23 oct 2020

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El campo en la pandemia

La vendimia ultima su plan para protegerse del coronavirus

El pago del PCR, obligatorio para todos los jornaleros de la uva a diferencia de en el Segrià, retrasa el acuerdo

Generalitat, ayuntamientos, sindicatos, empresarios y oenegés esperan aprobar el protocolo el miércoles

Óscar Hernández

Un grupo de inmigrantes temporeros recogen uva.

Un grupo de inmigrantes temporeros recogen uva. / Diego Calderón

Nadie quiere que los rebrotes de coronavirus del Segrià se reproduzcan en las comarcas vinícolas, como los Penedès y el Priorat. A punto de empezar le vendimia, que arranca en agosto, cuatro 'conselleries' de la Generalitat (Salut, Treball, Agricultura e Interior), varios ayuntamientos afectados como el de Vilafranca del Penedès y Sant Sadurní d'Anoia, sindicatos, oenegés y los empresarios del sector ultiman un plan con instrucciones precisas para prevenir el coronavirus.

Este miércoles está prevista la última de estas reuniones multisectoriales, en la que participará una representación más reducida de expertos, para presentar el plan definitivo del que ya hay algunas propuestas claras, pero otras aún en discusión, sobre todo las relacionadas con los costes, es decir quién paga qué.

30.000 en el Segrià, 2.000 en la vendimia

De momento, está claro que todos los temporeros vitivinícolas, no más de 2.000 según el sindicato Comisiones Obreras (CCOO), una cifra por tanto muy inferior a los 30.000 que han acudido a la recogida de la fruta en el Segrià, deberán someterse a un test PCR antes de firmar el contrato de trabajo. Uno de los puntos a aclarar este miércoles. a sólo dos semanas del inicio de la vendimia, es quién paga la prueba. Los productores vitivinícolas esperan que sea la Conselleria de Salut, que aún no se ha pronunciado.

Precisamente uno de los errores en la gestión de la llegada de los temporeros a Lleida fue que no eran obligatorios los PCR. Además, Salut sólo los hacía si el interesado tenía síntomas. Y los empresarios los encargaban y sufragaban si querían. Un poco como pasa ahora, cuando desde la Generalitat se dictan consejos pero no órdenes, como la quedarse en casa en parte del área metropolitana.

¿Quién pagará los PCR obligatorios?

"Nosotros hemos planteado que en el caso de la vendimia sea la Generalitat la que pague las pruebas. Y hemos puesto de ejemplo el caso de Euskadi , ya que ha sido el Gobierno vasco el que ha sufragado los tests PCR a todos los temporeros de La Rioja alavesa", ha explicado a este diario Antonio Domínguez, responsable del sector agrario de CCOO en Catalunya, que participa en las reuniones multisectoriales sobre esta primera vendimia de la era covid.

"Los controles periódicos con el PCR nos encarecen la vendimia, aunque tenemos que aprender de lo que ha pasado en Lleida para que aquí no pase", explica Joan Pons, presidente de la Cooperativa de La Granada del Penedès, quien al igual que sus socios asumen que deben proveer todo el material de equipos de protección individual (EPI) a todos los temporeros. "En nuestro caso tenemos un grupo de temporeros que trabajarán para varios socios. El problema será que haya un positivo y tengamos que aislar a toda la 'colla'. Y la uva no puede esperar", añade.

También queda por aclarar el tema de la vivienda de los temporeros mientras dure la campaña. "Nosotros hemos propuesto que el albergue que monta Cruz Roja en Vilafranca del Penedès, que cada año ofrece alojamiento durante diez días al temporero que no encuentre trabajo, amplíe el plazo a un mes, pero alguien tiene que cubrir ese coste y hasta ahora ni el ayuntamiento ni el Consell Comarcal quieren hacerlo", apunta el sindicalista  Domínguez. 

Campaña para que vengan menos

Precisamente una de las propuestas que se aprobará en la reunión del miércoles es la realización de una campaña para disuadir a los temporeros que acudan en masa a las comarcas vitivinícolas catalanas sin contrato. Y hay varios motivos. El primero es una disminución de la producción de uva a causa de las intensas lluvias, que han hecho enfermar más los cultivos ecológicos, que son los que aún se recogen a mano. Pero también el control sanitario de un posible brote: gente con domicilio cercano y estable es más fácil de rastrear.

"Nosotros esta temporada favoreceremos las contrataciones de proximidad, de personas de los Penedès o comarcas próximas que tengan una necesidad económica por la crisis actual", explica Damià Deàs, director de Cavas Vilarnau y presidente de la Associació d'Elaboradors de Cava, quien también es partidario de que sea Salut quien costee los análisis PCR a los jornaleros.

La vendimia, entre el hombre y la máquina

Una vez que los enólogos han catado las uvas y se han asegurado en el laboratorio que tienen el grado de azúcar necesario, se inicia el periodo frenético de las vendimias, informa Miquel Sen. El cambio climático implacable hace que se adelanten a un calendario que en su día ya se vio alterado por las variedades de ciclo corto, como la chardonnay, que se recoge de las primeras. Por fortuna, y gracias a una estrategia circular, las distintas cepas que componen el paisaje de las denominaciones tienen diferentes fechas de maduración y, lógicamente, de recolección. Las últimas siempre son las tintas. 

Dentro de este panorama, la vendimia exige rapidez y buenas manos, o de no ser así, maquinaria apropiada. Se trata de no permitir que las uvas pasen un tiempo excesivo entre la viña y la bodega, para evitar oxidaciones que los perjudicarían. Dicho de otro modo, hay que darse prisa y para ello nada mejor que una máquina. Sobre estas se ha escrito bastante, a partir de la inteligente referencia que dio en su día Miguel A. Torres. Hemos construido las viñas para los tractores y no los tractores adecuados a las viñas. Las mecánicas de vendimiar han evolucionado y siguen planteando sus ventajas básicas: necesitan poca mano de obra, son rápidas, aunque arranquen muchas hojas y trabajan de noche. Este es su aporte positivo, porque a estas horas bajan las temperaturas, el sol no incide en los transportes y las cosechas llegan frescas a las prensas. La parte negativa es que precisan un viñedo adaptado, emparrado, lo que implica que no tienen acceso a parcelas y pagos exclusivos, en los que las viejas cepas están plantadas antes de la modernidad. 

La recolección manual es por tanto la más delicada. Un vendimiador no se hace en un día, sino que requiere ojo clínico, experiencia en saber lo que ha de cortar y lo que no, que racimos están en su punto óptimo y cuales presentan problemas que luego se detectarán en el vino. Es el criterio de calidad, indispensable cuando no se buscan grandes volúmenes sino excelentes referencias. Lo normal es que este trabajo sea diurno, en cuadrillas numerosas, bajo los rayos del sol. No obstante, todo está pensado para lograr las mejores botellas: los racimos se enfrían una vez cortados y llegan a las mesas de selección y a las tolvas entre nieve carbónica. Todo eso si la autoridad y el virus lo permiten.