Lucha contra el covid

"¿Qué será lo próximo? ¿Nos prohibirán también reír?"

La norma que veta fumar al aire libre si no se mantienen dos metros de distancia enoja a fumadores y restauradores

Una mujer fumando en una terraza. 

Una mujer fumando en una terraza.  / EUROPA PRESS / Álex Zea

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“Quizá sea el momento”. ¿De qué? “De dejar de fumar”. Lo dice convencida, pero poco. “Son muchos años de adicción y muchos intentos fallidos de dejarlo”.  Es Lali, mujer en la cincuentena que la tarde de este viernes saboreaba con la misma fruición el cigarro que el café. En una terraza, por supuesto. “Café y tabaco son un binomio difícil de disociar”, afirmaba.  Así que “igual lo dejo todo”. Lo decía con resignación, ya que aunque es consciente de lo malo que tiene el fumar también se siente acosada: “Primero nos echaron del interior de los locales y ahora nos echan de las terrazas”. No acaba de entender el porqué de la decisión de prohibir inhalar y exhalar humo si no hay dos metros de distancia interpersonal: “Es una cosa más de las que cuestan comprender de la gestión de esta pandemia”. No del todo:  hay  consenso científico, avalado por la OMS, de que  el acto de fumar conlleva riesgos para el que lo practica y para el resto.  ¿Continuará yendo a una terraza si no puede fumar? “Me tomaré el café en casa sin que nadie me abronque por tener un pitillo en la mano”. Pues eso.

Más guerreras se mostraban Rosa, Carmen y Norma refresco y cigarros sobre la mesa durante la pausa laboral. Tras cinco horas de jornada, el descanso se antoja necesario. “Es una caza de brujas. Siempre van contra los fumadores, a este paso nos quitaremos todos los vicios por obligación”. Estaban enfadadas, y afirmaban que si no pueden relajarse en una terraza y fumar si les apetece, dejarán de ir al bar. Y esto, la posible marcha del personal con el humo hacia otros lares es lo que preocupa al Gremi de Restauració, “muy crítico” con las medidas acordadas; y muy apurado económicamente tras tantos meses de pandemia, cierre y aforos limitados.

Hay desconcierto

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Aunque en este caso, afirman, “no afectará a las terrazas de los bares y restaurantes, pues la distancia de 1,5 metros entre mesas ya se respeta, de hecho, ahora mismo es de dos metros”.  Quizá no estén del todo en lo cierto pues el acuerdo habla de “una distancia mínima interpersonal de, al menos, dos  metros”, y “distancia interpersonal” implica, en principio, la soledad del fumador en una mesa. “Nos pronunciaremos cuando tengamos la resolución”, apuntan desde el gremio. Punto.

De hecho, hay desconcierto (y enojo) en el sector de la restauración por tantas idas y venidas. Ahí está, como ejemplo, la norma de cerrar a medianoche: impuesta, luego provisionalmente suspendida por el TSJC y hoy de nuevo recuperada por el Gobierno. Paqui, una de las propietarias del Snack 55 del paseo de Sant Joan, está pendiente de cómo quedan todas las medidas. Pero la del tabaco, si solo se trata de mantener distancia entre mesas, no le preocupa: “Tenemos mucho espacio y podemos garantizar mucha separación”. Aunque personalmente no entiende la restricción: “Qué más da que la gente fume, hable o cante. En lugar de poner médicos, camas y rastreadores se dedican a dar palos de ciego. ¿Qué será lo próximo? ¿Nos prohibirán también reír?”.