23 oct 2020

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El cierre del Segrià

Desconcierto en Lleida por un confinamiento "irreal"

Por la autovía A-2 se puede entrar y salir de la comarca sin cruzar por ninguno de los controles, que además se muestran muy permeables con los conductores

Los vecinos afean el abandono de los temporeros que han acudido a la Plana de Lleida y La Paeria cree que la ciudad merecía conocer antes los planes del Govern

Guillem Sànchez

Punto de control de los Mossos d’Esquadra en la salida de la autovía A-2 a la altura de Torrefarrera (Segrià).

Punto de control de los Mossos d’Esquadra en la salida de la autovía A-2 a la altura de Torrefarrera (Segrià). / JORDI V. POU

Lleida se ha despertado este domingo aparentemente confinada por 25 controles de los Mossos d’Esquadra que tenían que impedir que nadie entrara o saliera de la comarca del Segrià salvo por motivos laborales. Pero era solo aparentemente. "Si lo hacen porque hay que hacerlo, que lo hagan bien pero no así", Victòria (26 años) y Daniel (34 años), una pareja de la capital leridana, han entrado en la ciudad cruzando por uno de los controles aclarando simplemente que iban "a Lleida". "Ni papeles, ni DNI, ni nada de nada. Parece un confinamiento irreal". No eran los únicos que lo creían.

Cualquier ciudadano que quisiera acudir al mercado dominical de Torrefarrera, el segundo más grande de Catalunya, podía abandonar la autovía A-2 procedente de Barcelona o de Zaragoza sin cruzar ningún obstáculo. Torrefarrera es un municipio de la comarca 'confinada' del Segrià al que debería estar prohibido acceder pero no lo está. Desde este mercado –que tenía solo puestos de fruta y presentaba una afluencia notablemente inferior a la habitual–, por la misma razón, esta mañana se podía coger el coche y dirigirse hacía Aragón o al resto de Catalunya. 

Maire (58 años) y su hija Jordina (28 años) han salido a pasear en bicicleta y han cruzado también sin problemas otro control. Aclaraban que ellas no incumplían ninguna restricción con su paseo dado que no han salido de la comarca –es cierto– pero esa información no han necesitado probarla ante los agentes. El resto de vehículos tampoco han tenido problema alguno. Mientras este diario ha permanecido frente a uno de los puntos de control ningún vehículo ha sido desviado de su propósito. Los policías, que hacen lo que se les pide, no parecían tener órdenes de ponerse exigentes sino de lo contrario. 

Las leridanas Maire y Jordina pasan en bicicleta junto a un control policial en la carretera N-230. / jordi v. pou

Los temporeros

Victòria y Daniel afean al alcalde de Lleida, Miquel Pueyo (ERC), el haber dejado que las precarias condiciones en que se hallan los temporeros –jornaleros contratados durante la cosecha de la fruta, que estos días está en pleno pico de trabajo– se enquistara durante tantas semanas en el casco antiguo. El propio 'paer en cap' señalaba en Catalunya Ràdio que la Plana de Lleida –una zona en la que residen 300.000 personas– ha absorbido la mayor parte de los "más de 30.000 trabajadores" que se han desplazado desde varios rincones de España o de países como Italia. Varios de ellos se han pasado semanas durmiendo al raso en el casco antiguo o en viviendas insalubres. Muchos sin papeles para trabajar –Pueyo no ha dejado escapar la bola para despejar hacia el campo del gobierno de Pedro Sánchez (PSOE) la culpa de la situación irregular de los temporeros– aunque eso, según sospechan algunos, no impide que haya empresarios que los empleen en negro. 

Maire y Jordina creen que la acumulación de temporeros es tal vez una parte de la explicación de lo que ha sucedido en Lleida. Pero hay más: "Las terrazas del Carrer Major han estado llenas estas semanas". Victòria, que trabaja en una perfumería, lamentaba que los clientes habían bajado la guardia con el hidrogel y la mascarilla

Nadie sabe por qué ha estallado en Lleida el rebrote más grave de la península y la tentación de creer que han sido los temporeros, sin pruebas, es intensa. El Segrià es una demarcación que tuvo poca afectación por coronavirus durante la fase aguda de la pandemia y ahora presenta una concentración de 150 casos por cada 100.000 habitantes, a pesar de registrar temperaturas superiores a los 35 grados. "Si aquí no ha parado el virus, está claro que el calor no es la respuesta", razonaba Daniel. 

Puesto de fruta en el mercado dominicial de Torrefarrera, en el Segrià. / JORDI V. POU

Golpe económico

Si el confinamiento –validado por un juez que ha comprendido que la medida es "proporcional"– servirá o no para detener el rebrote se verá durante los próximos días. De lo que no hay duda es de que ha soltado un duro revés a la maltrecha economía de la zona. "Ha sido un jarro de agua fría. Había hoteles con una reserva que rozaba el 90%, se habían previsto encuentros y celebraciones… todo esto ha sido anulado", resumía el alcalde, que lamentaba el poco margen de tiempo que han tenido para organizarse. La 'consellera' de Salut, Alba Vergés (ERC), había dicho el viernes 3 de julio por la tarde que no habría confinamiento en Lleida y el sábado estaba reunida a primera hora con el president Quim Torra (JxCat) y con el 'conseller' d’Interior, Miquel Buch (JxCat), para decretar de urgencia lo contrario. "Los vecinos de Lleida merecíamos un margen superior para organizarnos mejor", ha criticado Pueyo, que supo del cierre media hora antes de que lo anunciara Torra.

El marido de Maire ayer sábado ya había salido de excursión a la montaña y regresará esta noche. "Supongo que le dejarán entrar", esperaba esta mujer, directora de un colegio de la ciudad. "Tenemos amigos que han anulado las vacaciones que acababan de contratar porque en teoría no podremos salir de Lleida", subrayaban Daniel y Victòria. 

"Carrer Cavallers"

Lleida sigue haciendo vida normal aunque se siente confinada. Han comenzado las rebajas y los bares están abiertos. Este mediodía, en la atiborrada terraza del Carlito's Ham, el grupo de de Los Hernández –muy buenos– entonaban la rumba local 'Carrer Cavallers': "La Rambla s'omple de cotxes. I nanos recent llevats. Ells, com si sentissin ploure, segueixen de bar en bar". La calle de Cavallers citada en la canción es también el eje que cruza el casco antiguo de Lleida en el que han anidado precariamente más temporeros.

El hospital Arnau Vilanova tiene tres carpas de campaña montadas pero vacías, de momento. Los infectados están en una planta y los familiares de estos en cuarentena en un hotel. Junto a este, la residencia de la tercera edad que podría llevarse la peor parte, como siempre. La ciudad se acomoda dentro de un cierre que percibe "irreal" en cuanto a la movilidad pero severo para la economía. Sin comprender muy bien por qué se aplica con laxitud si era tan urgente.