01 dic 2020

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declaración decisiva

La viuda negra de Patraix niega que pidiese a uno de sus amantes matar a su marido

Maje alega que se "acobardó" cuando Salva le dijo que había asesinado a Antonio de un "mal golpe"

El Periódico

María Jesús M. C., conocida como Maje o como la viuda negra de Patraix. 

María Jesús M. C., conocida como Maje o como la viuda negra de Patraix. 

Ni una sola lágrima, con rostro impertérrito y sin mostrar ningún atisbo de remordimiento ni en sus palabras ni en sus gestos al recordar cómo Salvador, según su versión, le contó en casa de su hermana que acababa de matar a su marido apenas unas horas antes. Así se mostró María Jesús M. C., Maje como a ella le gusta que le llamen, en su declaración ante el jurado popular minutos después de que el autor confeso de las ocho cuchilladas que acabaron con la vida de Antonio Navarro la señalara claramente como la inductora y autora intelectual del asesinato cometido en un garaje de la calle Calamocha en agosto de 2017. "No, no es cierto que yo planificara y acordara con Salva acabar con la vida de Antonio", dijo tajante nada más ser preguntada por ello, pese a que en su día lo reconoció ante la policía.

"Nunca le dije que lo matara. Le encubrí, pero nunca hablé con Salva de matar a Antonio, jamás le pedí que lo hiciera", insistió alterada Maje, en el único momento del interrogatorio en el que perdió los nervios y su postura de chica buena, piernas cruzadas y tono sereno en la voz. Incluso negó que Salva le hubiera dicho que le iba a dar "un susto", otra contradicción con sus anteriores declaraciones. "Había conversaciones en las que Salva en tono de cachondeo, decía: 'Éste lo que necesita es un toque de atención’, pero sin maldad".

El fiscal Vicente Devesa le hizo leer alguna de las transcripciones de sus conversaciones con Tomás uno de sus amantes, en las que la procesada —quien negó ayer que deseara la muerte de su marido— se refería a Antonio con frases como: "Me satura, me agobia, le odio, quiero que se muera, no le aguanto, ojalá se muera, esto lo va a pagar caro, he pensado en acabar con su vida". Maje justificó estas duras y premonitorias palabras, realizadas el 4 de junio después de que Antonio la tirara de casa tras una nueva infidelidad, alegando que estaba "cabreada y angustiosa". "No podía más, eso no quiere decir que yo deseara su muerte".

En cuanto a los motivos por los que le dijo a su amante que su marido se estaba muriendo de cáncer, Maje apenas pudo justificarse diciendo: "Fue una mentira desagradable y muy fuera de lugar, porque Tomás me agobiaba mucho a la hora de quedar".

La acusada calificó su matrimonio con Antonio como "una relación de altibajos", pero trató de hacer ver que en el momento del asesinato ambos estaban bien, sacando a relucir su defensa un viaje a Roquetas de Mar que iban a hacer juntos en septiembre, como si ello la eximiera de algo. Tras calificarse a sí misma de "chica inestable sentimentalmente", Maje explicó que pese a que ambos se habían hecho daño, "costaba tomar la decisión de divorciarnos después de cinco años juntos".

Respecto de Salvador, dejó bien claro que nunca estuvo enamorada de él y que jamás hablaron de una vida en común, pese a que posteriormente admitió que Salva estaba buscando una vivienda porque se quería separar de su mujer. "Nunca me he metido en su matrimonio".

Uno de los aspectos claves de su implicación directa en la ejecución del crimen está en las llaves del garaje que le entregó a Salva. Maje reconoció que le había dado una copia, junto con la de la casa y la del coche, pero no pudo concretar la fecha, ni siquiera el mes. "Le di las llaves porque era mi compañero y teníamos una amistad muy intensa. Venía a casa cuando él quería porque sabía los horarios de Antonio perfectamente", introdujo también como pretexto al hecho de que Salva supiera que esa mañana Antonio iba a bajar a por el coche, cuando habitualmente era ella la que aparcaba allí.

Respecto al mensaje que le envió a su marido la noche antes del crimen: "Puchi, ya en el hospital, goza esta empanada, hecha con amor", Maje esgrimió que para ella era "una noche normal" en la que había quedado con José. "Reconozco que era una mujer infiel, me fui a dormir con él como otras noches".

Toda la frialdad de su relato se hizo más evidente cuando la acusada explicó el encuentro en el que Salva le contó que había matado a su marido.

Según ella, le dijo que se habían peleado y le había dado un "mal golpe", pero no le aclaró si había utilizado "un cuchillo o un machete". Antes incluso de que nadie le preguntara por ello —excusatio non petita—: "Todavía me pregunto por qué vino a contármelo. Para implicarme...", apuntó la procesada". "Fui egoísta, pensé en mí y en las posibles consecuencias de que se me implicara en el encubrimiento. Me arrepiento de mi cobardía, de haber pensado en mí y no en hacerle honor a Antonio".