01 oct 2020

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'The Lancet' sitúa a España como el país europeo más afectado por la pandemia | Gráfico

En agosto, la transmisión fue "muy alta" y el nivel de testeo, "muy bajo",pero la mortalidad estuvo relativamente contenida

La comisión autora del informe sugiere reforzar las insuficientes medidas no farmacológicas

Michele Catanzaro

Sanitario practicando una prueba PCR.

Sanitario practicando una prueba PCR. / AP

España es el país europeo peor parado y el décimo peor posicionado en el mundo en cuanto al estado de la pandemia, en concreto en cuanto al número de casos en agosto. Así lo apunta la comisión sobre la covid-19 de la revista médica 'The Lancet', en su primer informe publicado anteayer.

Con 119 nuevos casos al día por millón de habitantes, España estaba en un estado de transmisión "muy alta" en agosto. La pandemia estaba en expansión, con una tasa de reproducción de 1,4 (muy por encima de 1, valor que representa una situación estable).  

No obstante, la mortalidad fue relativamente baja: 0.5 muertes por millón de habitantes y por día, muy inferior a los datos de la docena de países que están en la peor situación, como Colombia (6) o Estados Unidos (3).

La comisión apunta a un mal funcionamiento de las medidas no-farmacológicas en este grupo de países. Es decir, del conjunto de acciones de salud pública, atención primaria, rastreo, etcétera, que contribuyen a limitar la expansión del virus.

Por ejemplo, el nivel de testeo es "muy bajo" en España, según la comisión, con sólo 15 pruebas por cada caso detectado. En los países donde la transmisión se ha suprimido, esta cifra ronda los centenares o millares.

Asia bien, América mal

La comisión de 'The Lancet', creada en julio e integrada por expertos internacionales, publicó el primero de una serie de informes en vísperas de la actual asamblea general de Naciones Unidas.

El estudio compara 91 países que tenían "datos suficientes" en agosto, según la comisión. Sin embargo, diversos expertos consultados alertan de que los datos se toman de manera distinta en cada país y hay que valorarlos con prudencia.

No obstante, emergen unas tendencias generales. El virus se ha suprimido sobre todo en la región Asia-Pacífico, mientras se transmite a la máxima intensidad sobre todo en las Américas. "La pandemia se puede controlar, como enseñan claramente los países que la han suprimido", reza el informe.

Mortalidad limitada

Aunque tenga muchos casos, España consiguió que relativamente pocos acabaran en muerte. "Respecto a abril, diagnosticamos más, tenemos más vigilancia de los susceptibles y los hospitales saben cómo actuar", comenta Daniel López Codina, biólogo computacional de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), no implicado en el informe.

Sin embargo, "hay una gran preocupación de que ese número pueda subir", observa Jeffrey Lazarus, investigador del Institut de Salut Global de Barcelona (ISGlobal), que está a punto de integrarse en la comisión de 'The Lancet'.

El dato más revelador se refiere a los tests. En España se hacen 15 por cada caso detectado. La comisión lo considera un nivel bajo, porque una persona infectada puede contagiar a docenas de otras.

Rastreo raquítico

Los expertos consultados coinciden en que en España se está testeando mucho. No obstante, el número de casos está tan alto que el sistema no alcanza. La clave del problema es el raquítico rastreo de contactos.

"Hacer tests masivos de forma comunitaria tiene sentido para detectar casos desconocidos. Sin embargo, donde los tests son más eficaces es entre los contactos de los infectados. Si no se hace un seguimiento suficiente, eso se pierde", afirma Joan Ramon Villalbí, miembro de la junta de la Sociedad Española de Salud Pública (Sespas).

"Estamos testeando mucho, pero quizás a la gente equivocada", comenta Lazarus. "La escasez del rastreo en España es incomprensible, para mí", añade. En resumen, un sistema de pruebas potente combinado con un sistema de rastreo insuficiente es una forma de matar moscas a cañonazos.

Más allá del caso español, el informe apunta a una serie de medidas globales. Entre ellas, aumentar el personal de salud, no apostar en el corto plazo ni por la vacuna ni por la inmunidad de grupo, garantizar el acceso universal a los fármacos anticovid y tomar acciones decididas a favor de los colectivos y países más vulnerables.  

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