30 oct 2020

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Las 'escape rooms' buscan una salida

FDV

Las 'escape rooms' buscan una salida

Del boom a reinventarse para "sobrevivir": el virus también castiga a uno de los negocios de ocio más de moda antes de la pandemia

Carlos Ponce

Prácticamente todos los sectores han tenido que reinventarse para adaptarse a la nueva situación provocada por el coronavirus. Uno de ellos es el del ocio y, especialmente, el de las conocidas como escape rooms, es decir, aquellos juegos de aventura físicos y mentales que consisten en encerrar a un grupo de personas en una habitación, donde deberán solucionar enigmas y rompecabezas de todo tipo para ir desenlazando una historia y conseguir escapar antes de que finalice el tiempo disponible. Ese sentimiento de encierro en un espacio acotado llenó de incertidumbre al sector, que empezó a retomar la actividad conforme se fue iniciando la desescalada. Pero está herido de muerte.

Carolina Bersanino, una de las socias de Passroom Escape, ubicado en la calle Barcelona, asegura que ahora mismo el volumen de negocio cayó hasta tal punto de que "ni siquiera cubrimos gastos". "La facturación ha caído en picado, estamos a un 30% de lo que ingresamos hace justo un año. Si esto sigue así, tendremos que cerrar en unos meses, es insostenible. Es que incluso hay gente que tenía el bono comprado desde antes del inicio de la pandemia y todavía no lo ha canjeado", asegura Bersanino.

En su caso, además, tanto ella como su socia tienen un trabajo a tiempo parcial por la mañana, y abren el escape room por la tarde. Por eso el Estado les ha denegado la ayuda económica, al compatibilizar ambos empleos.

El problema, afirman los gerentes de estos negocios, es que mucha gente tiene miedo a meterse en sitios tan cerrados, aunque se han extremado las medidas de seguridad desde su reapertura. Por ejemplo, entre grupo y grupo, se dejan espacios de hasta dos horas para poder desinfectar a conciencia las dependencias y todos los objetos que funcionan como atrezzo y que son susceptibles de ser tocados por alguien. Esta necesidad de espaciar las partidas también provoca menos clientes. "Nosotros tenemos siete salas, si antes podíamos hacer al día un máximo de setenta juegos con grupos diarios, ahora solo podemos hacer un máximo de 35, es decir, la mitad", explica Sara Puga, coordinadora de Eskapark Vigo. En su caso, el desplome de la facturación provoca que de las diez personas que forman parte de la plantilla, solo cuatro están trabajando actualmente.

Estos establecimientos de ocio han notado un cambio radical en el sistema de reservas. Si antes de la pandemia los clientes guardaban plaza incluso con meses de antelación, ahora mismo llaman para reservar de un día para otro o incluso apenas unas horas antes del inicio de la actividad.

Otro de los factores que también penalizando al sector es el hecho de que estén prohibidos las grandes reuniones infantiles para celebrar cumpleaños de niños, que era uno de los perfiles más habituales que llenaban estas escape rooms viguesas.

La mayoría de las actividades se realizan en grupos de dos y de un máximo de seis personas. En su mayoría, los grupos son familiares o amigos que están en contacto habitualmente en su día a día, por lo que el riesgo al contagio sería menor y por eso, una vez dentro de la escape room, pierden ese miedo. No obstante, es obligatorio la utilización de la mascarilla durante todo el tiempo que dure la actividad, así como el uso constante de gel hidroalcohólico para higienizarse las manos. "Nunca se cruzan los grupos, ni a la entrada ni a la salida, y dejamos dos horas entre partida para desinfectar los objetos y demás. Es un tipo de negocio muy complicado de llevar en una situación de pandemia como la actual", reconoce Elisabeth Bayer, gerente de la escape room Código Oculto, ubicado en la carretera vieja de Madrid.

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