25 nov 2020

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horario de invierno

¿Por qué Europa aún mantiene el cambio de hora?

El próximo domingo, a las tres de la madrugada, los relojes de toda la UE deberán retrasarse una hora

La iniciativa de la anterior Comisión, liderada por Jean-Claude Juncker, no está enterrada pero dos años después sigue aparcada porque los gobiernos no se ponen de acuerdo

Silvia Martinez

Instalación de relojes del artista Klaus Rinke en Dusseldorf, este viernes.

Instalación de relojes del artista Klaus Rinke en Dusseldorf, este viernes. / AFP / INA FASSBENDER

Como cada seis meses, el ritual del cambio de hora volverá a producirse una vez más este último domingo de octubre. A las 3 de la madrugada serán las dos y tocará retrasar los relojes para adaptarse al horario de invierno. Un gesto con el que la Comisión Europea propuso terminar en septiembre del 2018, en una de las iniciativas del entonces presidente Jean-Claude Juncker para aumentar el interés de los europeos por la política comunitaria, pero que dos años después sigue bloqueado y aparcado por falta de acuerdo entre los Veintisiete gobiernos de la Unión Europea.

El problema, sostienen fuentes europeas, es que muchos gobiernos siguen veinticuatro meses después de que Bruselas lanzara la iniciativa, sin tener una posición clara sobre la derogación de la directiva europea del año 2000, que regula los cambios horarios estacionales. Entre los que apuestan por está solución están Finlandia (partidario del horario de invierno) o los países bálticos. Otros como Portugal entienden que lo mejor es seguir cambiando la hora mientras que una mayoría de Estados miembros no tienen una posición definida. 

“A muchos países les gustaría ver una evaluación de impacto apropiada de la propuesta. También consideran importante coordinar la decisión con sus países vecinos para evitar la fragmentación de zonas horarias “, explican las mismas fuentes sobre los motivos por los que la iniciativa ha hecho aguas y se mantiene en el limbo de las propuestas. 

Petición ciudadana

El plan de Juncker nació de una petición del Parlamento Europeo y una consulta pública lanzada en pleno verano de 2018 para medir el grado de apoyo entre los ciudadanos europeos. Una cifra récord de 4,6 millones de personas –de los 500 millones de ciudadanos en la UE- respondieron a la llamada de Bruselas aunque con tasas de participación muy dispares. Por ejemplo, solo el 0,19% de los españoles participaron en la misma. El resultado: 76% aseguró haber tenido malas experiencias con el cambio de hora y un 84% dio su apoyo a eliminar el ritual (aunque 53% de chipriotas y 56% de griegos pidieron seguir con el cambio).

Fue el “empujón” que necesitaba el político luxemburgués para dar un paso al frente y lanzar la iniciativa que llegó a mediados de septiembre. La idea: que los Estados miembros decidieran entre mantener de forma permanente el horario de invierno o el de verano dadas las escasas repercusiones en el ahorro energético, el motivo por el que fue instaurado en la década de los setenta. Según la propuesta, el último cambio obligatorio al horario de verano se debía realizar el 31 de marzo de 2019 (para los países que optarán por mantener la hora de verano) y el 27 de octubre de 2019 para los que apostaran por el de invierno.

2021: fecha propuesta por la Eurocámara

Pese a la decisión de Austria de dar prioridad al dossier durante su presidencia, la propuesta chocó rápidamente contra el muro de los gobiernos que en diciembre del 2018 reclamaron más tiempo para masticar el plan. Desde entonces, solo el Parlamento Europeo ha logrado definir un posición común. Fue en marzo de 2019 cuando por amplísima mayoría -410 votos a favor, 192 en contra y 51 abstenciones- los eurodiputados aprobaron abolir el cambio de hora en el 2021. Concretamente, en marzo del 2021 para quienes se queden en la hora de verano y octubre de 2021 para los que prefieran el de invierno. 

Los gobiernos, sin embargo, no recogieron el guante y el plan ha quedado relegado. La última vez en la que el asunto se trató a nivel ministerial en el Consejo fue a finales del 2019, en un punto de información de la presidencia finlandesa de la UE. El interés de Helsinki por terminar con esta práctica chocó, sin embargo, con las reservas de una mayoría de Estados miembros que, a día de hoy, no han desaparecido, según las fuentes consultadas.

Desde entonces, la abolición del cambio de hora bianual no se ha incluido en la agenda de trabajo del Consejo, ni tampoco Alemania, que ostenta la presidencia rotatoria de la UE hasta el 31 de diciembre del 2020, tiene planes de relanzar la discusión durante su semestre. Bruselas, pese a este continuado revés, se mantiene firme. “La pelota está en el terreno de los Estados miembros y a ellos les compete encontrar una posición común”, avisa el portavoz de transportes del Ejecutivo comunitario.