08 jul 2020

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Libro de relatos

'Els invisibles': Futuros lejos de un pasado

Edicions 62 publica 'Els invisibles', el relato de 31 historias de ciudadanos y ciudadanas de Catalunya que dejaron su país para venir a vivir aquí

Carme Escales

Algunos de los protagonistas del libro ’Els invisibles’ (Edicions 62), relatos en primera persona de la experiencia de inmigrar a Catalunya.

Algunos de los protagonistas del libro ’Els invisibles’ (Edicions 62), relatos en primera persona de la experiencia de inmigrar a Catalunya. / PEPE ENCINAS

Elegir, algo que cada día tenemos que hacer tantísimas veces, lo hacemos conscientes o inconscientes de que cualquier elección implica siempre aceptación y renuncia. Relaciones, ofertas de trabajo, toda elección es una moneda al aire con incógnitas que solo el futuro desvela. Y las historias de inmigración son un gran ejemplo de ello. El antes y el después de cada experiencia migratoria, impulsada por el deseo de conquistar una mejor situación, requiere un ‘reset’ vital ante nuevos obstáculos,  como los que se derivan de la desconfianza con la que se recibe al inmigrante. El temor al desconocido que lleva a abandonarlo, dejar en un stand by su identidad etiquetada únicamente como inmigrante, subsahariano, latinoamericano, pakistaní...

De ahí que ‘Els invisibles’ sea el título elegido para el libro que recoge 31 testimonios en primera persona de vivencias migratorias de quienes dejaron su país para venir a vivir a Catalunya. Los periodistas Andreu Farràs, Pau Farràs, Inma Santos, Gemma Varela y Andrea Vargas han escrito la historia de los entrevistados,  publicada por Edicions 62.

El porqué de cada migración

Detrás de cada llegada hay un país y unas circunstancias que quedan atrás, una historia personal, un nombre y apellido y un porqué. Y el libro 'Els invisibles' trata de ello, no solo de huidas por amenazas de muerte, heridas de guerra o persecución por la orientación sexual, también de retos personales de progreso y de sendas de amor. Los entrevistados cuentan su empezar desde cero en un nuevo país, con otra cultura y costumbres. “Todos somos hijos, nietos o bisnietos de inmigrantes. Aunque es un fenómeno mucho más acentuado ahora, porque nunca antes había habido tantos movimientos migratorios. La emergencia climática, las guerras y conflictos, y el transporte lo han favorecido”, expone el periodista y profesor de periodismo de la UAB Andreu Farràs. De él surgió la idea de ir en busca de esas historias. “Me parecía interesante explicarlas y saber cómo los inmigrantes nos ven a nosotros, porque nos hacen de espejo, y también saber qué piensan los inmigrantes de los inmigrantes”, afirma Farràs.

Según explica el periodista, “el libro es un retrato plural diverso y coral del fenómeno de la inmigración que en los últimos 20 o 30 años se ha multiplicado en todas partes”. Farràs nos recuerda que un promedio del 10% de ciudadanos en España ha llegado de otro país. En Catalunya la población inmigrante ya supera el 14%, es del 19% en Barcelona, y en algunos  de sus barrios, como el Gòtic y el Raval, el porcentaje alcanza el 50%.

Las 31 historias en primera persona de ‘Els invisibles’ se combinan con textos que aportan estadísticas y cifras que contextualizan las historias. Se incluye también la voz de sociólogos que ayudan a configurar ese contexto necesario para interpretar la realidad de manera más equilibrada, rompiendo prejuicios. Conocer la historia personal de quien emigra contribuye a hacerlo.

Huyendo de un estereotipo de inmigrante, el forzado a dejar su país, por violencia, la treintena de casos difuminan esa única imagen con la que se acostumbra a asociar al inmigrante la mayoría de veces. El mundo está lleno de migraciones por amor y desamor. La mayoría de los entrevistados para hacer el libro, eso sí, llegaron del tercer mundo, de países como India, China o Pakistán, “vinieron buscando un futuro mejor, pero no necesariamente huyendo”, precisa Farràs. El denominador común de los protagonistas de ‘Els invisibles’ “es que, una vez aquí, todos han tenido problemas burocráticos, pero la discriminación xenofóbica por ejemplo no todos la han vivido”, comenta.

Diversidad vital

Son 17 hombres y 14 mujeres, una de ellas transgénero que, precisamente por ello, tuvo que huir de Brasil. Se sintió repudiada por su familia y salió en busca de su libertad. Otro de los retratos personales que encontraremos en el libro es el de Abdullah Khan, un ciudadano afgano que atravesó Europa para llegar desde su país a Sabadell. Y lo hizo sin pasaporte. Desde Marruecos llegó Hassan Ouzannou, que entró a España escondido bajo un camión. También conoceremos a Margarita Flores, una hondureña que llegó a Catalunya el año 1980 para servir en una casa rica y a los seis años ella había montado aquí su propia empresa. La dificultad de lograr que alguien les alquile un piso o habitación o, como explica Lamine Bathily, de Senegal, salir de casa como mantero y no saber si acabarás durmiendo en el calabozo.

