25 oct 2020

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UN ECOSISTEMA ÚNICO

Murcia limita el uso de fertilizantes en torno al Mar Menor

La ley de protección y recuperación de la laguna establece una franja de 1.500 metros en la que solo se puede desarrollar agricultura ecológica

La norma sale adelante en la Asamblea Regional con los votos a favor del PP, Ciudadanos y el PSOE y los 'noes'de Vox y Unidas Podemos

Belén Pardo

Una imagen del Mar Menor, la mayor laguna salada de Europa, en la Región de Murcia.

Una imagen del Mar Menor, la mayor laguna salada de Europa, en la Región de Murcia. / JUAN CABALLERO

La nueva ley de protección y recuperación del Mar Menor, aprobada por la Asamblea Regional de Murcia, prohíbe el uso de fertilizantes químicos en una franja de 1.500 metros en torno a la laguna. La norma ha salido adelante con los votos a favor de PPCiudadanos y PSOE. Populares y naranjas, socios de Gobierno en la comunidad, consensuaron con los socialistas la mayoría de las enmiendas al texto presentado por el Ejecutivo en diciembre. Vox y Unidas Podemos votaron en contra. 

La enmienda más polémica ha sido la que ha desembocado en el texto definitivo del artículo 29, que amplía la distancia de los usos agrícolas permitidos a una franja de 1.500 metros desde el Mar Menor, frente a los 500 metros libres de actividad que recogía la propuesta inicial del Gobierno regional. Con esta ampliación de 1.000 metros más se consigue un amplio acuerdo sobre esta ley, que protege un ecosistema único, al mismo tiempo que establece medidas para avanzar en la reconversión hacia una agricultura sostenible y respetuosa con el medio ambiente.

En esos 1.500 metros se prohíbe todo tipo de fertilizantes, estiércoles o abono verde, la implantación de nuevos invernaderos o la ampliación de los existentes. Se permitirá solo la agricultura ecológica, sostenible y de precisión en riegos que estén consolidados y que no excedan los 170 kilogramos de nitratos por hectárea al año.

Otras enmiendas aprobadas se refieren al control de las instalaciones de explotaciones ganaderas y de los puertos deportivos y la restitución de las parcelas destinadas a regadíos ilegales como terreno forestal en la cuenca vertiente. También se reduce de cinco a tres años el plazo para la aprobación del Plan de Ordenación Territorial que permitirá construcciones de interés turístico anexas a la laguna.

Seguimiento necesario

Se trata de una ley  claramente necesaria, explica a EL PERIÓDICO Ángel Pérez Ruzafa, catedrático de Ecología y portavoz del Comité de Asesoramiento Científico del Mar Menor, quien subraya la importancia de regular los usos y establecer criterios para optimizar las actividades en la cuenca vertiente si se quiere que puedan ser compatibles con la integridad ecológica del área. Y añade la importancia de hacer un seguimiento de su cumplimiento y eficacia para valorar qué medidas se traducen claramente en una mejoría y cuáles se han quedado escasas.

Un seguimiento con criterios cuantitativos y con la participación de todos los implicados porque el equilibrio entre las restricciones de las actividades y la viabilidad económica de las mismas puede ser delicado, pero es importante tener claro que, sin la recuperación del ecosistema, la economía se resiente o se hace inviable.

Gestión y control del agua

No obstante, este científico añade que la ley, siendo importante y necesaria, no será suficiente sin el desarrollo de infraestructuras que permitan la gestión y el control del agua, la extracción controlada y medida del freático, así como el  tratamiento con desalación y desnitrificación de las salmueras para su evacuación adecuada y la reutilización del agua porque el acuífero tiene su propia dinámica y las lluvias torrenciales son cada vez más frecuentes.

Para Pérez Ruzafa, la recuperación del Mar Menor no puede esperar porque está demasiado presionado  y la situación actual es peor que en el 2016 porque ahora con el freático tan alto, entra agua por la rambla del Albujón, por Miranda, por Lo Pollo y por numerosos puntos de la costa. Por eso es tan importante bajar el freático al menos uno o dos metros en la línea de costa. En el 2018 se recuperó tras un año de restringir los vertidos, pero como las medidas adoptadas no eran estructurales volvieron las entradas de agua. "En ese momento muchos negaron la recuperación y se perdió la gran oportunidad de ver que los tratamientos funcionaban y que lo que había que tener es la infraestructura necesaria para consolidarlos. Por eso, mientras esa infraestructura no exista, la ley será insuficiente", afirma.

La degradación del Mar Menor está repercutiendo en la economía de la zona con el descenso del turismo, con pérdidas que se estiman en 28 millones de euros anuales, con el cierre de comercios, locales de hostelería y estancamiento del sector inmobiliario.

Empresarios y ecologistas, en contra 

Pero la esperada ley de protección del Mar Menor, que nace para recuperar la laguna y la economía, no agrada a los empresarios agrícolas porque  consideran que un 70% de la normativa está dedicada a señalar a la agricultura como foco del problema. A raíz de esto, 45 empresas agrícolas del campo de Cartagena han constituido la Fundación Ingenio, desde donde proclaman que la solución no es destruir la agricultura, y han emprendido una campaña publicitaria en vallas y mupis desde donde preguntan: "¿Te imaginas un gazpacho sin verduras que provienen del campo de Cartagena, marineras murcianas sin los vegetales que le acompañan y qué llevará un potito de los niños sin las verduras de la huerta?".

También son contrarios a la ley el Movimiento Ciudadano por un Mar Menor vivo y los colectivos que denuncian la dejadez de las autoridades ante el ecocidio del Mar Menor. Consideran la norma una vergüenza porque no escucha, aseguran, a los ciudadanos que reclaman un vertido cero agrícola o urbano, un cambio estructural en la agroindustria, que no se continúe matando al mar y un espacio de  cinco kilómetros entre el primer campo cultivado y el Mar Menor, para desarrollo del ecoturismo. Reclaman recuperar el entorno con un Mar Menor vivo. 

Una joya víctima de la desidia

El Mar Menor, la mayor laguna salada de Europa, es un ecosistema de espectacular belleza pero de frágil salud. Su agua, más templada y salada que la del Mediterráneo, necesita limitaciones que no ha tenido desde hace más de tres décadas. A lo largo de estas, ha recibido residuos mineros, dragados de las golas para permitir la entrada de barcos de mayor calado desde el Mediterráneo y urbanismo desmesurado y sin control en los municipios de su costa, donde se han construido urbanizaciones en cauces de ramblas y con una red de saneamiento y alcantarillado deficiente que vierte al Mar Menor.

A ello se ha unido el regadío ilegal de un tercio de las 60.000 hectáreas del Campo de Cartagena, por lo que las 20.000 hectáreas sin concesión de agua la han extraído del subsuelo, a través de mil pozos clandestinos y han quitado la salmuera en desalobradoras. Esta agricultura intensiva ha contaminado el acuífero subterráneo con 300.000 toneladas de nitratos. Esta entrada de nitratos ha provocado la eutrofización del Mar Menor, los reiterados episodios de sopa verde con la consiguiente falta de luz, nivel de clorofila alto, anoxia de peces y muerte de flora.

La solución para regenerar el Mar Menor está en la tierra más que en el agua, y así actuará la nueva ley que lo ampara.