22 oct 2020

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Asistencia médica

'Fibi', la guardiana de la diabetes que cambió la vida de Paula

Paula Castaño, diabética desde los 7 años, cuenta con una perra de alerta sanitaria que detecta veinte minutos antes las subidas y bajadas de glucosa

Ana Paz Paredes

Paula Castaño y su perra “Fibi”, en el parque de Los Pericones, en Gijón

Paula Castaño y su perra “Fibi”, en el parque de Los Pericones, en Gijón / JUAN PLAZA

Cuando el sol cae de plano sobre en el parque de Los Pericones de Gijón la perra de alerta sanitaria de Paula Castaño Rodríguez se esconde como puede a la sombra del banco donde se sienta la persona a la que acompaña, día y noche, desde hace año y medio. Es una jack rusell terrier de año y medio y se llama “Fibi”. Y ha dado un vuelco, en positivo, a la vida de esta gijonesa de 20 años diabética del tipo 1 desde los 7.

El animal lleva el peto color malva de identificación de Canem, la Fundación que los adiestra y prepara para trabajar como perros de alerta sanitaria con enfermos de diabetes tipo 1 y epilépticos. “Desde que tengo a ‘Fibi’ mi calidad de vida ha cambiado por completo. Ella detecta, veinte minutos antes de que se produzcan, las subidas y bajadas de glucosa. Lo hace mediante ladridos. En ese caso su ladrido es más intenso, distinto, porque ha sido adiestrada para ello y lo hace a la perfección”, señala Paula, quien añade que “Fibi” ha pasado previamente por un periodo de adiestramiento en la Fundación Canem, en Zaragoza.

Fue la madre de Paula quien, buscando todo tipo de información en torno a la enfermedad de su hija, supo de la existencia de los perros de asistencia de alerta médica. “Yo fui la primera en tenerlo en Asturias, pero creo que recientemente otra persona ha recibido otro”, indica Paula, quien explica que existe una lista de espera para estos perros. Y es que, además de adiestrarlos para el reconocimiento de la llegada de una hiperglucemia o una hipoglucemia, también se estudia que su carácter sea el adecuado para la persona a la que van a apoyar: una persona muy activa, un niño o un anciano, por citar ejemplos.

La vida ha cambiado por completo para esta joven que estudia un grado superior en Mediación Comunicativa en la Fundación Vinjoy, en Oviedo. Es muy importante la raza del perro para este trabajo. Los mejores para ello son los jack russell terrier por su gran capacidad para detectar, a través del olfato, si va a sobrevenir un ataque con una precisión de avance de veinte minutos. “Es algo que solo este tipo de perro es capaz de detectar; nunca mejor dicho, lo huelen veinte minutos antes de una hiperglucemia o una hipoglucemia. Es un olor que pasa inadvertido para nosotros, pero que este perro, adiestrado, lo identifica enseguida”, explica la joven.

Contar con la presencia constante de “Fibi” a su lado no implica que Paula no siga controlando su nivel de azúcar en la sangre, pero está claro que le da una tranquilidad y una seguridad que no tiene precio. “Me ayuda mucho, sobre todo por la noche. Siempre tenía que ponerme varias alarmas para despertar y mirar a ver cómo estoy; hacerme una glucemia capilar, ponerte o no insulina, mientas que ahora que está ‘Fibi’ ella es mi alerta, la que me controla por las noches Yo ahora estoy durmiendo tranquila porque en cuanto ella me ladra yo me despierto, me miro como estoy, y le pongo solución. Los diabéticos, tanto cuando tenemos una hiperglucemia como hipoglucemia, segregamos una sustancia que nosotros no percibimos, pero estos perros sí, y eso hace que sean capaces de preverlo veinte minutos antes de que suceda y que nosotros podamos ponerle remedio”, añade.

