29 nov 2020

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Las prostitutas piden ayuda para evitar los contagios

La alegalidad del trabajo sexual las deja sin poder acogerse ni a bajas ni a ertes

Entidades y sanitarios dicen que los clientes aprovechan la pandemia para extorsionar a las mujeres

Elisenda Colell

Una mujer ofrece sus servicios, en la calle d’en Robador de Barcelona, el pasado miércoles.

Una mujer ofrece sus servicios, en la calle d’en Robador de Barcelona, el pasado miércoles. / MANU MITRU

El contacto directo entre personas se ha demostrado como la principal vía de transmisión del coronavirus. Y hay empleos, entre ellos la prostitución, que solo se entienden en las distancias cortas. Pero a diferencia de otros oficios, las trabajadoras sexuales no existen a ojos de la administración. Ni pueden acceder a un erte, ni a una baja laboral, aunque necesitan más que nadie trabajar para tener un techo y alimentar a sus familias. Varios sindicatos de trabajadoras sexuales exigen un reconocimiento de su trabajo, y derechos laborales: "Si no, no podemos dejar de trabajar", se quejan. Las entidades sociales y los médicos que las ayudan ven como no solo ha aumentado la pobreza entre ellas, sino que los clientes se aprovechan de la pandemia para extorsionarlas aún más.

"Durante el confinamiento paramos, y sufrimos", cuenta Janet, portavoz de la asociación Putas Libertarias e Indignadas del Raval, que agrupa a una cuarentena de prostitutas. Ellas ejercen la prostitución en pisos de Barcelona, mayoritariamente del barrio del Raval. "Estuvimos tres meses sin trabajar, hubo mucho sufrimiento porque no teníamos con qué pagar las habitaciones de realquiler y la alimentación", explica. Muchas aguantaron, con la ayuda de los servicios sociales. Otras no pudieron hacerlo. "Algunas mujeres estuvieron trabajando en los narcopisos porque no podían más, necesitaban dinero", cuenta. 

En los prostíbulos, también hubo mucha hambre. "El problema que tuvimos en las comarcas de Girona era que muchas de las mujeres vivían en estos locales que tuvieron que cerrar: ni estaban empadronadas, ni las conocían los servicios sociales ni tenían acceso a la tarjeta sanitaria. Dimos muchos lotes de alimentos a las chicas que se quedaron sin nada", explica Laura Labiano, portavoz de la asociación Genera, que atiende y acompaña trabajadores sexuales en Barcelona. Si así fue su confinamiento, la vuelta a la normalidad tampoco ha ido mucho mejor.

"Claro que hemos vuelto a trabajar, necesitamos trabajar para dar de comer a nuestras familias", explica Janet. Lo confirma también Sabrina Sánchez, portavoz del sindicato Otras. "El problema es que con la bajada del turismo tenemos menos clientes, hay mucho menos trabajo", cuenta Sánchez. Ambos sindicatos, que representan mujeres que trabajan en la calle o en pisos, cuentan que no han tenido otra opción. "Los que dicen que no deberíamos trabajar porque expandimos el virus, que nos den alguna opción, porque mientras nos sigan ignorando, seguiremos trabajando". Y es que, a pesar de ser el oficio más antiguo de la humanidad, las mujeres que lo ejercen no tienen ni contrato, ni acceso a ningún derecho laboral. "Se nos han acabado los ahorros, y necesitamos el dinero", dice Sánchez.

Rebajas de precios

Las mujeres tratan de protegerse con el uso de mascarillas, aplicando gel, y duchando a los clientes antes de los servicios. "Pero también están mucho más expuestas a extorsiones. Hay muchos clientes que se aprovechan de la situación y les regatean precios, o se quitan el preservativo", cuenta Julia Arquillos, comadrona de un servicio de atención médica 'Apropa't a la Salut', pionero en Barcelona, que visita regularmente cientos de prostitutas de toda Catalunya. "Las chicas están muy asustadas por el virus, toman mucha más protección que el resto de la población, pero sí es cierto que no han dejado de trabajar, porqué lo necesitan. Y esto es un riesgo sanitario", cuenta la sanitaria. Aunque, añade, considera que el riesgo es mayor por los clientes. "Están poniendo en riesgo a sus familias, ellas al menos, vienen regularmente aquí y se autoprotegen", cuenta. 

Este servicio, de atención a la prostitución, ha atendido sobretodo casos de urgencia, especialmente durante la pandemia. "Abortos, embarazos y enfermedades de transmisión sexual", cuenta Arquillos. De momento casos de coronavirus no han detectado. 

Una mujer espera en la carretera N-2, en Bàscara (Alt Empordà). / DAVID APARICIO

Labiano constata que las mujeres que ejercen el trabajo sexual son unas de las más vulnerables frente a la pandemia. "A las que les han cerrado los prostíbulos, se han quedado sin vivienda, porque muchas vivían dentro", constata. Muchas han vuelto a ejercer la prostitución en otros lados, en pisos, o en la carretera. "Si realmente quieren que no se expanda el virus, lo que habría que hacer es proteger a las mujeres", sostiene. Y recuerda que, al no tener contrato de trabajo, son una minoría las prostitutas que logran un contrato de alquiler a su nombre. Por ende, los ayuntamientos no les empadronan. "Y entonces no tienen ni acceso a los servicios sociales, es que las administraciones no les dejan ninguna salida". 

También cabe destacar que una gran parte de las mujeres que ejercen la prostitución en Catalunya, lo hacen obligadas por mafias que trafican con ellas. Ellas tampoco han parado. "Incluso pueden haber trabajado más que el resto, y expuestas a palizas y maltrato, que ha aumentado en todos los aspectos durante el encierro", imagina Labiano. Aunque la activista, lo que más teme, es que haya más mujeres que nunca prostituyéndose en Catalunya. "Debido a la crisis económica, es muy probable que haya más mujeres que vendan su cuerpo para sobrevivir", augura.