Es en temores así con los que conviven a diario muchos de ellos, en los que trasluce el peso de ser etiquetados como inmigrantes. “Te hacen ser consciente de la gran inquietud que puede comportar no saber dónde encontrar la información que necesitan para tramitar sus documentos. Te das cuenta que para ellos todo es mucho más difícil que para cualquiera de nosotros”, explica Inma Santos, otra de las periodistas coautoras del libro. En sus manos, ocho de esas historias, aparentemente comunes a tantas otras experiencias de inmigración, pero que en el relato de su cotidianidad dan a conocer la realidad de quien llega de fuera sin dominar la lengua local y sin apenas referentes humanos a los que acudir si necesitan ayuda.

Gerardo Witsuba es uno de los entrevistados por Inma Santos. Vino a Barcelona becado desde su país, Chile, para estudiar un máster, como cantante lírico, pero ya con intención de quedarse a vivir aquí. “Tenía muchas referencias de colegas que habían estudiado aquí y mi imagen de Barcelona era la de una ciudad muy rica culturalmente y con muchas oportunidades”, explica. “Recuerdo que salí a caminar por la calle de Joaquim Costa días después de llegar, y sentí que era aquí donde quiero vivir. Estoy enamorado de este sitio y no me quiero ir”, dice Gerardo, que desde hace pocos días cuenta ya con sus papeles de residencia. “Estoy más tranquilo con el permiso de residencia para seguir trabajando en mi decisión de hacer mi vida aquí. Aunque siempre he estado en la legalidad, lo cual agradezco mucho, gracias a la beca que gané para venir aquí. Tener derechos civiles y no arriesgarse a sufrir ningún tipo de exclusión, me parece importante. El dicho popular vive y deja vivir debería ser una ley”, afirma.

 Gerardo confiesa que ante la propuesta de dar a conocer su historia migratoria en un libro sintió “mucho pudor”. Pero ahora, ya con el trabajo en las librerías, afirma sentirse “contento de que me invitaran a hacerlo y además comparto páginas con varios colegas. Me parece una gran iniciativa que se visibilice lo que significa migrar, hacerse la vida en otra tierra”, dice. Él, personalmente, dice estar “muy agradecido de cómo me ha tratado este país”. También sabe que “todos los latinoamericanos somos y son descendientes de inmigrantes, toda la raza humana ha migrado de un lugar a otro”. Él mismo es descendiente de colonos alemanes que llegaron al Sur de Chile a finales del siglo XIX, motivados por una inmigración promovida por el gobierno chileno para poblar zonas del sur despobladas. “Si mis antepasados lo hubieran estado pasando bien, no hubieran ido al otro lado del océano a buscar oportunidades. Sí que hay quien emigra para disfrutar del mundo, pero la mayoría busca mejores condiciones de vida, trabajo y supervivencia”, dice. Y considera que “mucho prejuicio se genera a raíz del concepto de legalidad, y yo entiendo que haya que proteger capital y normas, pero creo que es exagerado generan miedo en la gente”, dice. “También los haitianos en Chile fueron muy maltratados, vivimos una dictadura horrorosa”, añade.

A los pocos días de llegar a Barcelona, el 18 septiembre 2017, Gerardo topó con los acontecimientos del 1 de octubre. “Lo observé con el máximo respeto posible porque son reivindicaciones históricas. Sí me sorprendió, yo hacía mucho que no vivía movilizaciones así. Me sentí en las marchas de la dictadura de Pinochet 52”, recuerda. Así describe la situación en su país: “Chile es un país extremadamente difícil y el estallido social lo demostró. La supervivencia es muy dura, la mayoría de gente está endeudada, es un país de dueños. Como consecuencia histórica de la colonia, eso quedó instalado en nuestra cultura y desde niños aprendimos a sentirlo así. Hay que trabajar para sacarse eso de la cabeza, porque da pie a la explotación a la falta de oportunidades”, declara.

Testimonios como el suyo contribuyen a conocer y comprender mejor también al mantero que dejó África. Con toda su complejidad y riqueza, la inmigración toma su digno relieve humano a través de estas historias, y cada una de las que se esconde tras una persona inmigrante. “Cuando lo conoces, todo cambia. Sin conocerlos, se dice, los inmigrantes son… ¿En base a qué? Los juicios basados en las apariencias son como adivinar el tamaño de un iceberg a partir de una punta. Puede ser muy peligroso y puede dañar las vidas de las personas. Hay que ser superresponsable con eso, porque es grave. Con una palabra, un comentario puedes dañar mucho  a un ser humano. Hay que conocer a las personas. Y este libro da la oportunidad de hacerlo, y es muy variopinto, con todo tipo de personas, actividades y modos de vivir. Es muy realista”, concluye Gerardo Witsuba.