29 oct 2020

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EL ABUSO DE LAS PANTALLAS

Redes sociales y paternidad: una guerra diaria

El problema del uso de la tecnología reside en la adicción, que solo se da cuando el menor (o el adulto) deja de hacer su vida cotidiana

Olga Pereda

Un padre y su hijo navegan por las redes sociales, en su casa de Madrid.

Un padre y su hijo navegan por las redes sociales, en su casa de Madrid. / DAVID CASTRO

«Mi hijo está enganchado a WhatsApp, TikTok y YouTube. Se puede pasar horas delante de la pantalla. ¿Tiene un problema? ¿Tenemos un problema?» Es la pregunta que cada día se hacen los padres y las madres de niños, preadolescentes y adolescentes. La respuesta tiene matices.

«Usar mucho una tecnología no quiere decir que estés enganchado. La adicción la determina si esa actividad compromete todas las demás facetas de tu vida. Por ejemplo, los estudios, las relaciones sociales en directo y las rutinas familiares en casa». Así lo asegura el periodista David Ruipérez, autor de 'Mi vida por un like' (editorial Arcopress), un ensayo sobre el impacto de las redes sociales en la infancia y adolescencia. El libro nació, precisamente, después de que una de las hijas de Ruipérez le soltara un día: «Papá, ¿por qué no me grabas un vídeo haciendo manualidades y lo subes a YouTube?» La niña, en ese momento, tenía 6 años.

"No deberíamos sermoner a nuestros hijos. Hay que educarles y mostrarles ejemplos reales de adicciones"

David Ruipérez

Autor de 'Mi vida por un like'

Los progenitores se saben muy bien la teoría. Saben que cuando compran un móvil a sus hijos hay que hacerles firmar un contrato de buenas prácticas, que es lo que recomiendan todos los expertos. La hoja, firmada por adultos y menores, suele lucir en la puerta de la nevera para que cada día todos recuerden las normas de uso. Sin embargo, la teoría es una cosa y la práctica, otra. Lidiar con las tecnologías suele ser una guerra diaria entre progenitores e hijos. «No deberíamos subirnos a un púlpito y dar sermones a nuestros hijos. Hay que educarles, hablarles con cercanía y mostrarles ejemplos reales de casos dramáticos de adicciones a la tecnología. Y todo ello sin demonizar», continúa Ruipérez.

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El autor de 'Mi vida por un like' está convencido de que la labor didáctica no solo corresponde a los padres sino también a la escuela. «Los profesores no pueden estar obsoletos en temas de tecnología. Los alumnos no pueden recibir una simple charla a lo largo del año y ya está. El currículo obligatorio escolar debería incluir una asignatura de Educación Digital. Es imprescindible en el siglo XXI. Es la única manera de que tengan, de verdad, competencias digitales, fundamental para saber acudir a fuentes serias de información en lugar de creerse bulos y fake news», explica.

El problema de los adultos

La educación, en todo caso, no debe ir dirigida solo a los menores sino también a los adultos. Muchos padres se enfadan con sus hijos por no separase del móvil sin darse cuenta de que ellos son los primeros adictos. «¿Quién domina a quién? ¿Tú al móvil o el móvil a ti? Es importante recordar que todos los padres tienen el deber de dar ejemplo», explica Gregorio Luri, pedagogo y autor de 'Elogio de las familias sensatamente imperfectas'.

El experto recalca la importancia de educar la atención, que es la capacidad para mantener la actividad que se está realizando en ese momento, ya sea cocinar una paella, hablar con otra persona o mirar a tu hijo.

Sin embargo, los progenitores son los primeros en abusar de las pantallas y las redes. Un reciente estudio de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) asegura que el 81% de los bebés son expuestos en las redes sociales antes de cumplir los seis meses de vida y que el 23 % de los niños ya ha aparecido en ellas antes de nacer porque sus padres publican las ecografías.

Predicar con el ejemplo

En el manual 'Nuestros hijos en la red. 50 cosas que debemos saber para una buena prevención digital' (Plataforma Actual), la inspectora de policía y experta en cibercrimen Silvia Barrera explica que lo primero que tiene que hacer los progenitores es establecer una relación de confianza con los hijos e hijas y, sobre todo, predicar con el ejemplo. «Deberíamos pasar el menor tiempo posible en internet delante de nuestros hijos. Si tenemos redes sociales, tengamos cuidado. Si estamos todo el día publicando vídeos e información personal ellos lo terminarán viendo como algo natural. Cuando nos enfrentemos a ellos por esto nos podrán decir: «si tú lo haces ¿por qué yo no?», concluye.