Paula Rodríguez subraya que hace una vida completamente normal con su perra. Le gusta mucho el deporte y monta a caballo desde niña. Desde hace dos años participa en carreras raid y es también adiestradora de caballos para esta modalidad. “Me encanta la naturaleza y a ‘Fibi’ también; le encanta venir a correr con nosotros cuando monto a caballo, la verdad que la eligieron muy de acuerdo a mi personalidad. Es importante que perro y persona conecten, porque no todos los animales son iguales. ‘Fibi’ me sigue el ritmo perfectamente, es igual de activa que yo”, destaca.

“No me imagino la vida sin mi perra, para un diabético es un gran cambio”

Sin embargo, reconoce que fue necesario un periodo de adaptación entre ambas. Así, recuerda cómo vio por primera vez a la que sería su perra de alerta sanitaria: “Fui a Zaragoza a por ‘Fibi’ pero yo, previamente, ya había enviado a la Fundación lo que me había pedido para entrenarla: un peluche con el que había dormido, una camiseta usada, algodones impregnados por mi saliva cuando me daban subidas o bajadas de azúcar, etcétera. Luego también me hicieron preguntas sobre qué tipo de perros iban mejor con mi carácter y mi forma de vida. Por eso, cuando te entregan el perro o la perra ya están entrenados para ti. Haces un curso con ellos donde te explican todos los ejercicios a realizar con el perro, para que se haga a ti y solo a ti responda”.

Y así lo hizo cuando volvió a casa con “Fibi”. Todos los ejercicios. “Le daba su comida como premio a su trabajo. Tuve que crear un vínculo con ella para que ella solo estuviera conmigo, y al principio me costó para que me ladrase solo a mí. Es que ‘Fibi’ es una perra muy lista, muy inteligente. Luego también la Fundación Canem te hace un seguimiento, y cuando ya ven que el perro va muy bien pues ya no es necesario. De todos modos, cualquier cosa que surja, cualquier problema que tengas, ellos están pendientes de solucionarlo. Siempre cuentas con ellos, la verdad”, matiza.

Libertad de acceso a espacios cerrados

En cuanto a la facilidad para acceder a todo tipo de lugares con su perra, no ha tenido grandes problemas cuando, en aquellos casos en los que se lo denegaban, explicaba el porqué de su arnés donde figura “Canem, perro de asistencia sanitaria”. En algún que otro caso, como acceder a algún centro comercial o alguna playa con “Fibi”, que lleva siempre su arnés informativo, le sucedió que no la dejaban pasar. “Pero en cuanto les expliqué su función y les mostré el arnés y los papeles que siempre llevo conmigo por si acaso pasé sin ningún problema. Como mucha gente no sabe lo que es un perro con estas características, la verdad es que al principio les choca, les asombra, pero enseguida lo entienden”, dice.

En la actualidad, esta joven no logra imaginarse la vida sin “Fibi”, pendiente de ella las 24 horas del día. “Siempre quise tener un perrín y mira por dónde ahora no solo tengo la satisfacción de tener a mi perra sino que, además, ella cuida de mí”, afirma con orgullo y con cariño, mientras mira con agradecimiento y ternura a su “ángel de la guarda canino”: “Aparte de la compañía que te da un perro, en mi caso concreto, que soy diabética, es un gran cambio enorme de vida. De que alguien esté todo el día pendiente de ti y que tú tengas que estar siempre controlándote, sobre todo me refiero a cuando somos niños, porque cuando eres mayor ya te controlas tú mucho mejor”.

El mensaje de Paula Castaño es claro para los enfermos de diabetes tipo 1. “Se lo recomiendo a todo el mundo, y aun más cuando se trata de niños. ‘Fibi’ me sigue a todos los lados, me sigue el ritmo perfectamente. Yo soy muy activa y, como ya dije antes, cuando te dan un perro concreto lo hacen dándote aquel que, por su personalidad, se adapta mejor a tu día a día. Da mucha tranquilidad tener a alguien, en mi caso a ‘Fibi’, en todo momento pendiente de ti y avisándote con el tiempo suficiente para tomar las medidas oportunas. Y además es inteligente y buenísima, se lleva bien con todo el mundo”, concluye.