26 oct 2020

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la ruta de las epidemias (2)

Los hijos de la peste

La pandemia del siglo XIV mató en sucesivos brotes al 60% de barceloneses, 960.000 personas hoy

En aquella época la gente ya se tapaba la boca con pañuelos y existían los rastreadores de contagios

Gemma Tramullas

Los médicos de la pandemia del covid-19 y los de la peste (dibujo del siglo XVII).

Los médicos de la pandemia del covid-19 y los de la peste (dibujo del siglo XVII).

La Europa actual es hija de los supervivientes de la peste negra, la primera causa de mortalidad global en la historia de la humanidad. Se calcula que los sucesivos brotes que asolaron el continente a partir de siglo XIV aniquilaron, tirando por lo bajo, a la mitad de la población. En Barcelona, la mortalidad habría alcanzado al 60% de la ciudadanía, una cifra que trasladada a la urbe actual significaría la desaparición de un plumazo de 960.000 barceloneses.

En la Barcelona de mediados del siglo XIV vivían 40.000 personas. El puerto rivalizaba en actividad comercial con los de Génova y Florencia y la ciudad tenía estatus de potencia marítima. Pero en 1348 aquella fuente de riqueza y el poder se convertiría en la puerta de entrada de un enemigo letal de tamaño microscópico, la bacteria 'Yersina pestis', que transmitían las pulgas de los roedores que iban a bordo de una nave genovesa.

Parada ante la capilla de Sant Cristòfor, protector de pestes y hambrunas / LAURA GUERRERO

“Hasta entonces las epidemias habían quedado localizadas allí donde afectaban pero a mediados del siglo XIV el mundo estaba más comunicado y las redes comerciales del Mediterráneo eran muy potentes”, explica Marga Arnedo, una de las guías de la ruta cultural La Barcelona de les epidèmies: una lluita i superació

La infección se extendió como la pólvora sin hacer distingos entre clases sociales. El rey Alfonso XI de Castilla murió de peste en 1350 y en 1396 el soberano Martín I de Aragón, conocido como Martí L’Humà, tuvo que huir a Perpinyà para alejarse del foco de contagio.

El itinerario de la ruta de la peste por Barcelona tiene tres paradas clave: el antiguo barrio judío de El Call, donde se produjeron graves ataques contra sus habitantes porque se les acusaba de envenenar los pozos; la plaza de Sant Jaume, donde el gobierno municipal de la ciudad, el Consell de Cent, sentó las bases de las políticas de salud pública, y la iglesia de Sant Just i Pastor, donde existe una fosa común con 120 víctimas de la plaga.

Caracterizada por unas bubas (tumores blandos) que podían alcanzar el tamaño de una manzana y que oscurecían la piel, la enfermedad consumía a los enfermos en pocas horas. Las prescripciones generales para prevenir la plaga incluían la quema de hierbas aromáticas para limpiar el aire, la regulación de la dieta y cubrirse la boca con un pañuelo, un antecedente de la mascarilla actual.

Con la intención de informar a la población (que no entendía el latín), el médico Jaume d’Agramont escribió en 1348 el 'Regiment de Pestilencia', el único tratado sobre la peste escrito en lengua romance, en este caso el catalán. Entre otras medidas, destacaba la importancia de evitar los estados de ánimo negativos. De haber visto los conciertos y aperitivos en los balcones de la población confinada por el covid-19, el doctor d’Agramont hubiera estado orgulloso.

En un esclarecedor artículo en la revista 'Gimbernat d’Història de la Medicina i de les Ciències de la Salut', el doctor en salud pública Francesc Parrilla Valero explica que la pandemia de peste negra del siglo XIV “significó el inicio de la lucha contra las enfermedades epidémicas”.

Además de las ideas centrales de aislamiento (de mercancías, individuos y ciudades enteras), salubridad urbana y procesiones para pedir la protección divina, Parrilla revela que “Barcelona fue una de las primeras ciudades europeas en crear, en 1350, el cargo de médico del común, con la misión de velar por la sanidad pública”.

Posteriormente es esta figura derivó en la Junta del Morbo, una comisión que dictaba las medidas de prevención frente a los contagios y que es el germen de la Agència de Salut Pública de Barcelona.

El 'doctor de la peste'

Asimismo, en el siglo XVI apareció la figura del 'doctor de la peste', un cuerpo de médicos especializados en detectar y tratar enfermos. Sin embargo, según algunas historiadoras la tarea de rastrear a los infectados (los rastreadores no son un invento del covid-19) la hacían principalmente mujeres.

Un grabado satírico del siglo XVII presentaba a estos médicos como unos cuervos, no en vano popularmente se les llamaba matasanos. “La nariz era de medio pie de longitud –lee la guía Marga Arnedo de la 'Encyclopedia of Pestilence, Pandemics and Plague'--, con la forma de un pico, rellena de perfume con solo dos agujeros, uno en cada lado, próximos a los orificios nasales, pero que bastaban para respirar, cargando con el aire que uno inhalaba, la impresión de las drogas contenidas en el extremo del pico (…)”.

Actualmente, la peste se trata con antibióticos, pero aun así entre 2010 y 2015 provocó 584 muertos. Es una enfermedad endémica en la República Democrática del Congo, Madagascar y Perú.

Mañana,capítulo 3: la fiebre amarilla