MEDIDA EXCEPCIONAL

Barcelona, 22 horas: las calles se quedan sin pulso

Los ciudadanos se recogen en sus casas ante el toque de queda, después del cierre de restaurantes y súpers

Hasta los 'riders' desaparecieron del mapa este domingo en una ciudad que se volvió más silenciosa

J. G. Albalat

Persianas bajadas. Las calles de Barcelona, al igual que en el resto de poblaciones catalanas, perdieron anoche su pulso habitual a las 10. El toque de queda dejó casi las vías vacías, sin vida. Un domingo atípico. No se llegó al extremo de la escena de la película de Alejandro Almenábar 'Abre los ojos' en la que Eduardo Noriega recorre una Gran Vía madrileña desierta, pero el paisaje en la capital catalana cambió de repente.

Las aceras quedaron en el silencio, solo quebrado por los autobuses, los taxis, vehículos policiales o de emergencias y algún que otro conductor de vuelta a casa. La gente, obediente, se recluyó en sus residencias hasta las seis de la mañana. A partir de las nueve de la noche, los bares, restaurantes y supermercados de 24 horas empezaron a bajar sus persianas. Unos pocos se arriesgaron a apurar a minutos después de las 10, cuando por la calle solo quedaban viandantes a los que el confinamiento nocturno había pillado regresando a su hogar.

"Si no hubiera toque de queda habría ido a casa más tarde. He apurado y ahora voy rápido"

Sofía

Vecina de Barcelona

"Si no hubiera toque de queda habría ido a casa más tarde. He apurado y ahora voy rápido", admitía Sofía. Los taxistas se agolparon al filo de la media noche en la estación de Sants. "Si no hay gente por la calle, esperamos aquí por si podemos hacer alguna carrera", explicaban Nabir y Carpi. "Circular por la ciudad no vale la pena", insistían. Los dos iban a dejar de trabajar alrededor de las 12 de la noche.

Sin deportistas, sin perros

Hasta los 'riders' desaparecieron del mapa por el cierre de los bares a tan pronta hora de un domingo. "Normalmente un domingo puedo sacarme unos 50 euros, pero este no se si llegaré a los 20. Casi siempre se trabaja más por la noche, pero hoy, al acabar pronto, poca cosa se hace", relataba Elena, 15 minutos antes de las 22 horas montada todavía en su bicicleta. Era cuestión de apurar al máximo. El parque de Joan Miró, en la parte de la calle de Tarragona, se despobló en pocos minutos. No había ni deportistas dando vueltas al recinto, ni personas paseando a los perros. Todos habían adelantado sus horarios para evitar que los Mossos les multaran.

"Normalmente un domingo puedo sacarme unos 50 euros, pero este no se si llegaré a los 20"

Elena

'Rider'

El personal más quejoso con esta medida fue el pequeño supermercado de barrio que abre los festivos. "La situación está muy mal. No hay trabajo. Llevo casi cinco meses sin pagar el alquiler", aseguraba Nasir, que regenta uno de estos locales en la calle de Tarragona. Enseñaba facturas de agua, luz... Las estanterías estaban sin mucha provisión por esa escasez de fondos. Habitualmente alargaba su jornada hasta la 1 de la madrugada. Este domingo, a las 21 horas, bajó las persianas con unos 70 euros en la caja.

"La situación está muy mal. No hay trabajo. Llevo casi cinco meses sin poder pagar el alquiler"

Nasir

Propietario de un supermercado 24 horas

En un restaurante de la misma calle, la Terraza de Miró, el ambiente es desolador. A las nueve, nadie, únicamente los empleados. "Estamos en un 10% o 15% de recaudación en comparación antes de la pandemia", subrayaba un trabajador. En la misma calle, un grupo de jóvenes hacía botellón al límite del toque de queda. Sin mascarillas y sentados en un banco. A las 10, se esfumaron.