbre estremece a La Rioja como a una señora rica que se asomara, bien vestida y con sus alhajas, al borde de un acantilado. Pero su situación sanitaria, con ser grave, es menos mala que la de su vecina Navarra. Se pasa la muga de La Ribera y se está cruzando de 707 casos por 100.000 (incidencia acumulada en 14 días) a 1.159.

Las cifras ponen en tensión al prestigiado sistema sanitario de Navarra

Una cifra como esa pone en tensión al otrora brillante sistema sanitario navarro. El covid descontrolado ha impuesto sus nuevas leyes. Ahora reina una tristeza extraña en las calles de Tudela, por las que los jubilados caminan sin rumbo a ningún bar. En una esquina de la plaza de los Fueros, frente al kiosco de la música coronado por los nombres de Gaztambide, Gayarre, Sarasate y Eslava, se cuelgan los recordatorios de los últimos fallecidos del término.

Hay tres aún recientes, de entre 80 y 92 años, en el tablón de anuncios. Dos ancianos se han acercado a leer la necrológica. Los textos fúnebres ocultan pudorosamente el motivo de la muerte. Si fue de covid, se sabrá en el funeral.

Navarra tiene el 18 por ciento de sus camas hospitalarias ocupadas por enfermos de coronavirus. Y un 37 de sus camas de cuidados intensivos. Y ya van 694 muertos oficiales en la pandemia.

POLÍTICA CONFINADA

POLÍTICA CONFINADAEn Villafranca cuentan doce óbitos en la residencia de ancianos y tres del resto del pueblo. En esa calmosa localidad de la merindad de Tudela, la planta de enlatado de pimientos y espárragos funciona discreta tras sus vallas, pero ha cerrado el restaurante del cámping, famoso por sus menús. En la soledad del lugar, queda como de Chernobil el cartel de "normas de uso de la piscina".

Un campista venezolano, en chándal y zapatillas, camina cargado con un cubo y a pleno sol, como buscando algo entre los bungalows vacíos. "No se sabe cuándo abrirán –dice-. Cuando esto pase". "Esto" es la orden de cierre de todos los bares y comedores. Solo se venden platos a domicilio.

La Virgen de Vilafranca de Navarra / JOSÉ LUIS ROCA

La alcaldesa de Villafranca, Carmen Segura, de 50 años, se ha tenido que confinar en casa con un hijo que ha dado positivo. Por videoconferencia atiende a EL PERIÓDICO. Su muchacho no tiene fiebre, no tiene dolores ni diarrea, y ella espera que eso siga así: "El encierro lo vives primero con preocupación de madre –explica-. Y con el ordenador, firmando de manera digital. Trabajando pero, con una sensación… Cuando te dan el positivo, cuando le hacen la prueba, cuando estás mirando a ver si aparecen síntomas… son tres días que tienes una incertidumbre…".

No lejos de su casa cerrada, en una esquina del pueblo, un azulejo luce pintada una virgen vestida de blanco, flanqueada por un pañuelico rojo y unas flores de plástico comidas por el sol. Un letrero ruega: "Santísima Virgen del Portal, libra a Villafranca de todo mal".

"NO ME SAQUES"

"NO ME SAQUES"Como una escocedura, el covid aviva las batallas políticas en Navarra. La alcaldesa de Villafranca, de UPN, culpa de la situación a las izquierdas: "Estamos así porque el Gobierno de Navarra comenzó frivolizando la severidad de este virus. Y se tomaron medidas a destiempo. Ha habido mucha descoordinación. En septiembre había una incidencia tan alta en Navarra como la que ahora hay en España y por la que se ha decretado el estado de alarma, pero se siguió sin hacer nada…"

En Tudela, sentados cada uno en los dos extremos de un banco, los prejubilados Ignacio Francisco hablan de política, pero de distinto signo. De alguien que vieron en televisión dice el primero: "Es un facha, un ignorante. Pobre gente".

"No sé cómo les explicaré a mis nietos este momento tan duro de la historia", dice un prejubilado en Tudela

Ignacio no sabe cómo explicará a sus nietos qué pasó en el año 2020. "Les diré que fue un momento duro de la historia. Y ya veremos cómo se supera. A día de hoy nadie sabe cómo va a terminar esto".

Un chaval y dos amigos hablan a grandes voces y sin mascarilla a la puerta de un bar reconvertido en expendedor de comida a domicilio. El camarero se une a la tertulia con la mascarilla de barbuquejo. "No me saques, que estoy de baja", pide el líder de la charla.

GOTEO DE AMBULANCIAS

GOTEO DE AMBULANCIASLos furgones sanitarios arriban al Complejo Hospitalario de Navarra con más frecuencia que cualquier autobús de la ciudad. Uno, otro, otro… A veces es una cadencia casi rítimica, como un gong de pena. Pamplona es la capital de la comunidad con más incidencia de covid de toda España.

Sergio Galindo, técnico de las ambulancias de Baztan Bidasoa, es todavía un chaval aunque ya tiene ocho años de experiencia en el transporte sanitario. "Nos ha tocado vivir esto, y ahora toda dar lo mejor de nosotros mismos", dice con una gran seriedad, protegido del covid solo con una mascarilla, junto al vehículo del que acaba de bajar su cargamento humano.

Cualquier muchacho de su quinta se expresaría con más descreimiento, pero él lo dice con toda naturalidad, sin ninguna falsa modestia y sin tirar piedras a nadie. Tenemos una pandemia, es lo que hay, no le da más vueltas. "Apartaos, viene un paciente con covid", recomienda antes de despedirse, iluminado con el resplandor azul de las luces de una nueva ambulancia que atraca en este muelle del miedo y del dolor.

Un 'astronauta' ayuda a un paciente en el Hospital de Navarra / JOSÉ LUIS ROCA

Al soportal de ambulancias de las Urgencias ha llegado un anciano sospechoso de covid. Viene sentado, muy serio, y le abordan unos astronautas con monos blancos para bajarlo. En ese momento abandona la calma aparente que traía, y se queja, murmura y cruje como un mueble viejo cuando lo cambian de sitio.

Cara y cruz de la pandemia: la desoladora indefensión del hombre contrasta con las risas de un viajero en Bilbao. En las horas que transcurren mientras a ese abuelo lo meten por la boca del hospital, lo desvisten, le ponen batita de enfermo, le toman la temperatura, le hacen PCR y el resto de ritos de la digestión hospitalaria de un paciente de coronavirus, en la capital vizcaína, a 155 kilómetros de allí, se mete una buena cena un anónimo huésped de un céntrico hotel.

Pamplona es la capital de la comunidad con más incidencia del virus por 100.000 habitantes

Saca el pulgar hacia arriba para responderle al camarero que está muy rico el bacalao; y muy bueno el txakoli. Ha bebido ya algunas copas, y se levanta y se acerca a otras mesas saludando sin mascarilla y con una gran sonrisa. Le sigue la corriente, sin ganas, la tripulación de un buque cubano al que el estado de alarma ha pillado en la ciudad.

Abajo, en la calle, grupos de jóvenes hartos de mascarillas y cabreados por no poder salir de fiesta protestan contra el toque de queda quemando contenedores.

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